El secreto de sus ojos

Los actores Soledad Villamil y Ricardo Darín con el director Juan José Campanella.
SANTO DOMINGO. El cine argentino de vez en cuando nos sorprende con películas de original tema y creativos modos de narrar. Nada raro si se constata que provienen de una de las industrias americanas con mayor tradición y decidido apoyo estatal. El actual nivel de su producción le permite contar con productores, guionistas, actores y técnicos de proyección internacional, que constituyen la base para producir buenas películas. Cada cierto tiempo destaca alguna, como ésta, dirigida por Juan José Campanella, una de sus figuras emblemáticas, que de paso se llevó el premio Oscar a la Mejor Película Extranjera.

La historia y sus personajes

Ricardo Darín interpreta a Benjamín Espósito, un asistente judicial enamorado secretamente de su jefa, la joven y aristocrática abogada Irene Menéndez Hastings, papel a cargo de Soledad Villamil. Benjamín se involucra más de la cuenta en un feminicidio ocurrido en Buenos Aires, al establecer con el marido de la occisa un especial vínculo que le incitará a buscar la verdad a toda costa.

Su indagatoria le lleva al pasado provincial de la víctima y encuentra allí a su asesino; pero pese a obtener su confesión, éste es liberado por manos poderosas.


Son los tiempos de la represión política, la guerra sucia y el exterminio se inician, todo cambia para los personajes. Años más tarde, ya jubilado, Benjamín removerá el pasado intentando escribir una novela con los hechos, lo cual le enfrentará a sus propios temores y a un sorprendente desenlace del caso.


De la producción

El secreto de sus ojos. Argentina 2009. 127 minutos.

Dirección: Juan José Campanella

Guión: Juan José Campanella, basado en la novela "La pregunta de sus ojos" de Eduardo Sacheri

Fotografía: Félix Monti

Música : Federico Jusid, Emilio Kauderer

Intépretes:

Ricardo Darín

Soledad Villamil

Pablo Rago

Javier Godino

Guillermo Francella

José Luis Gioia

Carla Quevedo



La estructura y el guión

Uno de los aspectos más interesantes de esta historia es que se estructura tras un principio: el crimen no es individual, es social. En tal sentido, el guión logra condensar la historia reciente del país en un relato que lo contiene todo, desde el romance hasta la política, la risa y el llanto, en un magistral entramado narrativo.

Un muy elaborado guión nos lleva del presente al pasado y de lo imaginario a lo "real" de los personajes. La escritura además exigió proezas técnicas, como el espectacular plano secuencia que da inicio a la captura del asesino en un repleto estadio de fútbol. La veteranía del director consigue del montaje temporalidades que se adentran en la dimensión poética del cine, especialmente en la secuencia de inicio.

La puesta en escena

El esmerado trabajo de la dirección de arte consigue recrear los turbulentos años setenta hasta en sus menores detalles. Tribunales, bares, cafés y apartamentos, son los escenarios en que se realiza mayormente la puesta en escena, lugares comunes y desprovistos de encanto, pero fotografiados de un modo especial, dándole al filme un enfoque diferente.

Las actuaciones de Darín y Villamil convencen y emocionan. El trabajo con los personajes secundarios es de altura y destacan Guillermo Francella y Pablo Rago. Ayuda al resultado el excelente trabajo de maquillaje que otorga credibilidad al relato situado en diferentes épocas.

El secreto de sus ojos

En términos estrictamente narrativos, es extraño que el título del filme se refiera a los ojos de un personaje secundario, los del viudo, no los de la víctima como podría suponerse. Pero Campanella contaba con otros ojos, los de Darín; es así que la mirada del protagonista se transforma en la mirada del espectador y su rostro en primerísimo plano es más elocuente que cualquier diálogo o monólogo. Por que esta es una película de miradas, de cosas que no pueden nombrarse y de momentos que no pueden describirse con palabras, de allí su potencia narrativa que logra saltar fronteras.

Recomendable para conocer la capacidad del cine argentino, para ver a magníficos actores dirigidos por un maestro y saber de una parte de la historia, que a pesar del paso del tiempo no se puede olvidar.