María Montez, la dominicana que conquistó Hollywood y convirtió el technicolor en leyenda
A 75 años de su muerte, la actriz nacida en Barahona permanece como una de las figuras dominicanas que alcanzaron el cine internacional durante la llamada época dorada de Hollywood
Setenta y cinco años después de su muerte, María Montez continúa ocupando un lugar singular en la historia del cine y en la memoria de quienes la recuerdan como una de las primeras figuras latinoamericanas en alcanzar una posición destacada en el Hollywood de los años cuarenta.
Nacida el 6 de junio de 1912 en Barahona, en el suroeste de República Dominicana, la actriz murió el 7 de septiembre de 1951 en París, a los 39 años. Su fallecimiento ocurrió, según los registros citados por EFE, aparentemente a causa de un ataque al corazón mientras tomaba un baño de agua caliente.
Su muerte puso fin a una carrera que había comenzado sin una formación académica en actuación y que la llevó desde República Dominicana hasta la industria cinematográfica estadounidense.
María Montez, cuyo nombre de nacimiento era María África Gracia Vidal, llegó a Hollywood a los 28 años. De acuerdo con su biógrafa, la dominicana Margarita Vicens de Morales, Montez diseñó una estrategia para conseguir una oportunidad en la industria cinematográfica y logró abrirse paso en una época en la que pocas actrices latinoamericanas tenían acceso a los grandes estudios.
De Barahona a Hollywood
Montez nació en una familia vinculada a la diplomacia. Su padre era un diplomático español y su madre, dominicana. Antes de dedicarse al cine, no había estudiado actuación ni acumulado experiencia profesional en escenarios cinematográficos.
Sin embargo, su presencia física y su determinación le permitieron entrar en el circuito de Hollywood.
Vicens de Morales, autora de “María Montez. Su vida”, dedicó años a investigar la trayectoria de su compatriota. Aunque nunca llegó a conocer personalmente a la actriz, reunió documentos, fotografías y testimonios que le permitieron reconstruir parte de una vida marcada por el ascenso internacional.
La biógrafa describió a Montez como una mujer abierta y extrovertida, y destacó su capacidad para diseñar un camino propio hacia Hollywood.
La actriz terminó convirtiéndose en una de las figuras latinoamericanas vinculadas a los llamados años dorados del cine estadounidense, junto a nombres como María Félix y Carmen Miranda.
La reina del technicolor
El nombre de María Montez quedó especialmente asociado a las producciones de aventuras filmadas en technicolor, formato que contribuyó a construir la imagen cinematográfica con la que pasó a la historia.
- Entre sus películas más conocidas se encuentran “Las mil y una noches” (1942), “La salvaje blanca” (1943), “La reina de Cobra” (1944) y “Sudán” (1945).
- Sus personajes estuvieron vinculados con frecuencia a historias de aventuras y mundos exóticos, una característica de varias de las producciones que protagonizó durante su etapa en Hollywood.
Esa presencia en pantalla le valió los sobrenombres de “La reina del technicolor” y “La sirena de Hollywood”, nombres con los que posteriormente sería recordada por sus admiradores.
Una carrera que terminó demasiado pronto
La trayectoria cinematográfica de Montez se desarrolló en apenas una década. En 1943 contrajo matrimonio con el actor francés Jean-Pierre Aumont, con quien tuvo una hija, Tina Aumont, quien posteriormente también se dedicó a la actuación.
Ese mismo año, mientras trabajaba en la película “Gypsy Wildcat”, recibió del Gobierno dominicano dos condecoraciones: la Orden de Juan Pablo Duarte, en el grado de Oficial, y la Orden de Trujillo, también en ese grado.
Ocho años después, su vida terminaría en París.
La actriz tenía apenas 39 años cuando falleció el 7 de septiembre de 1951. Su muerte no puso fin, sin embargo, al interés por su figura.
El legado que permanece
Con el paso de las décadas, Montez mantuvo una comunidad internacional de admiradores. Según Margarita Vicens de Morales, personas de diferentes países le han enviado fotografías, publicaciones periodísticas y otros materiales relacionados con la actriz con el propósito de conservar su memoria y contribuir a futuros proyectos.
Ese interés internacional contrasta, según la biógrafa, con el desconocimiento que todavía existe sobre Montez entre una parte de la población dominicana.
Para Vicens de Morales, recuperar la historia de la actriz constituye una manera de preservar una parte de la memoria cultural del país.
Su libro “María Montez. Su vida” se convirtió además en material de referencia para proyectos relacionados con la actriz. Entre ellos figuraba una iniciativa cinematográfica de la actriz dominicana Celinés Toribio, radicada en Estados Unidos, quien estudiaba la vida de Montez con miras a llevar su historia al cine.
Una figura recuperada por República Dominicana
El interés por preservar el legado de Montez también alcanzó el ámbito oficial. Vicens de Morales fue escogida entre las personalidades encargadas de organizar actividades conmemorativas relacionadas con el centenario del nacimiento de la actriz, celebrado en 2012.
Entre las iniciativas planteadas estuvieron la construcción de un monumento y un museo en Barahona, la proyección de sus películas y la publicación de una edición popular de la biografía escrita por Vicens de Morales.
Años después de su muerte, la actriz continuó recibiendo reconocimientos oficiales. En 2007, el Gobierno dominicano, durante la gestión del presidente Leonel Fernández, le otorgó a título póstumo la Medalla al Mérito, en el marco de las actividades por el Día Internacional de la Mujer.
También el Senado dominicano aprobó una resolución para homenajearla en ocasión del aniversario de su fallecimiento y la reconoció como “la más excelsa actriz cinematográfica de la República Dominicana de todos los tiempos”.
María Montez, más allá de la pantalla
La historia de María Montez no se limita a las películas que protagonizó. Su recorrido representa también uno de los primeros casos de una dominicana que consiguió insertarse en la industria cinematográfica de Hollywood en una época en la que el acceso de artistas latinoamericanos a los grandes estudios era limitado.
Desde Barahona llegó a una industria que no conocía y construyó una carrera internacional sin una formación previa como actriz.
Su muerte, ocurrida hace 75 años, no cerró la historia. Su nombre permanece asociado a una etapa del cine estadounidense, a las producciones de aventuras del technicolor y a la representación latinoamericana en el Hollywood de los años cuarenta.
En República Dominicana, su figura continúa siendo objeto de investigaciones, homenajes y proyectos destinados a recuperar una trayectoria que comenzó en Barahona y terminó inscrita en la historia del cine internacional.
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