The usual suspects

Son los “sospechosos habituales” que siempre salen a relucir, algunos con nombre propio, cuando se desglosan ciertos temas. En el caso de este escrito, los temas judiciales de corrupción gubernamental

Los “sospechosos habituales” siempre salen a relucir, algunos con nombre propio, cuando se desglosan ciertos temas, sobre todo en temas judiciales de corrupción gubernamental. (Shutterstock)

Es una frase muy usada en los países angloparlantes para referirse a personas u organizaciones que estarían involucrados con algo, ya sea estando presentes o realizando alguna acción particular.  Son los “sospechosos habituales” que siempre salen a relucir, algunos con nombre propio, cuando se desglosan ciertos temas. En el caso de este escrito, los temas judiciales de corrupción gubernamental.

En el ceviche de pulpo y calamar sobre abanico de coral caribeño que estamos degustando, se mezclan la capacidad de asombro con la vergüenza ajena al ver desfilar a personas que uno entendía no tenían necesidad de manchar su trayectoria personal, profesional y familiar, arrastrando incluso a sus hijos en este lodo jurídico. Y ejemplos sobran.

En este entramado marino encontramos instituciones, roles y personas que se repiten, consistentemente, convirtiéndose en sospechosos habituales.  Su parte en la trama, al igual que su nivel de responsabilidad, varían de acuerdo con el caso.

Compartimos, sin orden ni jerarquía, los que hemos identificado a vuelo de pájaro:

Los choferes / cajeros / personal administrativo: son el hilo más frágil por donde se corta la soga.  Todos sabemos que solo reciben órdenes. Los choferes, en muchos casos ni siquiera son conscientes de lo que llevan y traen, mucho menos para qué y en cuanto a los cajeros y del personal administrativo, no están en capacidad ni de generar el esquema ni de autorizar los montos que se manejan en estos expedientes.  Muchas veces se enteran del lio cuando son citados en el expediente y los van a buscar esposados para hacer el paseíllo junto a otros peces más grandes. Lamentablemente muchos aceptan culpas ajenas, o se quedan presos por largo tiempo olvidados por el sistema.

Los abogados: Con roles protagónicos y parte imprescindible de los casos. Algunos se saltan la cerca y son ellos mismos parte de la trama, prestando sus bufetes y trayectoria para hacer todo tipo de diabluras.  En las redes es que da gusto verlos opinando como verdaderos paladines de la moral, hasta que son contratados por alguno de los imputados. Ahí alegan el soberano derecho de defensa de los acusados para justificar su repentino silencio y ganarse honradamente su cuota litis. Y les va muy bien.

Los “delatores”: En mi librito particular, una cosa es ser testigo y otra cosa es ser soplón. Llama la atención que la mayoría de estos delatores formaron parte activa de la presunta estructura criminal y estaban calladitos hasta que fueron descubiertos.  Ahí comenzaron a cantar sin desafinar.  La pregunta que todos nos hacemos es si el hecho de admitir que son tan culpables como los otros los exime de toda culpa.  ¿Es que no habrá consecuencias? ¿Será esta la nueva vía de escape para los ladrones del erario?

El banco: hay una entidad financiera que sale a relucir en todos los casos de corrupción gubernamental que se ventilan en la justicia.  Con el nivel de regulación del sistema, asombra que pueda mover con aparente facilidad miles y miles de millones de pesos por debajo de todos los radares a simple vista.

Las licitaciones / cubicaciones / adendas: las anteriores fueron debidamente admitidas por todas las instancias donde pasaron.  Aprobadas y adjudicadas por cientos de miles de millones de pesos y nadie notó nada irregular, hasta que llegan a la Procuraduría y se convierten en las joyas de la corona de todos los expedientes.  

Los compañeros de partido: como los encartados son miembros o relacionados de algún partido político, no faltan los que de una vez alegan “persecución” en solidaridad partidaria para después tener que recogerse cuando la contundencia de las pruebas los golpea en la cara.  Puntos adicionales a los que salen con carteles y pancartas a coger calor por Ciudad Nueva a cambio de un servicio mediano de pica pollo. Esos son “compañeritos” y no le duelen a nadie.

Hasta aquí mi lista de sospechosos habituales. Sigan ustedes, que tengo las palomitas puestas.

Comunicación corporativa y relaciones internacionales. Amo la vida, mi familia y contar historias.