Bolo Francisco, una vocacion modernizadora en una obra histórica

SANTO DOMINGO. “Bolo Francisco”, la laureada obra de Reynaldo Disla, al fin se ha mostrado en la escena capitaleña. No fue estreno “mundial”, toda vez que fue montada antes enSantiago por Las 37 en las tablas.

Sin dudas hay una vocación actualizadora en el estilo que se quiere establecer, y en determinadas referencias a la actualidad, aunque el contexto real, natural de la obra, es en la época de Balaguer. Esto de por sí entraña un riesgo de boomerang.

Claudio Rivera, su director, trata de fusionar una visión de la realidad heredera de Beckett e Ionesco, con lo caribeño, y el legado particular de la identidad dominicana y de su historia, pasando por Grotowski. Y dicho así sería genial. Pero, ¿adonde quiere llevarnos la puesta en escena de “Bolo Francisco”? No logré desentrañarlo.

Al principio va por un rumbo, y luego lo abandona. El propio Johnnié Mercedes no sostiene, sabe Dios por qué. El mismo tono con que arranca la obra. Habla en un tono que poco más adelante abandona. Su Bolo Francisco, no obstante, resulta interesante, y aporta una nueva caracterización en su ya larga lista de camuflajes.

El uso de las máscaras es un elemento que en un principio resulta interesante, porque los malos (los militares) son caracterizados con estas, pero también lo son parte de los buenos (como el caso del propio Bolo Francisco), y de este modo deja de tener un significado.

Si este elemento se hubiese usado sólo en los malos, acentuaba la caracterización de los mismos. Pero al usarlo otros personajes, lo pierde.

Sucede lo mismo con el show dentro del show, y las dos canciones que canta el travesti. ¿Por qué dos? ¿Por que había que alargar el tiempo? ¡Pero si la obra es largísima por Dios!

Sucede lo mismo con el vestuario de las campesinas, que uno no sabe si son un grupo de campesinas rumanas que se encuentran de visita en el pais, mientras se narran los hechos, o son dominicanas.

La escenografía tiene elementos positivos y eficientes, como las cajas con ruedas, lo cual aporta rapidez en los cambios de escenas y las tarimas alegóricas. Pero el telón de fondo, pobremente concebido, no acompaña con igual altura estética los elementos que maneja en primeros planos.

El diseño de vestuario me parece (no obstante el de las campesinas), de lo más interesante de la obra, por una riqueza de textura caribeña que no abandona.

El problema mayor está quizás en la descontextualización. En qué pretende decirse con esta versión de Bolo Francisco, ya que la original hablaba de un momento histórico muy definido que se pierde. ¿Para quién son una amenaza estos músicos? ¿Ayer? ¿Hoy?

No creo, y es mi humilde opinión, que mi admirado Claudio Rivera -con suficientes lauros como para no dudar de su talento-, haya logrado una propuesta coherente, en esta puesta donde faltan rumbo claro y horizonte, mas allá de los chistes que tienen que ver con el alza del dólar o de la gasolina.