Prometheus, en busca del origen

La película se desarrolla en el año 2089.

SANTO DOMINGO. En nuestro artículo de la semana pasada mencionamos al director inglés Ridley Scott y de cómo uno de sus filmes se transformó en una matriz para varias producciones futuristas. Hoy nuevamente es referencia obligada por su última película, con la cual vuelve a poner en escena interrogantes vitales para el género humano, verdadero origen de la mal llamada "ciencia ficción".

El título y el argumento central aluden al mito griego de Prometeo, titán protector de la Humanidad, a la cual entregó el fuego del conocimiento y por ello fue castigado por el dios Zeus. Aquí, Prometeo es, tanto la nave espacial, como la intención científica de ir siempre más allá en busca de lo desconocido.

Una historia popular

Es el año 2089. Una nave llega a un planeta cuyas coordenadas provienen de estudios arqueológicos de una pareja de científicos que busca a los "ingenieros", eventuales creadores del género humano. Les acompaña un equipo multidisciplinario que se supone está para darles soporte, pero la misión esconde otros propósitos. Lo interesante del guión es que se hace cargo de un mito contemporáneo, de la idea de que los seres humanos seríamos un experimento de inteligencias alienígenas superiores que vinieron a la Tierra en tiempos remotos. Tal argumento, alentado por pseudo documentales en los canales de televisión por cable, ha cobrado fuerza y forma parte de la cultura popular actual.

Terror científico y religioso

Como en sus anteriores narraciones, Scott estructura un relato que se puede leer en distintos niveles. El más básico cuenta la historia de una misión estelar que encuentra una nueva especie que resulta enemiga; aquí opera como eje el terror producido por el encuentro con especies desconocidas. En su nivel superior, la historia cuestiona acerca de la naturaleza humana y de su búsqueda por respuestas existenciales; aquí la dimensión del terror es más profunda y tiene que ver con el origen del mal. En tal sentido, el aspecto más inquietante es la relación entre la científica Elizabeth Shaw y David, un robot humanoide, cuya programación, desprovista de principios morales, lleva al colapso a la expedición. En otras palabras, la tesis es que la ciencia, sin freno, sería el mal en sí mismo. Cabe destacar que se continúa con la colaboración de Hans Rudolf Giger, artista suizo famoso por su estética tenebrosa en tonos grises.

Féminas de hierro

Como en otras películas similares, es una mujer la protagonista y la clave para enfrentar lo desconocido. Elizabeth no sólo es una decidida científica. Su determinación es tal, que es capaz de hacerse una cirugía mayor estando consciente. Es una heroína extrema, un personaje que tiene su origen en Ripley, la protagonista de "Alien" (1979), también del mismo Scott, pero en este relato alcanza una dimensión mayor. La otra mujer determinante es Meredith Vickers, despiadada heredera de un imperio comercial que quiere hacerse del control sobre el conocimiento. Noomi Rapace y Charlize Theron son las actrices a cargo de los respectivos roles y sus actuaciones son sobresalientes, en especial la de Rapace, que va de menos a más en todo sentido. De su lado, Michael Fassbender interpreta al clon David, en una mezcla del Dr. Spok con C-3PO, ambos clásicos del género.

Pero Scott no sólo articula un filme respetable, también se encarga de dar las claves para dar continuidad a su discurso artístico. La última escena de la película es al mismo tiempo la explicación del origen del monstruo de "Alien", como el anticipo de su ya anunciada "Prometheus 2".

Recomendable para quienes gustan de la ciencia ficción de contenido inquietante y profundo.

De laProducción

Prometheus.

EE.UU. Reino Unido, 2012.

124 minutos.

Dirección:

Ridley Scott

Guión:

Jon Spaihts y Damon Lindelof

Música:

Marc Streitenfeld

Fotografía:

Dariusz Wolski

Intérpretes:

Noomi Rapace

Michael Fassbender

Charlize Theron

Idris Elba

Guy Pearce

Logan Marshall-Green