HCP. - Hablando con el pediatra.
Infección por amebas
En nuestro medio es muy común que niños y adultos padezcan una y otra vez de amebiasis intestinal, una afección clínica que se caracteriza por diarrea muco-sanguinolenta, náuseas y vómitos, inapetencia, dolor, distensión abdominal y a veces fiebre.
Las amebas no son virus ni bacterias, son protozoarios, es decir, organismos unicelulares que son resistentes a los antibióticos habituales. El parasito se adquiere al consumir agua o alimentos contaminados con quistes de amebas.
Se estima que el 10% de la población mundial padece de amebas, pudiéndose afirmar que es una enfermedad de la pobreza o más bien de países no tan pobres, cuyos bienes son administrados y distribuidos de una manera perversa. Pues la cifra puede alcanzar hasta un 30% de poblaciones entre las que se encuentran las de República Dominicana, México, América Central, Sur América, la India y el Sudeste Asiático.
La mortalidad por amebiasis no es insignificante, pues es quizás después de la malaria la enfermedad parasitaria que más muertes produce en el mundo. Es una infección oral-fecal, ya que se adquiere por la boca y se elimina en forma de quistes por las heces fecales. La ameba histolítica llamada así porque puede producir lisis o destrucción del tejido intestinal con perforación y peritonitis, puede llegar al torrente sanguíneo y desde aquí alojarse en el hígado o el cerebro produciendo complicaciones muy severas.
Es una de las enfermedades que pone al desnudo las desigualdades sociales, ya que es propia de aquellos sectores donde no llega el agua potable, donde los alimentos son lavados y manipulados por personas de muy bajo nivel social que desconocen el peligro potencial de no lavarse las manos después de hacer sus necesidades y donde la educación no ha llegado a los padres ni a los hijos.
Por otra parte, es importante señalar que en la consulta pediátrica, donde asisten personas de clase media o media alta, es común tratar a los mismos niños de amebiasis intestinal reiteradas veces, lo que nos dice, que esos niños una vez curados vuelven al foco de infección que son sus hogares, el colegio, o la calle donde pueden adquirir la merienda contaminada. Parece ser que ya se han perdido los valores de nuestros padres y abuelos, que sin haber sido ricos, supieron enseñarnos a vivir en pulcritud, a vivir dignamente.
Puede hacer sus preguntas al pediatra al e-mail: marcosdiazguillén@gmail.com
Se estima que el 10% de la población mundial padece de amebas, pudiéndose afirmar que es una enfermedad de la pobreza o más bien de países no tan pobres, cuyos bienes son administrados y distribuidos de una manera perversa. Pues la cifra puede alcanzar hasta un 30% de poblaciones entre las que se encuentran las de República Dominicana, México, América Central, Sur América, la India y el Sudeste Asiático.
La mortalidad por amebiasis no es insignificante, pues es quizás después de la malaria la enfermedad parasitaria que más muertes produce en el mundo. Es una infección oral-fecal, ya que se adquiere por la boca y se elimina en forma de quistes por las heces fecales. La ameba histolítica llamada así porque puede producir lisis o destrucción del tejido intestinal con perforación y peritonitis, puede llegar al torrente sanguíneo y desde aquí alojarse en el hígado o el cerebro produciendo complicaciones muy severas.
Es una de las enfermedades que pone al desnudo las desigualdades sociales, ya que es propia de aquellos sectores donde no llega el agua potable, donde los alimentos son lavados y manipulados por personas de muy bajo nivel social que desconocen el peligro potencial de no lavarse las manos después de hacer sus necesidades y donde la educación no ha llegado a los padres ni a los hijos.
Por otra parte, es importante señalar que en la consulta pediátrica, donde asisten personas de clase media o media alta, es común tratar a los mismos niños de amebiasis intestinal reiteradas veces, lo que nos dice, que esos niños una vez curados vuelven al foco de infección que son sus hogares, el colegio, o la calle donde pueden adquirir la merienda contaminada. Parece ser que ya se han perdido los valores de nuestros padres y abuelos, que sin haber sido ricos, supieron enseñarnos a vivir en pulcritud, a vivir dignamente.
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