“Estoy inflamado”: por qué no siempre hay que dejar el gluten y los lácteos
Por qué quitar el gluten de tu dieta puede arruinar un diagnóstico médico
Una de las frases más comunes en consulta es: “me siento inflamado”. Y muchas veces la primera reacción es eliminar gluten y lácteos. Pero desde una perspectiva médica y nutricional, esa no siempre es la recomendación correcta.
Primero hay que definir qué significa “inflamado”. Muchas personas usan esa palabra para describir distensión abdominal, gases, pesadez, estreñimiento, diarrea o sensación de abdomen lleno. Eso no necesariamente equivale a inflamación real del intestino ni a una reacción inmunológica.
Puede estar relacionado con síndrome de intestino irritable, estreñimiento, mala tolerancia a ciertos carbohidratos fermentables, estrés, sueño deficiente, cambios hormonales, ultraprocesados o simplemente una alimentación desorganizada.
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Cuidado con eliminar el gluten y los lácteos
El gluten debe eliminarse estrictamente en una enfermedad celíaca, alergia al trigo o sensibilidad al gluten/trigo no celíaca bien evaluada. Pero quitarlo “por probar” antes de estudiar al paciente puede dificultar el diagnóstico, porque las pruebas para enfermedad celíaca son más confiables cuando la persona aún consume gluten.
Además, muchas personas que creen mejorar al quitar gluten en realidad mejoran porque reducen fructanos, un tipo de carbohidrato fermentable presente en el trigo, no necesariamente por eliminar el gluten como proteína.
Con los lácteos ocurre algo parecido. Existe la intolerancia a la lactosa, que puede causar gases, diarrea, cólicos y distensión. Pero eso no significa que todos los lácteos sean malos ni que deban eliminarse de por vida. Muchas personas toleran yogur, kéfir, quesos maduros o productos sin lactosa.
Retirar todos los lácteos sin planificación puede reducir la ingesta de calcio, vitamina D, proteína y otros nutrientes importantes, especialmente en mujeres, embarazo, perimenopausia, osteopenia o riesgo cardiovascular.
El problema de eliminar gluten y lácteos a ciegas es que puede crear una dieta más restrictiva, más costosa, menos sostenible y, en algunos casos, nutricionalmente más pobre. Muchos productos “gluten free” no son necesariamente saludables: pueden tener menos fibra y más almidones refinados.
La recomendación correcta no es “deja gluten y lácteos porque estás inflamado”. La recomendación correcta es investigar el patrón: cuándo aparece la distensión, qué alimentos la desencadenan, cómo está el tránsito intestinal, si hay diarrea, estreñimiento, dolor, pérdida de peso, anemia, sangre en heces o antecedentes familiares.
A veces el problema es lactosa. A veces es disbiosis (alteración de tu microbiota). A veces es estreñimiento. A veces es estrés, sueño, cambios hormonales o una enfermedad digestiva que requiere diagnóstico.
Eliminar alimentos puede ser útil cuando hay indicación. Pero hacerlo sin evaluación puede ocultar diagnósticos, empobrecer la dieta y aumentar el miedo a comer. La nutrición clínica no se trata de prohibir más, sino de precisar mejor.