El corredor del laberinto: las pruebas

Las jóvenes generaciones sí leen, sólo que otro tipo de literatura y sale de videojuegos

Una escena de la cinta “Las Pruebas”, continuación del filme “El Corredor del Laberinto”. (Fuente Externa)

SANTO DOMINGO. En la literatura de este siglo destaca un cierto tipo de relato dirigido al público juvenil. Nos referimos a historias fantásticas de anticipación que tienen como protagonistas a héroes adolescentes, en las cuales deben vencer obstáculos aparentemente insalvables. Entran en esta categoría “Los juegos del hambre” (Suzanne Collins, 2012) y Maze Runner (James Dashner, 2014), ambas novelas en serie, que llevadas casi de inmediato al cine han resultado ser éxitos de taquilla. Es una veta que la industria ya había explorado con la novela “Crepúsculo” de Stephenie Meyer (2008), que dio un giro a los relatos de criaturas mitológicas y los dramas románticos. Si bien pueden considerarse películas cien por ciento comerciales, hay algo en ellas que apela a una sensibilidad popular que a las generaciones anteriores les cuesta comprender.

El laberinto

Como la mayoría de los relatos fantásticos, Maze Runner se apoya en la mitología clásica, en este caso en la historia de Teseo y el laberinto. En el relato original, un escogido grupo de adolescentes de ambos sexos son encerrados y ofrecidos en sacrificio a la bestia que habita en las profundidades. El héroe es impulsivo y decide ir más allá para saber qué hay del otro lado, y, por supuesto, de paso se lleva al Minotauro.

La segunda parte

En la primera entrega, Thomas, además de correr velozmente, mata a las bestias del laberinto, y saca del encierro a sus amigos. En esta segunda película, el grupo se enfrenta a una organización que los apresa para convertirlos en objeto de laboratorio para curar una peste que afecta a los humanos. Aquí el relato se mezcla con otra vertiente del gusto popular juvenil y de origen caribeño: los zombis. Thomas y sus amistades son inmunes a la plaga, y de su sangre se puede extraer el antídoto, pero hay que sacrificar a cientos de ellos. Se plantea entonces un dilema moral, no queda claro en qué bando están buenos y malos.

La puesta en escena

Hay una bien pensada representatividad racial en el elenco, aunque los de origen latino son los que terminan contagiados.

Por supuesto, los personajes corren desesperadamente más de la mitad del filme, siempre huyendo, ya sea de sus captores o de los zombis.

Pero ahora los escenarios son más complejos, edificios en ruinas, desiertos y tormentas eléctricas.

El ritmo es adecuado y los sucesos entretienen a la audiencia.

El héroe

Thomas es un personaje tímido, aparentemente anodino, hasta que se meten con sus amigos. Es un líder que basa su poder en los lazos fraternos.

Otra característica notoria es que no es reflexivo, más bien reactivo y nunca cuenta con un plan, improvisa.

Es caballeroso, además, nunca se propasa ni se aprovecha de su posición, por el contrario, son ellas las que toman la iniciativa ante su recato.

Lo define su compromiso y su deuda de honor, proteger a sus compañeros.

Lo mueve el conocimiento, el querer romper los límites establecidos.

La impronta del juego

Cuando escucho a los de mi generación decir que los jóvenes de hoy no leen, respondo que sí lo hacen, sólo que se trata de otro tipo de literatura.

Si consideramos que las nuevas generaciones han crecido con la televisión y el video juego como principales entretenimientos, no es raro que la literatura y el cine hayan asumido no solo la estética, sino la ética de los mismos. En tal sentido, mucho tienen de videojuego este tipo de relatos: correr, saltar, matar enemigos, encontrar tesoros y llegar a la meta.

Recomendable para jóvenes y también para padres con hijos adolescentes para conocer qué en realidad les está motivando.

Por cierto, ya está anunciada la tercera entrega.