Amor en el siglo XXI: historias de Tinder con final feliz
Sí, es posible encontrar el amor en Tinder y estos cuatro testimonios de mujeres dominicanas lo confirman
Muchos buscan hacer nuevos amigos, a algunos solo les interesa conseguir con quien tener sexo casual (y, si a eso vamos, otros buscan víctimas para estafar)… La mayoría asocia Tinder con una plataforma en la que es posible conectar con personas de todo tipo, excepto con alguien que esté dispuesto a entablar una relación seria.
Claro, las historias que escuchamos de amigos o conocidos registrados en la app de citas han contribuido a que pensemos así. Sin embargo, no debemos poner en duda que también están los que han encontrado a su pareja ideal en esta red social. Sí, es posible encontrar el amor en Tinder y estos cuatro testimonios de mujeres dominicanas lo confirman.
La segunda es la vencida
“Entré a Tinder en el año 2016. Ese mismo año conocí a mi expareja, con quien duré casi cuatro años de relación”, cuenta Karla (25 años). Cuando se separó de esa persona, entró nuevamente a la app e hizo ‘match’ con Brian, su pareja actual.
“Empezamos a hablar el 15 de noviembre de 2019, el día de mi cumpleaños, y el 18 de noviembre tuvimos nuestra primera cita. Él se iba de viaje y por eso todo fue tan rápido”. Desde que lo vio en esa primera cita, recuerda de manera jocosa que pensó: “este tipo tiene que ser mío”.
“La primera cita fue excelente”, narra. Después de ese encuentro Brian se fue de viaje y cuando regresó empezaron a tomar más en serio la relación. “Salíamos todos los fines de semana, de viernes a domingo”.
Todavía con la emoción a flor de piel, Karla recuerda aquel 12 de enero de 2020 en el que, en un viaje a Jarabacoa, Brian le pidió que fuera su novia de forma oficial por medio de una carta. Poco más de dos años de haber hecho ‘match’ en la aplicación, están más enamorados que nunca. “Estamos súper bien, con muchas ganas de pasarme toda la vida con él. Él es mi persona”, concluye.
El amor llegó sin estar buscándolo
“Una amiga me instaló la aplicación, eligió las fotos e hizo mi perfil. En realidad, no tenía grandes expectativas”, así inicia el relato de Karina (50+). Al poco tiempo de registrarse en la app empezó a hablar con un hombre ‘bastante interesante y atractivo’, pero con quien al final no cuajó una relación amorosa.
“Esa persona esperaba que yo fuera a conocerla y tomara la iniciativa. Duramos poco hablando. Ahí perdí toda esperanza de que apareciera alguien que valiera la pena”. Hasta que llegó Rafael. Él fue quien le escribió y su perfil llamó de forma inmediata la atención de Karina.
“Su perfil llamó mi atención porque él fue muy explícito en cuanto lo que buscaba en una pareja y teníamos hobbies similares”, cuenta. Ese primer día chatearon durante dos horas; luego Rafael le pidió su número telefónico para llamarla al día siguiente.
“Desde esa primera vez usamos cámara, lo cual era bien importante para mí, para ver la expresión de su rostro y el entorno desde el que me hablaba”. Como él vive en Puerto Rico, tuvieron que esperar tres meses para conocerse, pero hablaban, como mínimo, dos veces al día. A la fecha, ya tienen cuatro años de relación. “Él viene con frecuencia o yo voy a visitarlo”, finaliza.
Química desde la primera cita
En el caso de Lía (24), recién salía de una relación de seis años cuando tomó la decisión de abrir una cuenta en Tinder. “Yo estaba totalmente desactualizada en materia de coqueteo y las probabilidades de ‘conocer a alguien’ yendo de mi casa al trabajo y del trabajo a mi casa eran muy bajas”, comenta.
Se registró en febrero de 2020: puso un par de fotos y de inmediato empezaron los ‘matchs’. “Muchos hombres interesantes, algunos muy básicos, aburridos, otros muy atractivos, bastante desesperados... hay de todo para todos”, expresa.
Tenía unos días usando la app y la cantidad de hombres enviándole mensajes e invitándola a salir era cada vez mayor. Un día como cualquier otro, haciendo su acostumbrado ‘swipe right’ y ‘swipe left’ vio a Franklin, quien le había dado ‘superlike’. “Eso llamó mi atención. Vi sus fotos, me atrajo físicamente, parecía un muchacho divertido, también vi que teníamos gustos musicales similares y pensé ‘¿por qué no?’”, narra, agregando que a eso le siguió un ‘like’ de su parte.
“Me habló casi al instante. Hubo química de inmediato y me invitó a salir a desayunar el mismo día. Me pareció muy rápido, así que acepté su salida, pero la pautamos para la siguiente semana. Intercambiamos números y hablamos muy poco por chat, pero se sentía como si ya nos conocíamos”, continúa.
La primera salida de Lía y Franklin fue en un bar en la Zona Colonial. “Bebimos muchas cervezas y hablamos muchas cosas como si fuéramos panas íntimos”. Luego de esa primera cita, empezaron a hablar mucho más por chat y por teléfono, dando paso a más encuentros.
“Lo que empezó con un ‘yo no estoy buscando una relación seria’ se fue transformando en algo muy serio debido a la conexión que teníamos. Nos hicimos novios en junio del 2020. Hoy estamos juntos, amándonos”, cuenta Lía, para concluir diciendo que, a veces, se llaman ‘mi tinderazo’ de cariño.
Empezó con un ‘match’, siguió un feliz matrimonio
“Yo me creé una cuenta en Tinder en 2017. No esperaba conocer a alguien para tener algo serio. Acabada de salir de una relación y lo que quería era distraerme”, asegura Jessica (33 años). Aunque algunos chicos la habían invitado a salir, ella se negaba, por miedo a lo que pudiera pasar si aceptaba una cita con un extraño.
Con Joel fue distinto: él no la invitó a salir de inmediato, sino al mes. Pero igual ella se negó, como ya había hecho con los otros. Al cabo de un mes más chateando y hablando por llamadas, se decidió a aceptar un encuentro.
Esa primera cita fue un éxito, por lo que empezaron a salir con regularidad. Tres meses después se hicieron novios, en septiembre de 2017. “Las cosas no se dieron rápido; ninguno de los dos tenía prisa y creo que eso contribuyó a que todo se diera bien”, cuenta.
Así, sin prisas, fue fluyendo la relación entre ambos hasta que en diciembre de 2019 tomaron la decisión de mudarse juntos. En diciembre del año pasado, cuando cumplieron dos años viviendo juntos, formalizaron aún más su relación al unirse en matrimonio.
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