El arte de aprender a escuchar al organismo

Aquí algunas sugerencias para reaprender a nutrirnos

Comiendo despacio a lo mejor pueda escuchar la conversación entre el estómago y su cerebro.
Santo Domingo. En la entrega anterior presentamos las diferencias entre hambre y apetito y cómo la aparente "confusión" entre los términos ha acarreado problemas de alimentación y peso. Se planteaba además la necesidad de aprender a escuchar nuestro cuerpo y seguirlo en sus patrones normales.

En esta entrega hablaremos de cómo lograr escucharlo y re-educar los patrones de alimentación y conducta alrededor de la comida.

Las porciones arbitrarias y años de escuchar de nuestros padres el "tú no te paras hasta que limpies el plato", han condicionado a la gente para ignorar su habilidad innata de determinar cuándo ha tenido suficiente comida. Nos hemos acostumbrado a comer hasta terminar, porque sigue comida en el plato, y no porque realmente lo necesitemos. El proceso de re-aprendizaje puede tomar algo de tiempo. Veamos algunas sugerencias:

Coma despacio: su cerebro necesita unos 20 minutos para recibir el mensaje de que el cuerpo ha tenido suficiente.

No espere hasta desmayarse del hambre para comer. Planifique. Puede caer en la glotonería si espera a los mareos. A la gente que acostumbra saltar comidas le pasa eso. Si come regularmente tres comidas principales y meriendas entre ellas se asegura de no estar nunca ni muy lleno ni muy hambriento. No deje de recordar que lo importante es el total de calorías que consuma, no la cantidad de veces que coma.

Preste atención a cómo se siente y coma con consciencia. Comiendo despacio, tomándose su tiempo, a lo mejor pueda escuchar la conversación entre el estómago y su cerebro. Si no tiene tiempo para estas minucias propia de personas delicadas, coma con un cinturón apretado alrededor de la cintura. Cuando sienta que se ahogue, pare de comer. Realmente ha tenido suficiente.

Compre porciones que pueda comer. Para que tenga una idea de la relación entre el mercadeo y los patrones de alimentación, hace unos años atrás se publicó un estudio que verificaba la manera en que las personas usaban los productos según en tamaño en que se compraban. Se encontró que la mayoría de las personas usaban los productos más libremente cuando no están preocupados de cuándo se agotan o cuando el precio no es importante. Un ejemplo práctico: si el helado es su debilidad, no lo compre en empaque familiar, que se lo seguirá comiendo hasta que lo acabe.

En los restaurantes (sobre todo en los de comida rápida), aprenda a pensar en pequeño. Es cierto que por poca cantidad le doblan la comida, pero también le doblan las calorías y el peso y es tan difícil dejar las papitas....

Lleno pero... ¿no satisfecho? Esta puede ser la señal que le envía su cuerpo de que no ha comido balanceadamente. Cuando una comida es pesada en un nutriente y ligera en otros, puede que estemos llenos, aunque realmente no logramos sentirnos satisfecho. Esta puede ser la causa que explique por qué los regimenes alimenticios que eliminan grupos completos de alimentos no son efectivos a largo plazo.

Dietas y hambre

Los expertos en nutrición se han pasado años estudiando la relación de la biología y la psicología en la alimentación. Ellos encontraron que las personas que tienen una larga historia de hacer dietas pierden con el tiempo la habilidad de reconocer las pistas del cuerpo en torno al hambre. Y son las que esperan generalmente a caerse muertas antes de llevarse un bocado al morro. Estas son las mismas personas que más tarde fallan en la habilidad de reconocer cuándo están llenas y que olvidan que el cuerpo está programado desde siempre para sobrevivir a pesar de los malos hábitos.

Saben cómo le llamaron los científicos del estudio a esta incapacidad de recibir señales? "Indiferencia biológica". ¿Qué nos falta por oir?

Tortelinis a la crema

Ingredientes

(para 4 personas)

2 paquetes de tortelini

1 vaso de crema de leche

3 cucharadas de queso parmesano

1 cda. de mantequilla

una pizca de nuez moscada

sal y pimienta

Preparación:

Llenar una olla con abundante agua con sal y llevarla a ebullición. Vertir la crema de leche en un cazo pequeño, condimentarlo con una pizca de sal, pimienta y nuez moscada y calentarlo a fuego lento sin dejar hervir.

Introducir los tortelinis en la olla con el agua hirviendo y dejar cocer hasta el dente. Escurrir y trasladarlos a una fuente caliente. Añadir la mantequilla, mezclar y condimentar con la crema de leche y el parmesano rallado. Remover cuidadosamente, dejar reposar unos instantes y servirlos acompañado de más queso parmesano.

himilcetejada@hotmail.com