“¿La Pipi, hembra o macho?”, un cuento de Carlos Santos
¿Quieres conocer la Pipi? La Pipi era el seudónimo con el que se daba a conocer aquel joven apuesto que enfrentaba una terrible guerra carnal en el interior de su cuerpo. Este muchacho luchaba en contra de los poderosos deseos y pasiones desenfrenadas de un cuerpo humano frágil. La concupiscencia alborotaba sus sentidos en cualquier momento y en cualquier lugar. Él disponía de doble personalidad. Había desarrollado habilidades sensoriales para disfrazar el momento y las circunstancias que se le presentaran. No escatimaba lo más mínimo para lograr sus objetivos.
Héctor Cortez era el nombre original de aquella extraviada y controvertida figura pública. La Pipi como popularmente se le conocía, tenía dones naturales que pocos en su medio conocían. Venía de una familia de clase media alta y con fuerte formación religiosa. Era hijo único de una abogada y un vice ministro del gobierno de turno. Ambos habían tenido un acercamiento por medio de servicios profesionales que la abogada le prestaba al vice ministro. En reiterados encuentros después de varias audiencias por la defensa de unas propiedades, la pareja se juntaba en diferentes lugares para conversar y analizar el caso en beneficio mutuo.
Después de la muerte de la madre de Héctor Cortez, el padre decidió dejarlo en un orfanato público abandonándolo a la suerte de la vida. El vice ministro había tomado esa decisión porque en realidad él tenía otra familia oculta, la cual la madre de Héctor Cortez nunca llegó a conocer en vida. El vice ministro nunca quiso saber mucho de Héctor, aunque siempre dijo presente en cuanto a todo lo que tenía que ver con lo económico. En realidad, la madre y el padre de Héctor Cortez no eran una pareja formalmente. Ambos se trataban más a nivel profesional que como pareja, pues no lo eran en verdad.
Con el paso del tiempo, Héctor Cortez desarrolló grandes habilidades como alumno de aquella Institución religiosa en donde fue dejado por su padre. Se destacó fuertemente en el desarrollo de las letras. A sus once años ya hacía composiciones breves y con un marcado interés literario y filosófico. Siempre cuestionaba a los religiosos de la Orden por la presencia de sus padres, de los cuales pocas noticias podían ofrecerle. La autoridad religiosa estaba muy ajena a lo que le había pasado a sus progenitores en verdad. Después que Héctor Cortez fue ingresado al convento, jamás sus padres regresaron. Esto fue un hasta siempre.
Cuando Héctor Cortez sale graduado del convento ya tenía muchos escritos, los cuales se hicieron muy célebres algún tiempo después de su muerte. Héctor sale al mundo en busca de lo que otros ya habían comenzado a buscar. Cómo ganarse la vida, cómo construir un futuro en un país con oportunidades, pero con grandes exigencias. Héctor había solicitado trabajo como publicista en un matutino de su ciudad natal. El trabajo que había conseguido era de medio tiempo, y lo que ganaba sólo le permitía a penas subsistir. En su afán por superarse y por desempeñarse en algún papel que mostrara todas sus dotes, decide trabajar en un Night Club.
Además del dinero que necesitaba, Héctor tenía mucha curiosidad en conocer cómo era el otro mundo que él aún ignoraba. Él había sido criado con restricciones y recelos moralistas, fue formado con ciertas limitaciones para un joven de su edad. En su mundo aún no existían todas las cosas que podían ver los jóvenes de su edad. Héctor en realidad no planeaba nada con trabajar en un Night Club, pero quien supiera de donde él venía, a lo mejor dudaría en que ese fuera un lugar adecuado para él. Héctor fue contratado con un salario pobre para trabajar como mesero en el último turno del Bar.
Ahora, Héctor Cortez comenzaba a hacerle frente a la vida con verdaderos retos a diario. Sus dos trabajos le demandaban gran dinamismo todos los días. Ser publicista significaba ser puntual, profesional, ordenado, dedicado entre otras exigencias que el oficio requería. Por otro lado, aunque un mesero en un Night Club también tenía sus exigencias, el desempeño del oficio era totalmente distinto. El medio nocturno le permitía a Héctor liberar a plenitud todo su ser. Su espíritu vagaba por las anchas sendas del placer sin tener temores a los prejuicios que limitaban la vida en la sociedad que pertenecía.
Cuando Héctor llegaba al Night Club cambiaba de oficio y el ambiente que se vivía allí lo invitaba a revertir radicalmente toda su compostura personal. Al inicio, él tuvo que enfrentar situaciones de muchas conjeturas, pues allí se escenificaban todos los tipos de situaciones con hombres buscando mujeres y mujeres buscando hombres. Al Night Club también se apersonaban otros tipos de clientes (gay y lesbianas), que por sus propinas y consumos, pues los hacían muy preferidos entre los meseros, bartenders y porteros. Estos clientes siempre buscaban a los de su mismo sexo.
Héctor encontró muchos tropiezos al inicio de su trabajo nocturno. Muchas veces pensaba que ese lugar no era de su mundo, ya que él había sido formado bajo una Orden religiosa y tenía ciertos temores del qué iban a decir de un exalumno religioso trabajando en un Bar de almas perdidas. Incluso, algunas mujeres en muchas ocasiones lo esperaban afuera para vociferarle palabras que tenían que ver con su antiguo Centro de formación religiosa. En esos momentos, Héctor había comenzado a sentir el peso de la doble vida. Eran muchos los que lo conocían como religioso, pero se extrañaban en verlo salir de un Night Club a altas horas de la madrugada.
Lo que en principio a Héctor le parecería fácil de ganarse un par de pesos más con los cuales pudiera honrar sus compromisos económicos en una sociedad consumista, ahora también le tocaba mirar las noches con mucho asombro por lo distinta que era la vida después de las 10:00 p.m. de la noche en un Night Club. En la medida que pasaban las noches, los nuevos shows se incrementaban. Los nuevos clientes se asomaban cada vez más en busca de presas frescas que las noches de los bares le ofrecían a merced de cualquier desliz o descontrol de unas cuantas copas de más fuera de lo establecido.
En la mañana siguiente, Héctor cumplía a cabalidad con todo su rol como publicista del matutino en su ciudad natal. En la noche, cumplía con su rol de mesero en el Night Club. Ese mismo día en la noche, en el Club se iban a presentar una serie de funciones de una compañía que ofrecía shows de travestis, y a Héctor, le fue asignado el trabajo de asistente en el camerino. Allí conoció el coordinador del programa, quien lo invitó a participar más activo en la función, a lo que Héctor sin titubear accedió inmediatamente. El coordinador del show habló con el jefe de Héctor para ocuparlo en las funciones, lo cual fue visto con mucho agrado.
Pero, de repente, Héctor sale vestido como uno más de los travestis, y cantando y bailando dejó el repertorio y la audiencia en estado de shock. Estaban todos anonadados por su actuación con el conjunto de travestis. Héctor tenía una voz impecable, y un timbre melódico y fuerte, con los cuales la audiencia se rindió a su presentación. Héctor tenía una voz totalmente afeminada, aquel que lo escuchaba, se imaginaba toda una dama fulgurante. El fiel devoto había roto con los esquemas religiosos. Ahora actuaba, cantaba y vestía como toda una mujer. Héctor había echado hacia afuera todo el ímpetu de un espíritu afeminado en libertad que lo hacían un miembro más de aquella compañía de shows de travestis.
Héctor interpretó cinco canciones de aquel famoso cantautor mexicano (Juan Gabriel), su set de canciones fue ininterrumpido, la ovación fue unánime y se le pedía otro y otro y otro...
Cuando su jefe supo la noticia, bajó unas escaleras y lo abrazó fuertemente agradecido por su maravillosa interpretación y le dijo! oye Héctor, pero, pero no sabía que cantabas tan bien! A ver, a ver...tienes un nuevo contrato conmigo desde hoy, ya no serás más un mesero...aleluya! Lleno de euforia y alegría se acercó también a Héctor el coordinador de la compañía de travestis y les dijo: yo sabía que en ese muchacho había un ser extraordinario y un tremendo talento, cuando lo vi, inmediatamente supe que era uno de los nuestros....! ayyy...Héctor tan bello que cantas! Damas y caballeros, hoy mismo bautizo a Héctor como uno de los nuestros y se llamara ``La Pipi´´Sí, la Pipi.
Y todo aquello se fue abajo, todo el mundo vociferaba, la Pipi, la Pipi, la Pipi...
Que cante, que cante, la Pipi, la Pipi...que cante, que cante, que cante...
A lo que tuvo que acceder plácidamente, e interpretó dos hits más del famoso cantautor mexicano (Juan Gabriel). El público se quedó de pies cantando a voz de coro con él dos famosas canciones del extinto artista mexicano. Cuando terminó dio las gracias por los aplausos y las manifestaciones de cariño y aceptación que había recibido de parte de aquella muchedumbre que se aglomeraba dentro y fuera del Bar.
Ahora todo había cambiado para Héctor, el cual había salido del closet como comúnmente se les dice a los que aceptan públicamente su condición de ser homosexual. A partir de aquella noche la noticia corrió como pólvora en el barrio, en la Orden de religiosos y en todas partes se comentaba: Héctor es gay, Héctor es homosexual...yo sabía que algo raro se le veía hasta en su caminar...mira eso, tanta religión para salir pájaro...que vaina...yo que pensaba que él era tan serio...ya no se puede creer en nadie...otros decían: ya no es Héctor, se llama la Pipi, sí la Pipi...eran las palabras de todos en cuanto le conocían.
En el trabajo de publicista lo habían denigrado por su condición de homosexual, y todos sus amigos le daban las espaldas, sentían vergüenza por lo sucedido en el Night Club la noche anterior. Por suerte no lo despidieron, pero no muy tardío renunció por el nivel de desprecio que tenía que soportar durante sus últimos días en aquella empresa. De ahora en adelante, la Pipi, o Héctor tenían que afrontar la vida de otra forma, pero él se sentía feliz y cómodo con su nueva vida, pues la llevaba oculta muy dentro de sí mismo desde hacía muchos años de religioso.
Andando el tiempo, la Pipi, usaba pelucas rubias, crespo, negras, y con pestañas postizas, vestidos ceñidos, tacones, carteras combinadas, perfumes exuberantes, etc...Se había hecho transformaciones físicas muy importantes; labios seductores, mejoró la nariz, se había puesto senos frondosos, cambió de sexo y se puso una vagina, los atributos de los pompis y las caderas fueron moldeados como toda una muñeca barby. Tenía los atributos que cualquier mujer alguna vez pudo soñar, incluso, hasta en proporciones destacadas.
La Pipi había alcanzado plena notoriedad en el mundo del arte, pues tenía condiciones artísticas excelentes; eso no detenía la avalancha de aceptaciones que arrastraba a través de las redes sociales, había creado su propia página web, y tenía una marca de ropa interior exclusiva para travestis, gay, strippers y aquellos que eran transexuales. Ya casi nadie lo llamaba por Héctor, sólo la Pipi, y trabajaba exclusivamente los sábados para el Night Club. Ahora tenía un contrato jugoso con Radio LGBT Music Entertainment, LTD. A la Pipi la fortuna le había sonreído, su situación económica había florecido.
La Pipi o de cariño (Héctor Cortez), había logrado fortuna con su nueva vida, sólo por ser gay y vivir como toda una mujer, le había conquistado los corazones a todo el País; además de que tenía excelentes condiciones artísticas, lo que contribuía a tener mayor carisma en el público de todas las edades. La Pipi estaba cobrando notoriedad en el extranjero, y ya le estaban llegando contratos de a seguidas y viajes frecuente a Miami, New York, España, México, Argentina, Brasil, Puerto Rico, y otros lugares en donde había sido promocionada.
Recuerdo que un día fuimos a ver la Pipi en Altos de Chavón junto al cantante chileno Franco, esa noche fue bestial. Los dos se adueñaron del escenario y no dejaron que la audiencia se calmara un solo segundo. Como artista, reconozco que la Pipi se llevara los mejores premios de la Revista Billboard al final de este año. Ya está como uno de los cantantes nacionales más vendidos en Estados Unidos y Europa. Se dice que ahora en diciembre, la Pipi va a dar varios conciertos gratuitos en todo el País para que aquellos que no han podido verla, pues tengan acceso totalmente gratis.
En uno de esos días felices, la Pipi muy glamorosa y con un vestido muy ostentoso se apersonó a la Orden religiosa a la cual él pertenecía y el jefe superior no le reconocía y le dijo: ¿Usted busca a alguien en especial? Y él le contestó, yo soy la Pipi Cortez. ¿No me conoces? El padre superior le contestó: ¡Oh...Dios! Pero, pero no lo creo. ¿Tú eres Héctor? Él le contestó: ¡Sí, yo era Héctor! O más bien, la Pipi, ahora soy la Pipi, aquél ya no existe más. Ahora me llaman la Pipi, soy la Pipi Cortez. Ya Héctor Cortez murió y a lo mejor su alma la lleva el Diablo. ¡Oh... Santísima Madre, santo sea el Señor! Pues, Bienvenido Pipi, Héctor o como te llames. Ya supe lo de tu vida. No te juzgo, Dios sabe todas las cosas...La Pipi con un nudo en la garganta le dijo: Gracias superior, llevaba ese ardid hace años por dentro y necesitaba liberarme de esos tormentos. El superior le contestó: no hay problemas Héctor, ah, perdón Pipi, anda y sé feliz, sé libre... él le contestó: Ya soy libre mi superior, me liberé de aquel macho, yo siempre había sido una hembra atrapada en cuerpo de un macho.
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