Alberto García-Alix: “La magia de la fotografía es el encuentro”

El aclamado fotógrafo español presenta su obra, dentro de la celebración de Photoimagen 2018, en el Centro Cultural de España hasta el 13 de enero

El aclamado fotógrafo español Alberto García-Alix (Massiel Beco)

Reconocido como uno de los referentes de la fotografía contemporánea internacional, Alberto García-Alix ha pasado más de cuatro décadas valiéndose del lente de su cámara para capturar la imagen de los personajes que se cruzan en su camino en diferentes momentos, la realidad que en la que se desenvuelve y una de sus mayores pasiones: la moto. García-Alix recientemente presentó su obra en el Centro Cultural de España, dentro del marco del VIII Festival de Fotografía Photoimagen, con la exposición “Un expresionismo Feroz” y su documental biográfico “De donde no se vuelve” y contó algunos detalles para Diario Libre.

¿Cómo seleccionó las piezas que formaron parte de “Un expresionismo Feroz”?

Esta exposición viene de Montevideo y nace del título “Expresionismo Feroz”, y busqué cierto tipo de imágenes donde hago una lectura expresionista. Es un juego con el expresionismo como lectura y motor visual. Las fotos de motos las he hecho toda mi vida pero de otra manera y desde hace tres años me ha dado por querer construir una nueva ópera visual, un nuevo imaginario visual y otro tipo de visión sobre la moto con el empleo del expresionismo, a través de las sombras, a través de la deformación, a través del gigantismo para buscar una personalidad. Después de aquí va a Moscú.

¿Hay algún otro tema que quisiera retomar con otro punto de vista?

Todos los temas merecen una nueva visión, no somos igual con 20 años que con 60, nuestra manera de ver cambia, siempre. Podemos evolucionar la mirada, de hecho el fotógrafo lo que hace es educar el ojo. La educación no termina nunca, lo que antes me gustaba me deja de gustar, me gustan otras cosas.

En otras ocasiones ha comentado sobre la importancia de la intención en la fotografía, pero, ¿alguna vez ha tenido que cambiar totalmente esa intención en medio de una sesión?

No, nunca tengo nada pensado, en general me dejo fluir. La intencionalidad siempre es el gran motor de la fotografía. Un selfie, por ejemplo, normalmente no tiene ninguna intencionalidad más allá de un hedonismo, del ego, pero no todo lo que se captura tiene una intencionalidad. Para mí la intencionalidad lo es todo, pero claro siempre es conducida por una serie de elementos, por ejemplo, la posición de la cámara. Ya en esa decisión de posición de la cámara hay una intencionalidad. En la fotografía la intencionalidad lo es todo.

¿Cómo el arte de la fotografía se ve afectada en esta época de selfies y en la que cualquier dispositivo puede ser una cámara?

El digital lo que ha traído es una gran democratización de la fotografía, quiere decir que hoy día está al alcance de cualquier persona tomar imágenes. Vivimos inmersos en la vigilancia para empezar, todo es observado por lentes, hay drones, satélites, teléfonos, todo es una democratización de la imagen en el sentido más amplio que nunca se había podido soñar. Ni siquiera hay que tener dinero, no hay que tener nada, solamente ganas. Por una parte ha abaratado el trabajo fotográfico. La fotografía en sí misma ha ganado y ha perdido. Ha perdido profundidad, pero no porque sea digital deja de ser una buena fotografía, creo que depende del alma de quien utiliza la cámara. A mí, si no tengo una cámara y me dejan una cámara de vigilancia soy capaz de crear, ahí empieza la intencionalidad y va inminentemente ligada a la creación. No voy a atentar contra el digital, es fotografía al fin y al cabo, pero no lo utilizo, ya para mí es tarde. No me interesa, no me aporta ni más velocidad, porque utilizo una cámara de medio formato, ni más poesía, por lo tanto no me aporta las dos virtudes que quiero. Además, yo soy creyente, es decir, cuando tiro una foto o tomo doce fotos en un carrete, cada foto tiene que ser muy medida. Si tuviera una digital, yo que soy un permanente insatisfecho, estaría mirando para corregir inmediatamente todo. Así no. Cuando tiro el carrete tengo un tiempo para soñar lo que vi. Después de que tiro la foto puedo revelar el carrete la misma tarde o tardar una semana o un mes. Ese tiempo reverbera en la ensoñación de lo que vi, lo que puedo pensar, si acerté o no acerté, pero tengo un tiempo de ensueño con lo que miraba, lo otro me lo quita.

En el caso de ser el sujeto de una foto, si tuviera la oportunidad de elegir el fotógrafo, ¿quién sería y por qué?

Yo mismo. Me hago muchos autorretratos desde siempre porque, cuando empecé a hacer fotos, para aprender ponía la cámara con el disparador automático; todas las cámaras en ese entonces tenían disparador automático, y aprendía conmigo. Luego, por coquetería, seguí haciéndome fotos hasta que un día descubrí que al igual que el resto de los personajes de mis fotos me repetía, podías decir que era un personaje más.

“En esta era digital la fotografía ha perdido profundidad, pero no porque sea digital deja de ser una buena fotografía, creo que depende del alma de quien utiliza la cámara” Alberto García-AlixFotógrafo

¿Cómo elige a los demás personajes o personas que figuran en sus retratos?

La mayoría de los personajes que salen en mis fotos son producto del encuentro. La magia de la vida es el encuentro, nos mueve, nos posiciona, nos detona. Si te quedas encerrado no vas a dar con el encuentro y la fotografía vive del encuentro. Se alimenta del encuentro. Sin encuentro no hay fotografía, hasta si estás fotografiando un paisaje hay un encuentro con ese paisaje, la fotografía sirve hasta para hacer un diálogo, pero la magia de la fotografía es el encuentro.

¿Y a partir del encuentro viene la intencionalidad?

Claro, a partir de ahí empieza todo a detonarse.

También ha mencionado que la verdad no existe en la fotografía, que es solamente un juego, ¿esto lo creía antes de volverse fotógrafo?

Antes de volverme fotógrafo no creía en nada, era muy jovencito, y para convertirme en fotógrafo me costó mucho tiempo aprender el hecho fotográfico, valorarlo. Yo hacía fotos, pero no sabía.

¿Cuál diría que ha sido la lección más importante que ha aprendido gracias a la fotografía?

La emocionalidad de la mirada. Entender que la mirada es emocional, única, independiente. Luego la matizamos a través del pensamiento, pero la mirada es independiente totalmente y cómo vemos a través de los ojos. La fotografía nos enseña a fragmentar lo que vemos, pero creo que sí, entender la emocionalidad de la mirada.

Usted también trabaja en vídeo, pero ¿en qué se diferencia su proceso creativo de trabajar en ese medio en comparación con la fotografía?

Nada que ver. La imagen se me da muy bien, pero el video lo que me obliga es a escribir primero un guion y escribir un guion siginifica sentarme en la soledad conmigo mismo para contar una historia y construir un ritmo que no pierda tensión, que sea circular, que sea hipnótico. La gente cree que tengo mucha facilidad y no es verdad, no la tengo. Lo que pasa es que soy un lector empedernido desde niño y, quiera o no, me ha dado una formación, entonces encontré que podía escribir guiones. Ese texto es lo que más me cuesta, donde más pánico siento, al escribir no me siento cómodo, tengo miedo. Luego la imagen es fácil.

¿En qué está trabajando ahora mismo?

Ahora estoy haciendo un trabajo dentro del Museo Nacional del Prado. He hecho una foto para el Museo del Prado y les ha gustado tanto que les he pedido permiso para entrar solo por las noches a trabajar dentro del museo. No tendré toda la libertad que quisiera tener, son sesiones limitadas, por la seguridad, todo tiene que ser adecuado, pero de momento me están dejando entrar. Les gustó tanto la foto que hice que la han empleado de cartel para la exposición de “12 Fotógrafos”. Al mismo tiempo continúo con mi trabajo fotográfico de toda la vida y con la moto.