María José Magaña: “La cultura forma parte de nuestra vida, es un derecho”
A dos meses de asumir la dirección de la institución cultural, la experimentada gestora detalla su visión para descentralizar los proyectos, integrar a las comunidades y celebrar los 36 años de la institución en el país
El Centro Cultural de España (CCE) celebra 36 años del inicio de sus operaciones en la República Dominicana, y aunque tienen una agenda para un gran festejo este año, continúan desarrollando una propuesta cultural marcada por la innovación y el apoyo a gestores culturales.
Recientemente, fue designada como titular del recinto cultural instalado en la Ciudad Colonial la experimentada gestora cultural española, María José Magaña, quien, en tan solo dos meses en el país, ha descubierto poco a poco la inmensa riqueza local.
La directora del CCE, quien laboró por largos años en el Instituto Cervantes en Madrid, abrió las puertas de su despacho para compartir algunas de las propuestas que formarán parte del calendario de cooperación con la República Dominicana.
Como muestra de esa dinámica de puertas abiertas, justo durante la visita, se presentó en el recinto un grupo de niñas de la Fundación Escuela de Arte Raíces de Los Alcarrizos, quienes asistieron para conocer las instalaciones y realizar una pequeña presentación de Batón Ballet.
— Me gustaría tener una valoración de cómo encuentras el centro, más allá de la relación con el público dominicano. ¿Qué has visto en este tiempo breve en el país?
María José Magaña (M.J.M.): Como bien dices, estoy casi recién llegada, llevo dos meses, un poquito más, y la verdad que estoy fascinada. Sabía que era un país acogedor, sabía de las buenas relaciones entre España y República Dominicana, y sabía del trabajo que habían hecho todos los directores y directoras que me han precedido.
Pero todavía con toda esa información, me ha sorprendido muchísimo lo que he encontrado: un país muy dinámico, donde hay mucha actividad creativa y artística, donde se pueden hacer muchas cosas, y sobre todo, un público muy agradecido.
En el tiempo que llevo aquí, todas las actividades que hemos organizado han tenido una acogida buenísima; todo el mundo habla bien del centro.
Claro, eso te crea a la vez un cierto compromiso de "no podemos ir a menos, esto tiene que ir a más". Entonces eso crea también una cierta tensión, pero con mucha energía.
—¿Hay objetivos claros ya de lo que va a ser tu gestión, de lo que pudiera marcar un perfil de la labor que vas a desarrollar aquí? ¿O todavía estás en fase de preparación?
M.J.M.: Yo estoy haciendo, digamos, ahora un trabajo de campo: enterarme cómo ha sido hasta ahora y qué cosas hay que actualizar, porque los públicos y las necesidades van cambiando.
Pero nuestro trabajo en Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo,(AECID) es siempre, sobre todo, la cooperación, el diálogo, la escucha y el poder hacer trabajos conjuntos, por supuesto con un compromiso con el país, con la democracia y con las necesidades que tiene la ciudadanía. Eso es lo que nos guía y lo que tiene que estar siempre como propósito.
—¿Cómo se podría decir cuáles serán los contenidos de la programación cultural? Aquí siempre el centro ha estado abierto a instituciones públicas, ONG y artistas emergentes.
M.J.M.: Lo que puedo decir es que en eso vamos a tener, por supuesto, continuidad. Mi agenda ahora echa fuego, porque lo que hago es reunirme con todo tipo de instituciones, colectivos y vecinos.
Como sabéis, tenemos aquí al lado a Casa de Teatro, que es una institución en este país, y han sido de los primeros que nos han abierto las puertas con toda la colaboración del mundo. Igual con Bellas Artes, con el Ministerio de Cultura, con los museos, la ciudadanía, y con el colectivo que tenemos aquí: el Club Cultura.
Es una asociación de personas mayores del barrio y el otro día celebramos los 15 años que les acogemos en el centro y nos dieron una placa de reconocimiento. Todo eso te devuelve una energía que no se paga con dinero.
También estamos con el plan de Distrito Cultura, porque la Ciudad Colonial ha mejorado mucho.
Me cuentan cómo era antes, y desde luego ahora es una ciudad que da ganas pasear, hay seguridad —falta un poquito con el tema del tráfico, eso es una de las cosas pendientes—, pero ya es un lugar donde uno se encuentra bien y donde tienes un montón de referentes culturales todo el año.
Eso lo queremos reactivar y crear una serie de recorridos donde colectivos, instituciones, museos y bibliotecas nos pongamos de acuerdo para tener una ruta.
—¿Eso se queda en la zona o está en agenda desarrollar proyectos de manera mancomunada en otras demarcaciones del país?
M.J.M.: Por ahora estoy empezando a comentar los proyectos más centrados aquí, en el barrio colonial, pero por supuesto esta serie de recorridos culturales los vamos a extender a toda la ciudad y a todo el país.
Por eso también tenemos toda una línea de trabajo sobre la memoria, porque este país tiene muchas capas de historia que hay que irlas desentrañando y mostrando. Tenemos un trabajo hecho con los ingenios azucareros, con las rutas del descubrimiento... Toda esa memoria tiene que estar también presente en todo el país.
—¿Cómo atraer a los jóvenes?
M.J.M.: Esa es una buena pregunta. Por lo que veo desde que estoy aquí, el tema de la música y del baile en este país es fundamental. Pero no como se ve fuera, que se habla de una manera un poco superficial.
El merengue, la bachata, el son... todo es mucho más enriquecedor. Aquí hay mucha música que viene cruzando el Atlántico, mares y territorios; tiene unas fuentes de origen enormes.
Casi recién llegada, organizamos aquí un concierto con La Fiera y con Fefita que a mí me abrió los ojos. Vi cómo la gente disfrutaba, cómo agradecía, con dos grandes figuras: una ya encumbrada totalmente, la otra empezando pero ya con una carrera muy sólida.
Nos dimos cuenta de que la música, además teniendo este edificio con un patio maravilloso y nuestro árbol (una caoba), tiene que ser el hilo conductor.
Por supuesto sin dejar aparte el teatro, las artes visuales, la fotografía y las performances. Queremos trabajar en todo, pero que nuestro hilo conductor sea la literatura, la música y el baile me parece fundamental.
—Ahí conecto con el proyecto dirigido específicamente a jóvenes creadores, emprendedores...
M.J.M.: Una de las partes que tenemos entre nuestras líneas estratégicas es la innovación social.
Quiero destacar la exposición que tenemos en estos momentos en colaboración con INTEC, de diseño industrial, donde se ha dado cabida tanto a proyectos de estudiantes como de diseñadores que ya tienen una trayectoria y que pueden mostrar cómo trabajar a esas personas emergentes que todavía necesitan una guía.
Nuestra idea es trabajar con todas las disciplinas y escuchar a la población joven que lo necesita.
También es verdad que la gente joven se deja orientar mucho por las redes sociales, por lo que le estamos dando mucha importancia a la comunicación en Instagram.
Hemos subido seguidores y visualizaciones, porque queremos que la comunicación fluya y que se sientan acogidos. Por eso he hablado tanto del Club Cultural de personas mayores como de los jóvenes y niños.
—¿Cómo puede la cultura contribuir al debate sobre los problemas sociales que enfrenta el país y el mundo?
M.J.M.: Totalmente. Precisamente en AECID uno de los propósitos es hablar sobre los derechos culturales. La cultura forma parte de nuestra vida, es un derecho. Muchas veces se ve como que la cultura es algo aparte y que lo importante es la economía, pero va todo unido.
Lo vimos en la pandemia: la cultura nos salvó muchas veces de la depresión o del aislamiento. Aquí entendemos que la cultura, por supuesto, tiene que estar relacionada con el trabajo con el medioambiente, la educación, la lucha contra la violencia y en dar cabida a las mujeres, a los niños y a los adolescentes.
Realmente creemos que es una herramienta de desarrollo y de diálogo.
—¿Se mantiene el intercambio cultural de artistas para que españoles vengan al país y dominicanos vayan a España a capacitarse?
M.J.M.: Sigue y además lo queremos reforzar cada vez más. Gracias a un programa que se llama Acerca, logramos traer a bastantes profesionales españoles.
Ahora este verano hemos tenido seis, tratando cosas que van desde la neurociencia (que lo haremos ahora con Bellas Artes) a la inclusión en el cine para personas con diversidad funcional de sordera o falta de vista, la música coral o la performance como herramienta de transmisión creativa.Los cursos de formación para nosotros son fundamentales.
—¿Qué le gustaría que descubriera un dominicano que nunca ha entrado al CCE al cruzar por primera vez sus puertas?
M.J.M.: Para mí lo más importante es que se sientan en su casa. La sensación que a mí me dio este edificio cuando entré es que es un lugar que acoge: el jardín, el árbol que centra nuestro patio, el edificio que se sabe que era de las antiguas universidades más antiguas de Latinoamérica... la unión del edificio histórico con el edificio de oficinas, que es del siglo XIX.
Yo creo que es un lugar que acoge y que invita a estar aquí.
Muchas veces la gente viene a leer un rato la prensa o incluso a resguardarse del calor. El estar tan cerca del mar ayuda a que la gente se sienta a gusto, y tenemos un número de visitas que va cada vez más en aumento.
—Son 36 años del centro, ¿Qué representa esa huella y esa impronta de la cooperación española en República Dominicana, y que te toque a ti esta celebración?
M.J.M.: Me has dado una ocasión buenísima para contar que aquí somos dos entidades: la Oficina de Cooperación (AECID) y el Centro Cultural, que trabajamos totalmente de la mano.
Precisamente ahora la Oficina de Cooperación cumple sus 40 años y va a presentar una memoria a principios de septiembre donde se habla de la cantidad de proyectos, más de 100, que trabajan desde la lucha contra el sargazo hasta cómo reciclar la basura... Como material también para el diseño.
Yo llevo unos pendientes hechos con restos de botella, que precisamente se han hecho con la Fundación La Merced en uno de estos talleres. Trabajamos también temas de justicia alimenticia y saneamiento del agua. Todo eso no puede ir separado de la cultura.
Luego, el Centro Cultural, que tardó como cuatro años en ponerse en marcha con la restauración del edificio, lo celebraremos dentro de cuatro años y será también nuestro 40 cumpleaños.
Queda mucho por hacer. Creo que son dos países que se entienden, tenemos la misma lengua, una cultura común y, como dice la película, vamos a estar siempre juntos y compartiendo.
—¿Y tú, de dónde vienes?
M.J.M.: Yo vengo de una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, estuve allí durante casi 25 años. Mi trabajo siempre era desde Madrid, yo coordinaba las redes de centros por el mundo en la parte de artes visuales.
Para mí era un reto trabajar en otro territorio, en el terreno, y ver cómo lo que haces tiene una repercusión. Qué opina el público, qué hay que hacer para mejorar.
Eso va a ser mi trabajo realmente especial aquí, el contactar con la gente, que además he visto que con el público dominicano es muy fácil; sois gente que enseguida dialogáis y abrís las puertas.
—Me comentaste antes de la entrevista que es tu primera vez en el país...
M.J.M.: Efectivamente, yo no conocía República Dominicana, había estado en países de los alrededores. Tenía este país pendiente y creo que ha sido entrar por la puerta grande.
—Allá en Madrid, ¿bailaste bachata, merengue, conociste el son dominicano?
M.J.M.: Pues yo es que soy un poco más de música electrónica. La conocía, pero no es lo mismo oírla ahí que oírla aquí. Ahora ya sé distinguir el merengue de la bachata, ya sé qué es merengue típico.
Voy poco a poco entrando y espero empezar a bailar como bailáis aquí, que es una maravilla.
—¿Qué te reta con esta responsabilidad?
M.J.M.: Me interesa mucho que esas cosas que vemos cuando venimos de fuera podamos confrontarlas con lo que aquí se necesita, y darles salida a través de la cultura.
Yo veo que la isla tiene un potencial tremendo, tanto turístico como cultural, pero lamentablemente fuera hay una visión muy superficial, se conocen los resorts y los viajes de luna de miel.
Entonces mi propósito, y en eso debemos trabajar juntos, es ofrecer todas estas otras caras de la República Dominicana, que son muchas y muy amplias, y hacer una difusión un poquito más diversa.
—De las presentaciones en agenda cultural inmediata, ¿qué puedes adelantar?
M.J.M.: Vamos a tener en la sala Aída Bonnelly a Silvia Pérez Cruz (el martes 25 de este mes), aprovechando su gira por Latinoamérica. Será por invitación porque es muy pequeñita la sala.
Lo organizamos junto con la Fundación de Amigos del Teatro porque va dentro de un curso de capacitación para que los alumnos dialoguen con la artista y sepan cómo se organiza una gira. Tiene esa vertiente didáctica.
Hemos dedicado todos estos meses a una programación de acogida para el mundo LGTBI por el tema del orgullo, que concluyó a finales de agosto con envolver nuestra caoba con una tela tejida por diferentes personas con colores de la bandera de la reivindicación.
Por supuesto, la programación de respeto y derechos es de todo el año.
También hemos estado en el Festival de Jazz de Casa de Teatro, en la Cinemateca... El cine, música y baile siempre van a estar presentes, pero por supuesto no dejamos fuera la poesía, la narrativa, la danza, el teatro. Vamos a estar en Mar de Palabras, en la Feria del Libro.
La idea es no dejar de hacer nada que se haya hecho, y ampliar y actualizar con las necesidades.
Ibermuseos
- Además, la República Dominicana ha sido elegida como sede del 12º Encuentro de Ibermuseos (del 14 al 17 de septiembre), un evento donde se juntan profesionales de Latinoamérica, España y Portugal. Las actividades centrales serán en INTEC, pero nosotros tendremos aquí varios talleres y la clausura, además de un proyecto en el Museo de Arte Moderno.
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