Endometriosis y síndrome de ovario poliquístico
El manejo nutricional de la endometriosis y el SOP exige dejar atrás las soluciones simplistas
Pregunta. ¿Estamos ignorando la inflamación y la resistencia a la insulina en endometriosis y síndrome de ovario poliquístico?
Respuesta.
Durante mucho tiempo nos enseñaron a ver la endometriosis y el síndrome de ovario poliquístico (SOP) como diagnósticos separados, incluso casi opuestos, y a la nutrición como un simple “acompañamiento”. Hoy, desde la práctica clínica y la evidencia científica, esa mirada se queda corta. Cuando entiendes la fisiopatología de ambas condiciones, queda claro que la nutrición no es accesoria: es parte del tratamiento.
La endometriosis es una enfermedad inflamatoria crónica, dependiente de estrógenos, con activación inmune persistente, estrés oxidativo y alteraciones en la respuesta inflamatoria local y sistémica. El SOP, aunque muchas veces se aborda solo desde lo ginecológico, es en realidad un trastorno metabólico-hormonal, donde la resistencia a la insulina, el hiperandrogenismo y la inflamación de bajo grado juegan un rol central. Cuando ambas condiciones coexisten —algo más frecuente de lo que se pensaba— el abordaje tiene que ser necesariamente integral.
El primer pilar es la inflamación. Una alimentación rica en ultraprocesados, azúcares simples y grasas de mala calidad favorece la producción de citocinas proinflamatorias y prostaglandinas, empeorando el dolor en la endometriosis y la disfunción ovulatoria en el SOP. En consulta se ve claro: cuando se trabaja con patrones antiinflamatorios, basados en alimentos reales, ricos en antioxidantes, polifenoles y ácidos grasos omega-3, muchas pacientes reportan menos dolor, ciclos más estables y mejor calidad de vida.
El segundo eje clave es la resistencia a la insulina. En el SOP es un pilar fisiopatológico, pero también impacta directamente en la endometriosis. La hiperinsulinemia no solo estimula la producción de andrógenos, sino que altera la función endometrial, la angiogénesis y la respuesta inmune. Por eso el manejo nutricional no puede limitarse a “comer menos” o bajar calorías. Hay que trabajar la carga glucémica, la distribución de macronutrientes, asegurar suficiente proteína de calidad, fibra y grasas saludables, y respetar el contexto clínico de cada paciente.
Los micronutrientes son otro punto que no se puede ignorar. Deficiencias de vitamina D, magnesio, zinc, hierro y vitaminas del complejo B son frecuentes tanto en endometriosis como en SOP. Estas deficiencias pueden amplificar la inflamación, el dolor, la fatiga y las alteraciones hormonales. La suplementación, cuando está indicada, debe ser individualizada y basada en datos, no en modas ni protocolos genéricos.
La salud intestinal también conecta ambas condiciones. La disbiosis puede favorecer la recirculación de estrógenos a través del estroboloma, perpetuando la dominancia estrogénica en endometriosis y alterando el metabolismo hormonal en el SOP. Por eso una alimentación rica en fibra fermentable, prebióticos naturales y, en casos seleccionados, probióticos específicos, puede marcar una diferencia real.
El manejo nutricional de la endometriosis y el SOP exige dejar atrás las soluciones simplistas. Tratar hormonas sin tratar inflamación, metabolismo e intestino es tratar incompleto. Y cuando hablamos de mujeres jóvenes, dolor crónico, fertilidad y calidad de vida, ese enfoque incompleto ya no es aceptable.
Presidenta venezolana cambia comandantes militares regionales tras caída de Maduro
Asfura recibe su credencial como presidente constitucional electo de Honduras
Absuelven a expolicía acusado de inacción durante masacre en escuela de Texas
Towns anota 14, Knicks logran la victoria más abultada de su historia sobre los Nets