Ridley Scott vuelve al fin del mundo: así se rodó "La guerra de los últimos"
Jacob Elordi, Josh Brolin y Margaret Qualley protagonizan el nuevo thriller posapocalíptico del director, una historia de supervivencia que llega a la gran pantalla con el sello visual de uno de los grandes maestros del cine contemporáneo
El mundo que conocemos ha quedado atrás. En 2035, una pandemia devastadora ha diezmado a la población mundial y los pocos supervivientes deben enfrentarse a un escenario donde conseguir alimento, mantenerse con vida y proteger a los suyos se ha convertido en una batalla cotidiana.
En ese paisaje desolador transcurre La guerra de los últimos, la nueva película de Ridley Scott, inspirada en la exitosa novela de Peter Heller.
El filme combina aventura, tensión y drama humano en un futuro marcado por la enfermedad y la incertidumbre.
Jacob Elordi, Josh Brolin, Margaret Qualley, Allison Janney, Benedict Wong y Guy Pearce encabezan un reparto que se enfrenta no solo a un mundo devastado, sino también a una pregunta esencial: ¿qué significa seguir siendo humano cuando sobrevivir es lo único que importa?
La historia se sitúa en Erie, Colorado, cerca de la cordillera Frontal, al norte de Denver. Allí, los supervivientes intentan reconstruir sus vidas mientras lidian con las consecuencias de una gripe mortal que acabó con buena parte de la humanidad y dejó a muchos de los que permanecieron con vida padeciendo una enfermedad sanguínea incapacitante.
Pero si hay algo que convierte a La guerra de los últimos en una experiencia especialmente atractiva es la presencia detrás de cámaras de Ridley Scott, cuatro veces nominado al Oscar y responsable de títulos como Gladiador, Thelma y Louise, La caída del halcón negro y Misión Rescate.
Cómo trabaja Ridley Scott
Trabajar con Scott significa entrar en un set donde las reglas convencionales parecen quedar en segundo plano. El director utiliza múltiples cámaras para capturar una escena desde diferentes ángulos y, en muchas ocasiones, rueda secuencias completas en una sola toma.
El resultado es una puesta en escena veloz, espontánea y abierta a los accidentes afortunados.
Para Jacob Elordi, precisamente ahí está buena parte de la magia. El actor asegura que aceptó el proyecto prácticamente por una razón: trabajar con Ridley Scott. Más que un director, lo describe como un auténtico narrador visual, capaz de construir cada encuadre con precisión.
“Ridley es un pionero del cine y creo que todos lo tienen entre sus grandes referentes cinematogra´ficos. Asi´ que, apenas me envio´ el guion, le dije: «Si´, trabajari´a contigo sin dudarlo un segundo». Lo que me atrajo del proyecto fue pura y exclusivamente Ridley Scott”.
Elordi recuerda, incluso, cómo Scott prepara cada jornada: durante el trayecto hacia el set, se sienta en el asiento trasero de un Maybach y dibuja con marcadores de colores el guion gráfico de lo que filmará ese día. Después comparte esos dibujos con los actores, ofreciéndoles una suerte de mapa visual de la escena.
Josh Brolin, por su parte, reconoce que al principio el método del director puede resultar desconcertante. Scott no sigue las fórmulas habituales de Hollywood y su manera de trabajar obliga a los actores a abandonar ciertos automatismos. Sin embargo, esa incertidumbre terminó convirtiéndose para él en un estímulo creativo.
Una de las claves está en la libertad. “Cuando trabajas con Ridley, dejas de lado los esquemas a los que estás acostumbrado”, explica Brolin. El actor cuenta que llegó a sentirse tan cómodo con el proceso que, al terminar el rodaje, quería continuar.
Scott resume su filosofía de manera sencilla: varias cámaras permiten que los actores se muevan con mayor libertad y que la escena evolucione de forma natural. Si ocurre algo inesperado y funciona, no necesariamente hay que detenerse. Las cámaras siguen grabando y ese momento puede terminar formando parte de la película.
Un rodaje a toda velocidad
La experiencia también sorprendió a Margaret Qualley, quien describe el set como una máquina perfectamente sincronizada que funciona a toda velocidad. Esa energía se trasladó también al rodaje en exteriores.
- “Me sorprendio´ mucho el ritmo. Habi´a oi´do que a Ridley le gustaba filmar con varias ca´maras y que se tiene la sensacio´n de estar haciendo todo sobre la marcha, pero es algo que no puedes entender realmente hasta que lo vives. Su set es como una ma´quina perfectamente aceitada que, adema´s, funciona a toda velocidad”, cuenta la actriz.
Elordi recuerda especialmente el recorrido por Italia, donde el equipo viajó de norte a sur hasta llegar a Roma. Rodar en escenarios cargados de historia mientras trabajaba junto a una leyenda como Scott fue, para el actor, una experiencia difícil de olvidar.
Con La guerra de los últimos, Ridley Scott vuelve a explorar uno de sus territorios favoritos: mundos extremos en los que los personajes deben enfrentarse a circunstancias extraordinarias.
Pero esta vez el espectáculo no está únicamente en la devastación, la acción o las imágenes a gran escala. En el centro está también la intimidad de quienes intentan sobrevivir sin perder aquello que los hace humanos.
Y para disfrutar de esa dimensión visual en toda su amplitud, la película llega también en IMAX, un formato pensado para hacer aún más inmersivo este viaje hacia un futuro en el que la humanidad tendrá que decidir qué está dispuesta a hacer para seguir existiendo.
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