"7 Días en La Habana", parte de la vida en siete historias

Los directores presentes en Cannes
CANNES, FRANCIA. Cuba sigue, a pesar de todo, suscitando afectos y desencuentros en la segunda década del siglo XXI. La orfandad ideológica del mundo actual, la ausencia de justicia social para todos que parece caracterizar la desviación que sufre la democracia actual, hace que algunos sigan mirando a La Habana como el templo de sus verdades.

Otros la miran con la ingenuidad del turista amaestrado. Terceros con dudas. Cuartos con estupefacción. Quintos con honestidad. Sextos con complicidad. Séptimos con envidia. Octavos con desdén. Novenos con rabia. Décimos con deslumbramiento. Etc, etc., etc.

"7 días en La Habana", participa en Cannes dentro de la selección "Un certain regard", y para ello llegaron hasta la Costa Azur el debutante como director Benicio del Toro, el argentino Pablo Trapero, el español Julio Medem, el también argentino Gaspar Noé, el francés Laurent Cantet y el palestino Elia Suleiman.


Sospechosamente estuvieron ausentes tanto el director cubano Juan Carlos Tabío como el armador del equipo, el ideólogo de la cinta, y su guionista, el escritor cubano Leonardo Padura. Ante una pregunta de DL, tras la presentación del film, Pablo Trapero dijo: "AH, no sé, habría que preguntarle a los muchachos", dijo refiriéndose a los de la producción.


Antes de entrar a la proyección ya me lo había comentado Carlos Boyero, el crítico de cine que más respeto en castellano, desde la terraza frontal del Palais: "Es muy irregular en cuanto a la calidad de los episodios". Afuera, a la entrada de la Sala Debussy se escuchaban temas del filme. Y mucho antes del comentario de Boyero, los directores presentes en Cannes hablaron a la prensa.

Un desafío cultural

Para el director palestino Elías Suleiman, quien logra uno de los momentos más altos y sugerentes de este rompecabezas: "Fue un desafío hacer ese filme, porque no me siento atraído para nada por ese mundo, que conocía solo a través de la literatura. La música cubana no me dice nada, ni los mojitos, ni las mulatas", expresó en la conferencia de prensa. "La embajada palestina estaba vacía, como se ve en la película. No es funcional. ¿De qué sirve esa embajada? La estatua de Yaser Arafat que se ve tiene labios a la cubana", dijo.

"Lo que más me impactó fue la ternura de la gente. La relación que tienen entre ellos, en esta época de decadencia global que vivimos. Su relación religiosa con el mar. Filmar en La Habana me produjo extrañamente reminiscencias sobre mi infancia", manifestó antes de entregar el batón a Laurent Cantet.

"En Cuba nada parece posible, pero al fin y al cabo la gente se las arregla para salir adelante. Lo colectivo está muy presente, es un valor positivo", dijo el director francés, para quien también fue un desafío hacer este filme.

Benicio del Toro, tras su primera experiencia como director, expresó: "La experiencia fue fantástica trabajando con los actores. Para mí fue una cosa que nunca voy a olvidar y me motiva a soñar tal vez, a intentarlo de nuevo".

Utopía y decepción

El argentino Gaspar Noé, radicado en Francia, quien se siente deslumbrado por un país "donde se respira una utopía", se preguntó para hacer su parte "¿Qué es lo diferente de la vida en París, donde vivo, o en Argentina, donde nací? Me dije: los rituales, la religión. Son aspectos diferentes a los de las sociedades occidentales. Elegí la versión más suave de la santería, sin sacrificios de animales: una muchacha desnuda en medio del monte, costaba poco, porque además no había mucho presupuesto. Yo mismo hice la fotografía", reconoció.

"Cuba es la decepción cultural más grande que he sentido. Se percibe mucho su cercanía con Miami, con el gran imperio mundial", añadió. "Cuba es uno de los países que sigue haciendo soñar, como un sueño universal. Los cubanos, gracias a la mirada ajena, se sienten orgullosos de ser cubanos, incluso los castristas y los no castristas. Los argentinos, contrariamente a lo que dicen los chistes, no se sienten orgullosos de ser argentinos. Y los franceses tampoco sienten ese orgullo nacional", declaró.

"En Cuba como no hay mucho que consumir la gente consume sexo. Hay una súper energía sexual en La Habana. Hay ciudades que inspiran. La Habana es una de ellas, aunque lamento no haber ido a otras ciudades, como Santiago, menos turística", concluyó Noé.