Como una rosa con espinas Sabina brilló

Con las canciones de su nuevo álbum y sus clásicos, Sabina hizo delirar a sus fanáticos

El poeta maldito derramó vinagre, rosas y picardías. Fuente externa
Santo Domingo. El flaco de Úbeda, con su estilo urbanista y humanista, es y ha sido, referente de muchas personas en casi toda Hispanoamérica.

Con su más reciente gira "Vinagre y Rosas", Joaquín Sabina brindó un gran espectáculo la noche del martes en el Palacio de los Deportes. Sus sonetos, canciones y su forma de expresar la música, definitivamente, hacen vibrar, cantar y gritar a cualquier mortal.

Durante su actuación, el español reveló su incomodidad al calor del recinto y por tener (una vez más) un público al estilo Las Vegas, el típico escenario de personas sentadas como en un teatro o en una sala de cine cualquiera.

Aunque Sabina ya no da esos saltos o corre como antaño por las tablas del escenario, aún sus pies se mueven a un ritmo que contagia a todo aquel que se deja llevar con las escenificaciones teatrales del "poeta maldito".

El cantautor español inició su repertorio con "Tiramisú de limón", canción del álbum "Vinagre y Rosas". Luego su clásico poema de buenas noches, que le viene al dedillo para meterse al público en el bolsillo.

"Aves de paso", "Peor para el sol", "Medias negras", "Llueve sobre mojado", "Una canción para magdalena" y "Y sin embargo", entre otros temas desglosaron las dos horas y media que ofreció el flaco de Úbeda.

Sabina es Sabina, y ese personaje pesa mucho. En el primero de sus dos conciertos pautados plasmó su huella imborrable. Él es como un buen vino que deja su sedimento en la sangre.

Tanto así que como buen español se "cabreó" con los asistentes por no prestarle la debida atención y estarse haciendo fotos como si en una pasarela estuvieran. Razón que hizo que saliera del escenario y dejara a Pancho Valera. No hay dudas de que Sabina es un artista que vive por la música.