Cerrar un año para cumplir sueños postergados

Nunca es tarde para volver a uno mismo ni para cumplir aquellos sueños que nos acompañan desde la adolescencia

Siempre hay tiempo para cumplir esos sueños que nos acompañan desde la adolescencia. (Shutterstock)

A la edad de trece años recuerdo haber comenzado a escribir historias cortas y poemas. Sentía una gran atracción por la escritura. Al fallecer mi abuelo paterno, escribí una historia narrando lo acontecido. Ese texto quedó plasmado en un pedazo de papel escrito a mano que le entregué a mi padre.

Ya en la secundaria, tomaba clases de literatura, en las cuales me introduje a quienes han sido por años mis autores favoritos: los maestros del realismo mágico latinoamericano. Asimismo, la docente de dicha asignatura nos motivaba a escribir y, aunque lo hacía para obtener una calificación, lo disfrutaba enormemente.

Años más tarde, al ingresar a la universidad, me correspondía escribir un cuento para la clase de español. Mi profesor de aquel entonces me llamó aparte para invitarme a formar parte de un grupo de jóvenes escritores, al cual no pude unirme por asuntos personales.

Con el tiempo, ya graduada y con empleo fijo, el espacio para escribir comenzó a reducirse.

Aun así, hubo momentos en los que la escritura encontró su camino. Recuerdo haber escrito un artículo para un periódico local sobre las creencias, como resultado de una de las certificaciones en Coaching que realicé en esa etapa.

Más adelante, al mudarme a los Estados Unidos, una de mis profesoras de inglés me invitó a escribir un artículo para una revista local. Envié mi texto, fue aprobado y posteriormente publicado. Fueron pequeños logros que me llenaron de satisfacción, pues de alguna manera seguía conectada con aquel deseo que me acompañaba desde la adolescencia.

Empezar a escribir

Con el pasar de los años, me convertí en una lectora recurrente; sin embargo, no encontraba —o más bien no me daba— el tiempo para escribir. Las obligaciones laborales, familiares y sociales parecían ocupar un lugar prioritario en mi vida.

Hasta que un día, una amiga —mentora de autoras—, a raíz de una conversación, me dijo que debía escribir lo que le estaba contando. Salí de allí convencida de que lo haría. Logré completar alrededor de veinte páginas, pero no pude continuar.

Las ideas dejaron de fluir, las palabras se quedaban en el aire y, por primera vez, experimenté lo que llaman el “bloqueo del escritor”, algo que para mí parecía imposible, pues nunca me había visualizado como escritora.

Dos años después de esa conversación, tuve el placer de conocer a alguien que trabaja la escritura y el dibujo como complementos de la terapia convencional. Al comentarle mi deseo de escribir, me hizo una pregunta tan simple como poderosa: ¿Qué esperas para escribir?

Nace "Aprendiendo lejos de casa"

Esa pregunta resonó en mi cabeza durante varios días, hasta que decidí contactar nuevamente a mi amiga mentora y compartirle una nueva idea. Ya no pensaba escribir aquella historia inicial; esta vez, opté por relatos cortos basados en mis experiencias viviendo en un país diferente.

Las letras, palabras, ideas e historias comenzaron a fluir de manera natural. Escribir se convirtió en una conversación íntima, como contarle a una amiga mi historia de vida en otro país.

Al llegar a la fecha límite, tenía escritos veintidós relatos cortos sobre experiencias que, además de ser narradas, me ayudaron en mi proceso de adaptación y resiliencia.

De ahí surge mi primer libro, titulado Aprendiendo lejos de casa, una obra escrita desde el corazón, cuyas historias pueden resonar con quienes han vivido lejos de su tierra y han experimentado nostalgia, emoción y el desconcierto de comenzar de nuevo en un lugar desconocido.

Son relatos de errores, descubrimientos, aprendizajes y encuentros inesperados, aquellos que llegan no solo con una mudanza, sino también con cada nuevo comienzo.

Cerrar un año también es abrir espacio para lo que aún desea nacer. Mi historia es prueba de que el tiempo no cancela los sueños; solo los prepara. Comencé a escribir a los trece años y la oportunidad de hacerlo realidad llegó más de treinta años después.

No fue tarde: fue el momento exacto en el que tenía la madurez, la experiencia y la voz necesarias para contarla.

Por eso, al iniciar este nuevo año, te invito a mirar hacia adentro y preguntarte qué sueño has postergado. Tal vez solo está esperando que te atrevas a dar el primer paso.

Porque nunca es tarde para volver a uno mismo ni para cumplir aquellos sueños que nos acompañan desde la adolescencia.

¿Quién es la autora?

Rebeca Espinosa es psicóloga, educadora y escritora dominicana, nacida y criada en la República Dominicana, donde aprendió a vivir con humor, sazón y merengue. 

Desde 2017 reside en los Estados Unidos, donde trabaja como docente y transita la experiencia de ser migrante y madre soltera, vivencias que han nutrido su mirada sensible y reflexiva. 

Es autora de Aprendiendo lejos de casa, su primer libro, una colección de relatos personales que exploran la vida entre dos culturas, la reinvención diaria y la nostalgia del hogar, combinando humor, resiliencia y profunda humanidad.

"Aprendiendo lejos de casa" está disponible en Librería Cuesta y en Amazon. Es un libro de relatos cortos sobre migración, adaptación y resiliencia, escritos desde la experiencia de vivir lejos del país de origen.