“El clan”, una historia de infamia

Guillermo Francella (d), el padre de El Clan, con un excelente desempeño actoral. (Fuente externa)

SANTO DOMINGO. Cuando el escritor argentino Jorge Luis Borges escribió la serie de relatos “Historia universal de la infamia” (1934), era demasiado temprano para tomar en cuenta episodios que ocurrieron en su propia ciudad, Buenos Aires, a inicios de los años 80. La llamada “guerra sucia” dejó miles de muertos y desaparecidos, escribiendo uno de los capítulos más oscuros de la historia americana. Pero a lo ya conocido faltaba un episodio, el de quienes aprovechando las circunstancias políticas secuestraron y mataron por dinero, haciéndose pasar por revolucionarios. Este filme es un relato familiar como pocos, brutal, criminal y al tiempo doméstico, que permite descender un peldaño en la escala de la infamia.

Un padre de familia

Arquímedes Puccio es un agente de inteligencia que hacia el término de la dictadura militar argentina secuestra personas de la alta sociedad para cobrar rescate. Para hacerlo creíble, simula pertenecer a un comando subversivo de ultra izquierda. Involucra a sus hijos deportistas en la identificación de posibles víctimas, y oculta a los secuestrados en su propia casa, mientras mantiene una tranquila vida de barrio. Pero el sistemático asesinato de los plagiados va minando la confianza de su hijo rugbista, quien a pesar de sus remordimientos, acepta los beneficios que los crímenes le brindan.

La actitud racional

Arquímedes justifica su accionar en la crisis económica y sus métodos en la necesaria seguridad familiar. Su principal arma es el chantaje emocional, con el cual va envolviendo a su familia en sus actividades criminales. En todo momento mantiene una actitud racional, es quien planifica y lidera, pero no se ensucia las manos. Si bien se arriesga, sabe que los tiempos han cambiado, y que corre peligro. Con la llegada de la democracia, sus protectores ya no pueden hacerse de la vista gorda y sus días están contados; pese a ello intenta mantener el control, y secuestra a quien no debía.

De la comedia al drama

El actor Guillermo Francella es conocido internacionalmente por sus actuaciones en comedias de distinto tono. En esta oportunidad debe hacer gala de todo su repertorio expresivo para interpretar al frío líder del clan. Si bien al comienzo cuesta acostumbrarse a verlo en otra faceta, poco a poco va demostrando su talento. Tiene el guión una progresión dramática que va vinculando lo doméstico familiar con la decadencia del personaje. El insomnio y la pérdida de apoyo político lo van desgastando. De su lado, el joven Peter Lanzani cumple en su rol de hijo sometido, generando el contrapunto que mantiene vivo el relato.

Los límites del digital

Hace algunos días, a propósito de su reciente documental sobre el director ruso Sergei Eisenstein, el realizador inglés Peter Greenaway declaró muerto al cine. Al ver las limitaciones ópticas y expresivas de “El Clan”, filmado en formato digital, uno no puede más que darle la razón. Si bien la puesta en escena reconstruye una época, la tecnología utilizada le resta dimensionalidad y resolución. Ello es crítico en los planos con lentes de aproximación y en movimiento.

Pese a lo anterior, el filme de Pablo Trapero es valioso, y aporta al conocimiento de esas piezas perdidas del puzzle social en las repúblicas del Sur, que vivieron en carne propia el frente más caliente de la “guerra fría”. Recomendable para completar el drama político y social de nuestro continente.