Corrupción policial hispana en "Grupo 7"

Los integrantes de la brigada policial en una escena de la película.

SANTO DOMINGO. De vez en cuando el cine europeo trata de competir con el norteamericano con sus propias armas, y cada cierto tiempo surge una película con intención comercial que intenta subirse al ring de los filmes de género. Si bien en el Reino Unido y en Francia existe cierta tradición de películas policiales, no es el caso de otros países como España, por ello, resulta interesante ver este tipo de experimentos, como es el caso de la película que hoy nos ocupa. Basada en hechos reales, "Grupo 7" cuenta la historia de una brigada encargada de limpiar de narcotraficantes las calles de Sevilla, antes de la exposición mundial de 1992.

Con licencia para todo

Ángel, Rafael, Mateo y Miguel componen la fuerza de tarea. Ángel es un policía de la nueva generación y el inspector Rafael proviene de la antigua policía franquista. Sus métodos son diferentes y la pugna entre los dos líderes no tarda en plantearse. Rafael utiliza la fuerza bruta y trata a los delincuentes con dureza, Ángel busca un camino diferente, pero poco a poco ambos van cambiando de actitud. Logran notoriedad, gracias a sus decomisos y la prensa comienza a seguirles los pasos. Tienen carta blanca para actuar, y sólo un límite, no traspasar el centro de la ciudad, pero sus pesquisas les llevan más allá de donde debían.

Un guión no del todo cerrado

Siguiendo los principios del cine comercial, el guión para este policial de época, traza un camino interesante. Si bien los agentes se enfrentan a antagonistas de cuidado, son ellos mismos sus propios rivales, tanto en su interior como entre sí. Mientras Rafael se va poniendo más blando, Ángel se va endureciendo a medida penetra en los vericuetos del narcotráfico, hasta llegar a enredarse en su propia trampa. Tiene, además, el relato un aire local fresco y divertido, en especial a través de Mateo, especie de Sancho Panza, que permite el vínculo con el folclore sevillano, incluyendo las rumbas de "El bambino", que bien adornan la historia.

Sin embargo, el guión no termina de cerrar los conflictos de sus personajes, quedando sus historias personales un tanto inconclusas. Da la impresión de que faltó una última etapa de trabajo en la escritura, aquella que permite dar coherencia al conjunto, cosa que pasa con frecuencia en los guiones de largometrajes hispanoamericanos.

La realización

Sin duda es una buena producción, tanto la fotografía como la dirección de arte consiguen una puesta en escena eficaz. Las calles, edificios, apartamentos y sitios baldíos dan cuenta de un entorno provinciano. Es la España "cutre", la de mafiosos y delincuentes menores, que había que "limpiar" a cualquier precio para dar paso a una imagen de progreso. Los intérpretes, Mario Casas, Antonio de la Torre, José Manuel Poga y Joaquín Núñez están a la altura de las exigencias del guión. La dirección de actores consigue equilibrar el trabajo de los protagonistas, pero resulta insuficiente para enmendar la historia.

De policías a delincuentes

Tiene esta película el mérito de hacerse cargo del tema de la corrupción policiaca en nuestra cultura hispana. Aquí la sentencia "el poder corrompe y el poder total corrompe totalmente", se cumple a plenitud. Lo interesante es que este relato la aterriza y por ser en español resulta muy cercana al espectador. El protagonista, Ángel - para nada es casual su nombre - es quien desciende a su propio infierno, transformándose en un delincuente peor que aquellos a quienes combatía. No solo arregla falsos golpes al narcotráfico, termina convirtiéndose en enemigo público, al intimidar a la prensa.

Recomendable para quienes gustan del cine policial, para quienes se interesan en la sociología del delito y en especial para aspirantes a guionistas.

Ficha técnica

Grupo 7. España 2012. 96 minutos.

Dirección: Alberto Rodríguez Guión: Rafael Cobos, basado en una historia de Alberto Rodríguez.

Música: Julio de la Rosa

Fotografía: Alex Catalán

Intérpretes:

Mario Casas

Antonio de la Torre

José Manuel Poga

Joaquín Núñez