¿Desde cuándo Bebo está en la historia de la música?

Creó el ritmo "batanga" y fue uno de los pioneros de los 'jam session'

Bebo Valdés con su esposa Rosse Marie, fallecida en el 2012.

SANTO DOMINGO. Después de 30 años de silencio musical, Bebo Valdés tuvo una segunda vida. Fue un antes y un después. Ahora cayó finalmente el telón, pero desde hace tiempo estaba en la historia de la música latina.

Había partido de Cuba en 1960, con 44 años y tras recalar en México, pasó por Los Ángeles con Miguelito Valdés; luego por España (grabó dos álbumes con Lucho Gatica). Con la Havana Cuban Boys viajó por Inglaterra, Francia, Holanda, Alemania y Finlandia. En 1963 se estableció en Suecia, y trabajó con la orquesta Hatuey, agrupación sueca que tocaba música cubana. Allí conoció a una muchacha de 18 años, con quien se casó. Rosse-Marie se le adelantó en la partida el verano pasado.

En el anonimato

"No me gustaba el régimen... Por eso me fui y por eso no vuelvo", aseveró Bebo Valdés en una entrevista con la AP en el 2005. En Cuba pasaron generaciones que no le conocieron. El veto radial a su música duró hasta hace pocos meses, según apunta Efe. La agencia española afirmó que el gobierno cubano había echado a un lado las diferencias políticas con Bebo y que había lamentado su deceso. El fallecimiento apareció dos días después en el sitio Cubadebate y en la edición online de Granma y Granma Internacional.

Bebo Valdés, nacido en Quivicán, en 1918, fue el autor de los mambos "La rareza del siglo" compuesto en los años 40 para la orquesta de Julio Cueva, de la cual era pianista. Luego vinieron otros mambos y otros ritmos, como la batanga (de vida breve); y una huella imborrable en el jazz latino, siendo uno de los participantes principales de las descargas de jazz cuando era pianista de la orquesta de Tropicana, desde 1948 hasta 1957.

Según el sitio Ecured, Bebo lo narró así: "Una noche del mes de octubre de 1952, descansaba en cabaret de La Habana con miembros de la orquesta del Tropicana. Hay que saber que desde 1948, músicos cubanos, mexicanos o hasta estadounidenses se reunían los domingos por las tardes en el Tropicana para hacer descargas, en el curso de las cuales se mezclában jazz y ritmos cubanos. A veces las descargas se celebraban a las cuatro de la mañana, al terminar la función. El que las animaba era el percusionista Guillermo Barreto; habíamos recibido a Roy Haynes, Kenny Drew, Sarah Vaughan, Richard Davis y muchos otros músicos de paso; de hecho, todos los grandes nombres del jazz desfilaron por el Tropicana".

El regreso

El gran regreso de Bebo, luego de 30 años de silencio, fue de la mano de Paquito D'Rivera, quien lo redescubrió en 1994 con el álbum "Bebo rides again" que hizo que Trueba le echara el ojo para Calle 54 y El Milagro de Candeal. La historia lo regresó con El Cigala y ese clásico contemporáneo que es el álbum "Lágrimas negras".

"Mi vida cambió cuando conocí a Bebo Valdés. Fernando Trueba me mostró el primer corte de Calle 54 y cuando vi a Bebo, ese caballero, tocando ese piano, le dije, tengo que conocer a ese monstruo", dijo a Diario Libre, Diego El Cigala.

"Él lo dijo, cuando muera no quiero llantos. Háganme una fiesta", asegura El Cigala que dijo.

El velatorio

¿Cómo será su velatorio? Aún no se sabe. Sus hijos cubanos Chucho, Mayra, Miriam, Raúl y Ramón, y sus hijos suecos Raymond y Rickard, deben ponerse de acuerdo en cómo y cuándo será el entierro en Estocolmo. Suecia establece que debe ocurrir antes de los 30 días a partir del día de fallecimiento.

Dionisio Ramón Emilio Valdés Amaro, quien padecía de Alzheimer, era conocido como Bebo Valdés. Incluso su hijo Chucho lo llamaba -al menos en público así-, Bebo. Nunca se le escuchó llamarle papá. Fue sin embargo Chucho quien se mudó a Benalmádena (Málaga) para asumir su cuidado. Hace poco, ante el agravamiento, Raymond y Rickard determinaron trasladarlo a Suecia.

Quizás en sueco, Bebo signifique piano.