Elsa Núñez, latidos de Ángel y el renacimiento desde el abstracto
SANTO DOMINGO. Elsa Núñez inaugura hoy su exposición individual número 54, en el Centro Mirador, bajo el título Los latidos de Ángel, un homenaje a su esposo, el actor, director teatral y artista plástico Ángel Haché, fallecido a los 72 años el pasado 1 de abril.
La Premio Nacional de Artes Plásticas recibió el 26 de octubre un merecido homenaje por parte de la Cámara de Diputados, ocasión en la que la presidenta de ese hemiciclo, Lucía Medina, le dio la bienvenida: “Doña Elsa, sea bienvenida a esta casa, donde valoramos y apreciamos su impresionante mural: homenaje a las hermanas Mirabal, en el que usted a través de su fuerza de su pintura, denuncia la vergüenza de aquel alevoso crimen cometido durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo”.
La muestra
La colección de obras que pueden verse colgadas desde hoy en las paredes del Centro Cultural Mirador de Santo Domingo incluye dos visiones distintas de la realidad: una, compuesta por seis lienzos desde su acostumbrado trazo figurativo, uno Pájaro herido, otro de la sombra a la luz y cuatro de la pequeña colección titulada Alfonsina y el mar, que el curador y crítico de arte Abil Peralta, quiso incluir en la exposición. Otra, la de la abstracción, eje central de la propuesta, conformada por un conjunto de 15 obras en grandes y medianos formatos, donde la artista revela una juventud creativa aguijoneada quizás por la angustia de la pérdida del amor de su vida, el hombre con quien compartió cuarenta y dos años: Ángel Haché.
Esos mundos brotados de sabe Dios qué remotos rincones del subconsciente, develan una cuidadosa preparación profesional, una cultura de la imagen forjada con años de ardua relación con los colores y las líneas.
Estos mundos, que la artista relaciona con lo ecológico y lo astral, tienen su fuente en los que habitan en los planos más profundos de la metafísica, es decir en lo más esencial de su mundo espiritual, donde los valores cromáticos adquieren nuevas lecturas.
Elsa Núñez, con este conjunto de obras en abstracto, crea paisajes, sensaciones, reestructuraciones del pensamiento, que evocan una plenitud creativa renovadora.
El admirador de la obra figurativa de la artista dominicana no debe llamarse a desaliento. En este conjunto hay un dramatismo contenido, una poesía estremecedora desde la misma sencillez, una tensión permanente entre planos que tal parecen diluirse en las tonalidades del oro, el terracota, el azul basáltico o el rojo vertical, que no hace más que acentuar, a la larga, esa voluntad de las formas consustancial hacia lo que ha sido lo más visto de su obra, hasta ahora. Con Los latidos de Ángel, Elsa renace.
SANTO DOMINGO. Elsa Núñez inaugura este jueves su exposición individual número 54, en el Centro Mirador, bajo el título Los latidos de Ángel, un homenaje a su esposo, el actor, director teatral y artista plástico Ángel Haché, fallecido a los 72 años el pasado 1 de abril.
La Premio Nacional de Artes Plásticas recibió el 26 de octubre un merecido homenaje por parte de la Cámara de Diputados, ocasión en la que la presidenta de ese hemiciclo, Lucía Medina, le dio la bienvenida: “Doña Elsa, sea bienvenida a esta casa, donde valoramos y apreciamos su impresionante mural: homenaje a las hermanas Mirabal, en el que usted a través de su fuerza de su pintura, denuncia la vergüenza de aquel alevoso crimen cometido durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo”.
La muestra
La colección de obras que pueden verse colgadas desde hoy en las paredes del Centro Cultural Mirador de Santo Domingo incluye dos visiones distintas de la realidad: una, compuesta por seis lienzos desde su acostumbrado trazo figurativo, uno Pájaro herido, otro de la sombra a la luz y cuatro de la pequeña colección titulada Alfonsina y el mar, que el curador y crítico de arte Abil Peralta, quiso incluir en la exposición. Otra, la de la abstracción, eje central de la propuesta, conformada por un conjunto de 15 obras en grandes y medianos formatos, donde la artista revela una juventud creativa aguijoneada quizás por la angustia de la pérdida del amor de su vida, el hombre con quien compartió cuarenta y dos años: Ángel Haché.
Esos mundos brotados de sabe Dios qué remotos rincones del subconsciente, develan una cuidadosa preparación profesional, una cultura de la imagen forjada con años de ardua relación con los colores y las líneas.
Estos mundos, que la artista relaciona con lo ecológico y lo astral, tienen su fuente en los que habitan en los planos más profundos de la metafísica, es decir en lo más esencial de su mundo espiritual, donde los valores cromáticos adquieren nuevas lecturas.
Elsa Núñez, con este conjunto de obras en abstracto, crea paisajes, sensaciones, reestructuraciones del pensamiento, que evocan una plenitud creativa renovadora.
El admirador de la obra figurativa de la artista dominicana no debe llamarse a desaliento. En este conjunto hay un dramatismo contenido, una poesía estremecedora desde la misma sencillez, una tensión permanente entre planos que tal parecen diluirse en las tonalidades del oro, el terracota, el azul basáltico o el rojo vertical, que no hace más que acentuar, a la larga, esa voluntad de las formas consustancial hacia lo que ha sido lo más visto de su obra, hasta ahora. Con Los latidos de Ángel, Elsa renace. l
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