Aprovecha el dolor de pagar
Revisar en qué gastamos, reconocer la presión social y evitar las deudas no productivas son claves para mejorar nuestra salud financiera
Un viejo y conocido dicho indica: “Un gustazo, un trancazo”. ¿Podemos sacarle provecho a un trancazo financiero?
Cuando era pequeño el dicho funcionaba para los castigos. Ahora lo puedo observar en el castigo financiero de tomar decisiones emocionales para luego sufrir las consecuencias con pagos que reducen el poder adquisitivo.
Así mismo, algunos amantes de las largas noches expresan con frecuencia al día siguiente que no volverán a tomar un trago… pero solo lo recuerdan mientras la resaca les martilla los sesos y les retuerce el estómago. Una vez pasado el dolor, retoman el camino a la próxima resaca.
Cuando tomamos una decisión financiera que trae una resaca podríamos decir que ese trancazo no lo queremos volver a tener. De esa manera, sabremos guardar para darnos esos gustos de manera racional, costándonos lo que debe costar, no ese número más los intereses.
Pero, no es tan fácil. Aquellos que toman decisiones basadas en la recompensa inmediata siempre tendrán inconvenientes para oponerse al siguiente gasto emocional.
Digamos que sí hicimos el ahorro para esos gustos, el problema es que vendrán más gustos de los que podremos pagar con nuestros ahorros.
—¿Qué hago entonces, Diego Sosa?
No tener disponible para esos casos. No es no tener dinero, es ni siquiera la posibilidad de pagar con tarjeta o más tarde en cuotas. La consigna es: No deudas no productivas.
Cuando subí al Pico Duarte, en una de mis caídas al bajar, decidí que para mí estaba siendo más duro de lo que yo podía considerar una aventura agradable. Insisto, para mí… cada quien tiene su forma de pasarla.
El caso es que me dije que no volvería a subir. Lo dije de forma que no se me olvidara. Usé el dolor para nunca más pasar por tal dolor de manera voluntaria.
6 motivaciones para aprender a ahorrar
El dolor de las deudas
Si tomamos en serio el dolor de pagar deudas no productivas, debemos entender que la deuda no es la que debemos atacar, sino lo que en realidad causa la deuda. Y hay muchas razones posibles… y lo peor, están mucho más profundas de lo que podemos ver.
Alguien que desea comprar una vivienda: tiene 40 años, casi 20 trabajando por un salario, pero no tiene ahorros para el inicial. Por otro lado, sus tarjetas están copadas y algunos préstamos personales le quitan la posibilidad de ahorrar.
A primera vista diríamos que las deudas son la causa de que no pueda comprar su vivienda. No es así.
Las deudas fueron causadas porque “el dinero no alcanza”, según dice. A la hora de pagar las tarjetas tiene que hacer pagos parciales, y, en un tiempo, tomará un préstamo para consolidar esas deudas. ¿Son las tarjetas las culpables?
Me dicen algunos que tuvieron que pagar el supermercado con las tarjetas, por eso se pasaron. Pero, su teléfono inteligente me dice otras cosas. Así como sus fotos en las redes.
Para hacerlo corto: estos tampoco son los culpables. Dejarse llevar de las apariencias, sí. Esas recompensas y la llamada presión social. Personas con una baja autovaloración piensan, a veces sin tener conciencia real de este pensamiento, que obtener cosas que puedan mostrar los hará estar al nivel que desean aparentar. Aclaro: aparentar no es estar.
No tenemos que esperar que el dolor sea intenso para tomar decisiones. Cuando no alcanza el dinero para pagar las tarjetas es el momento de sentir el dolor y comenzar a ver en qué estoy gastando. No ilustrarlo en la mente, es vaciarlo en papel.
Aprovechemos el dolor para trazar el camino financiero a la abundancia.