Pedro A. Medina retrata la memoria y la sociedad dominicana a través del grabado
El artista dominicano presentará “Manuales de permanencia” en la Alianza Francesa el próximo 13 de agosto
Entre la crítica política, la espiritualidad popular, la memoria y esas preguntas que a veces preferimos dejar sin respuesta, Pedro A. Medina encuentra en el grabado una manera de detenerse y mirar.
En su nueva exposición reunirá 13 piezas que hablan de lo que permanece y de aquello que, aunque cambie de forma, sigue haciendo ruido.
Hay algo deliberadamente pausado en el trabajo de Pedro A. Medina. En una época en la que casi todo sucede con rapidez, el artista dominicano ha elegido una técnica que exige justamente lo contrario: tiempo, paciencia y atención.
El grabado, con sus capas, huellas, errores y correcciones, se ha convertido en su principal medio de expresión. Y no por casualidad.
Para Medina, de 30 años, formado como ilustrador en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), esta disciplina tiene algo profundamente humano: obliga a detenerse antes de llegar a la imagen final.
“Es un remedio, un antídoto digamos, para la inmediatez de la era digital en la que nuestro vocabulario visual esta cada vez mas saturado y homogeneizado. El grabado conlleva una pausa activa para lograr parir una imagen”, explica.
Esa idea atraviesa “Manuales de permanencia”, la exposición que presentará desde el 13 de agosto hasta el 3 de septiembre en la Alianza Francesa de Santo Domingo.
La muestra reúne 13 obras realizadas en técnicas como linografía, serigrafía y punta seca, y propone un recorrido que va de la crítica política a la espiritualidad popular, de aquello que se dice en voz alta a lo que permanece en silencio.
- La entrada es libre y la invitación del artista es sencilla: acercarse al arte independiente dominicano sin prejuicios y dejar que las obras hagan sus propias preguntas.
Una exposición que nace de las preguntas
El título de la muestra no es una declaración de certezas. Más bien, funciona como una puerta de entrada a las inquietudes que Medina ha ido trasladando al papel.
“Cada pieza es una pregunta que me hice y no pude ignorar. Esta exposición es la primera vez que las digo en voz alta”, señala.
Por eso, el hilo que conecta las obras no está necesariamente en lo que representan. Está en el proceso que las construye. Repetir, equivocarse, corregir, volver a intentar. Una dinámica que, para el artista, termina convirtiéndose también en una metáfora de la vida.
“El hilo conductor no es el tema de cada imagen, sino de la práctica misma del grabado como una forma de pensar. La repetición con intención, la paciencia, el error, la corrección y el tiempo atraviesan todas las piezas, independientemente de lo que representen”, explica.
En ese sentido, “Manuales de permanencia” no pretende decirle al espectador qué debe pensar. Al contrario, lo invita a detenerse frente a sus propias certezas y preguntarse qué ha elegido conservar, por qué lo hace y cuánto de esas permanencias responde realmente a una decisión propia.
“Espero que cada persona salga preguntándose cuáles son los rituales, las creencias, las relaciones y los procesos que utiliza para darle sentido a su propia vida”, dice Medina.
Y ahí está una de las claves de su trabajo: las obras hablan de asuntos colectivos, pero terminan llevándonos inevitablemente hacia lo personal.
"Entre escombros": recordar más allá de una cifra
Entre las piezas que formarán parte de la exposición está “Entre escombros”, una obra que aborda la tragedia ocurrida en abril de 2024 tras el derrumbe del techo de la discoteca Jet Set y que ya había sido presentada en la Bienal de Artes Visuales 2025.
Pero Medina no quiso quedarse en la imagen del derrumbe. Su mirada se detiene justo antes, cuando aquel edificio todavía era un lugar lleno de historias cotidianas.
“Entre escombros fue una obra que nació cuando empecé a pensar en que el edificio nunca es solo un edificio. Antes del colapso, ese lugar contenía cientos de vidas ocurriendo al mismo tiempo”, cuenta.
Personas que trabajaban, conversaban, bailaban, enviaban mensajes, reían o simplemente esperaban regresar a casa. Vidas distintas que coincidieron durante unas horas en un mismo espacio y que, después de la tragedia, quedaron resumidas muchas veces en una cifra.
“Cuando ocurrió la tragedia, todo eso quedó reducido, en gran medida, a una cifra. Y yo sentía que detrás de ese número seguían existiendo cientos de relatos fragmentados, memorias suspendidas y vidas que habían compartido un mismo espacio”.
Por eso, la obra no busca representar únicamente el instante de la tragedia. Su intención es recuperar, aunque sea simbólicamente, algo de esas vidas que existían antes de que todo cambiara.
Mirar lo dominicano desde otro lugar
Medina forma parte de una generación de artistas que, según observa, está cambiando la manera de preguntarse qué significa hacer arte desde República Dominicana.
Ya no se trata únicamente de buscar símbolos reconocibles o representar lo dominicano desde una mirada folclórica. La pregunta, para él, es más incómoda y también más interesante: qué historias, contradicciones o experiencias todavía no se han contado.
“Creo que hay una generación de artistas dominicanos que está dejando de preguntarse "cómo represento lo dominicano" y haciendo de la forma mas “tradicional” y “folclórica” posible para preguntarse "qué parte de lo dominicano no se ha dicho todavía”.
En su propia obra aparecen otras inquietudes: la manera en que la sociedad mide el valor de las personas, la relación entre mérito y posesión, las creencias heredadas y los códigos culturales que forman nuestra manera de mirar el mundo.
“Junto a eso veo otra preocupación creciendo entre artistas de mi generación: cómo medimos el valor de una persona por lo que tiene y no por lo que es, una lógica casi religiosa, de mérito y bendición, que se secularizó, pero no desapareció, sino que mutó”.
Su trabajo no busca convertirse en una respuesta definitiva sobre la sociedad dominicana. Más bien, parte de su propia experiencia y de las preguntas que surgen cuando uno empieza a revisar aquello que aprendió, heredó o simplemente aceptó como propio.
“Mi trabajo no busca dar una tesis sobre la sociedad dominicana. Busca más bien el registro honesto de un cuerpo formado en ciertos códigos religiosos, raciales, históricos que apenas empieza a mirarlos de frente en vez de simplemente heredarlos”.
De ahí que “Manuales de permanencia” funciona como algo más que una exposición de grabados. Es una invitación a detenerse. A mirar las huellas que dejamos y las que recibimos. A preguntarnos qué merece permanecer y qué, quizá, necesita ser revisado.