¿Reducir proteínas en la proteinuria? Más matices de los que creemos

Por qué bajar las proteínas no siempre es la solución para el riñón

El manejo de la proteinuria en pacientes con enfermedad renal crónica (ERC) está evolucionando de una restricción proteica automática a un enfoque de nutrición de precisión. (Shutterstock)

Cuando un paciente presenta proteinuria, la reacción automática, incluso entre profesionales, suele ser: “hay que bajar las proteínas”. Pero en la práctica clínica real, esta afirmación necesita matices. No todo exceso proteico es igual, ni todos los pacientes se benefician de una restricción agresiva.

La proteinuria no es solo un marcador renal; es un reflejo de daño glomerular y un predictor independiente de progresión de la enfermedad renal crónica (ERC).

Sabemos que las dietas altas en proteínas, especialmente por encima de 1.3 g/kg/día, pueden aumentar la presión intraglomerular y acelerar la progresión del daño renal, incrementando la albuminuria (Kalantar-Zadeh et al., 2020).

Sin embargo, este escenario no representa a la mayoría de la población general, donde la ingesta proteica suele ser adecuada o incluso insuficiente, y el verdadero problema aparece en subgrupos específicos con consumo elevado o suplementación excesiva.

Evitar los excesos

Aun así, la evidencia más reciente no respalda una restricción extrema como estrategia universal. Las guías KDIGO (un consenso global) 2024 recomiendan una ingesta proteica moderada de aproximadamente 0.8 g/kg/día en pacientes con ERC no dializados, independientemente de la presencia de diabetes.

Este punto es clave: no hablamos de “dietas bajas en proteínas” en todos los casos, sino de evitar excesos.

Aquí entra un punto clínico que rara vez se discute en redes: no todo es riñón, también es músculo.

Un análisis reciente en JAMA Network Open mostró que una mayor ingesta proteica se asocia con menor mortalidad en adultos mayores con ERC leve a moderada, lo que sugiere que la restricción indiscriminada podría ser contraproducente en ciertos grupos (Lee et al., 2024).

Por eso, el manejo nutricional de la proteinuria no puede ser lineal. Debe considerar tres ejes: cantidad, calidad y contexto metabólico.

En cuanto a la cantidad, el objetivo suele ser mantener un rango de 0.6–0.8 g/kg/día en pacientes con proteinuria significativa y ERC, evitando tanto el exceso como la restricción severa no supervisada.

Respecto a la calidad, hay una tendencia creciente hacia patrones más basados en proteínas vegetales. Las dietas tipo mediterránea o plant-based se asocian con menor carga ácida, menor hiperfiltración glomerular y potencial reducción de albuminuria (Chen et al., 2021). No es solo cuánto, sino de dónde proviene la proteína.

Y finalmente, el contexto: edad, estado inflamatorio, sarcopenia, actividad física y comorbilidades. No es lo mismo una mujer joven con microalbuminuria que un adulto mayor con fragilidad. En este último, una restricción agresiva puede hacer más daño que beneficio.

En resumen, la proteinuria no se trata con “menos proteína” de forma automática. Se trata con precisión. Ajustar sin desnutrir, proteger el riñón sin olvidar el músculo y entender que la nutrición en nefrología es probablemente uno de los escenarios donde más importa individualizar.

Especialidad en Nutriología Clínica en INTEC. Master en Nutrición y Alimentación en Universidad de Barcelona (UB). Ejerce su práctica profesional en NEP CENTER.