Defensores de la Naturaleza: amores que matan

Paloma coronita macho
Parque Zoológico, DN . Todo el mundo ama o cree amar a los animales y se considera defensor de la Naturaleza. Sin embargo, hay amores que matan, porque a veces sólo amamos el disfrute que la compañía de estos animales nos proporciona y somos capaces de someter a nuestra adorada mascota a las condiciones más terribles con tal de satisfacer nuestro generoso egoísmo. Si el animal que tenemos como mascota es un animal silvestre (ya sea cotorra, mono, iguana, etc..) el abuso es mayor, pues estos animales soportan muy mal el cautiverio hogareño y pueden ser peligrosos. Como se dice en inglés, "usted puede sacar al animal de su estado salvaje, pero no puede sacar el estado salvaje del animal".

Si alguien que lee este artículo se conmueve y decide liberar el animalito silvestre que tenía enjaulado, lamento decirle que el remedio puede ser peor que la enfermedad, ya sea nativo o importado el animal. Si es nativo, lo más probable es que muera, porque es incapaz de cazar o buscar su alimento y no sabe defenderse de los depredadores. Si sobrevive puede ser peor, ya que podría contagiar a los animales silvestres algunas de las enfermedades tan comunes en los ambientes domésticos. Si es extranjero, la tragedia puede ser mayor, pues además existe el riesgo de que se vuelva plaga para la agropecuaria o depredador de la fauna y la flora nativas.

Reintroducir animales a su ambiente natural es una tarea tan difícil y costosa que sólo se justifica cuando una especie está al borde de la extinción, y las causas del problema han sido controladas en donde se piensan liberar. Hay que tener un equipo técnico variado (biólogos, veterinarios, aviculturistas, manejadores) que conozcan los hábitos del animal en su ambiente natural y en cautiverio. El trabajo es intenso antes y después de la liberación, pues hay que manejar durante años a los animales y al ambiente en el que se liberaron. Ninguna restauración exitosa se logra en menos de 20 años. La recuperación del cernícalo de Mauricio (Falco punctatus), cuya población en 1974 era de dos parejas, tardó cerca de 30 años.

Para salvar la paloma coronita (Columba leucocephala) una especie nativa amenazada, en vez de criarlas en cautiverio para liberarlas, sería más provechoso invertir en un programa de estudio, manejo y conservación de los pocos bancos de anidamiento que aún ocurren en Los Haitises, Isla Saona y Parque Jaragua. Pero a los políticos liberar animalitos es más publicitario y atractivo.

Moraleja: no críe animales silvestres (monos, cotorras, tortugas, iguanas, flamencos) en cautiverio y, cuando se canse de ellos, en lugar de liberarlos llévelos a una institución calificada, como el Zoológico o el Acuario.

dulus@tricom.net