“La juventud” de Paolo Sorrentino

Fine Arts Cinema ofrece una muestra con filmes Cannes’15

Una escena en la piscina del hotel-spa donde los amigos descansan en el verano. (Fuente Externa)

SANTO DOMINGO. Hay cinematografías que a ratos parecen desaparecer, y que sin embargo reflorecen en manos de ciertos creadores que se inspiran en las fuentes de su propia historia. Es el caso del cine italiano, uno de los más antiguos, que tras una época de oro en los 50-70, languideció con honrosas excepciones.

En este siglo, el director Paolo Sorrentino ha asumido el desafío de hacer cine arte de verdad, aquel cargado de significados diversos que apela a un espectador ilustrado. Su filme “La grande belleza” (2013), se llevó todos los aplausos y premios, incluido un Oscar. Hoy nos deleita con “La juventud” otra obra de peso, con dedicatoria al maestro Francesco Rossi.

Dos amigos

Fred Ballinger es compositor y director de orquesta ya retirado. Es su costumbre pasar el verano en Suiza, en un lujoso hotel spa. También allí acude su amigo Mike Boyle, director y guionista de cine aún activo. Junto a ellos descansa toda una galería de personajes: un actor en busca de inspiración, una estrella del fútbol sudamericano, una Miss Universo, entre otros. Entre comidas, baños de vapor, masajes, enfermeras y médicos, Fred y Mike hacen largas caminatas en las cuales hablan de la vida, de sus problemas de salud y de sus años mozos. Fred es tentado por personas que quieren algo de su pasado, sus memorias, sus temas más conocidos, pero él se resiste, ya nada tiene sentido sin su esposa. Mike, en cambio, reboza de energía y trabaja con su equipo en un testamento artístico, el guión de una película con quien fuera su diva.

El relato

En una combinación de comedia y drama, las historias de Fred y Mike se van entrecruzando, son polos opuestos en el ocaso de sus vidas. En cada encuentro van exponiendo dimensiones de la vida que cuestionan las creencias, la amistad, el amor y el sentido común. Es una suerte de caleidoscopio que permite visualizar destellos de sabiduría, humor, piedad y emoción.

Con ritmo pausado, pero sin caer en la inacción, Sorrentino nos lleva de la mano hacia el cuestionamiento a la creación artística y su lugar en el mundo de hoy; a lo fugaz de la juventud y a la futilidad de la vanidad. Por supuesto, reflexiona en torno al cine y al mismo filme que se está viendo. No importa el lugar que ocupes, no importa a lo que te dediques, toda vida es valiosa y cada una juega su rol, parece decirnos a través de este relato.

El trabajo actoral

Michael Caine y Harvey Keitel deleitan con sus escenas y diálogos, Fred y Mike, respectivamente, hacen las veces de protagonista y antagonista. Es un enfrentamiento amistoso de masculinidades donde el respeto es el centro. Los personajes secundarios, a cargo de excelentes actores y actrices, aportan profundidad a los protagonistas, permiten ir al fondo de los conflictos de los personajes principales. Pero es en el trabajo con los actores de tercer orden donde el guión luce como una construcción superior. A ellos les toca poner en escena situaciones complejas e ilustrativas de la condición humana, casi sin diálogos, por medio del cuerpo y en pocas escenas llegan a decir más que un tratado de filosofía.

Plástica de la imagen y el sonido

El filme posee una gran riqueza plástica. Excelente es la fotografía que oscila entre el paisajismo de postal y la fantasía onírica. Aporta también atmósferas sutiles, apoyadas por una música incidental que se va transformando en parte de la acción de manera paulatina, hasta llegar a un gran final con una de las “Canciones simples” del protagonista, obra que expresa lo mejor de su paso por la juventud.

Absolutamente recomendable para los amantes de las artes en general y del cine en particular.