Primos lejanos

Palabras con el mismo origen y distinta historia

A través del tiempo, las palabras patrimoniales experimentaron una evolución notable, mientras que los cultismos están muy cerca de su ancestro latino. (Shutterstock)

El español tiene al latín como su lengua madre. La mayoría de las palabras de nuestras que tienen su origen en el latín evolucionaron a lo largo del tiempo, desde el latín vulgar, y se fueron transformando según determinadas leyes fonéticas propias de nuestra lengua.

Las conocemos como palabras patrimoniales. El latín oculus evolucionó al español ojo;  otras palabras que experimentaron una evolución similar son auricula > oreja; pediculus > piojo. Palabras que evolucionaron paso a paso, lentamente, con cambios que el tiempo y el uso fueron imprimiendo en la forma de pronunciarlas.

Sin embargo, puede suceder que, a lo largo de la dilatada historia de nuestra lengua, se tome prestada una palabra directamente del latín (sucede también con el griego) sin que esta pase por las transformaciones fonéticas patrimoniales.

Es lo que conocemos como cultismo. La forma de estos cultismos es muy cercana a su origen etimológico porque apenas sufre leves adaptaciones ortográficas o de pronunciación. Así podemos comparar el resultado de la evolución patrimonial  oculus > ojo y los cultismos ocular y oculista.

Los cultismos responden a veces a necesidades de términos técnicos en disciplinas especializadas como la ciencia, la literatura o la lingüística, la medicina, la filosofía o el derecho.

Cuando conviven, como en el caso de los descendientes de oculus, el término patrimonial, con su larga historia, y el cultismo, de introducción más reciente, nos encontramos con un doblete léxico con el mimo origen, pero que con vidas muy diferentes.

Nuestra lengua dispone de muchos dobletes curiosos. La voz patrimonial oreja evolucionó desde el latín auricula y forma doblete con el cultismo aurícula ‘cavidad del corazón que recibe sangre de los vasos sanguíneos’, que tiene el mismo origen latino.

¿Y qué tienen que ver la oreja y la aurícula? El responsable fue Hipócrates, médico prestigioso de la Grecia clásica, que comparó la forma de ambas partes del cuerpo.

El griego katédra significaba ‘asiento’, y también ‘trasero’. El latín lo adoptó con los mismos sentidos como cathedra. La evolución patrimonial del español lo convirtió en cadera ‘cada una de las dos partes salientes formadas a los lados del cuerpo por los huesos superiores de la pelvis’.

Sin embargo, fue cátedra el cultismo para referirse al ‘asiento elevado, desde donde el maestro da lección a los discípulos’, al ‘empleo y ejercicio del catedrático’ o al ‘lugar desde el que preside el obispo las celebraciones litúrgicas’.

De este último significado se produjo la derivación catedral para referirse a la ‘iglesia principal en que el obispo, con su cabildo, tiene su sede o cátedra’.

Todos hemos tenido que hacerle frente a alguien o a algo o hemos tenido que tratar con gente que, dice el Diccionario de la lengua española, ‘causan molestia y ejercitan la paciencia’.

Para estas acciones el español tiene el verbo patrimonial lidiar, derivado del latín litigare 'luchar'. El término jurídico litigar, del mismo origen,  es el cultismo que forma doblete con él.

En todos los ejemplos observamos que los términos patrimoniales experimentaron una evolución notable, mientras que los cultismos están muy cerca de su ancestro latino.

Podríamos decir que son primos lejanos, pero que siguen mostrándonos en sus rostros recuerdos de sus lazos familiares. Están ahí; solo hay que saber verlos.

María José Rincón González, filóloga y lexicógrafa. Apasionada de las palabras, también desde la letra Zeta de la Academia Dominicana de la Lengua.