La arquitectura dominicana en vía contraria a las demandas climáticas
Arquitectos ven en la demanda del mercado el principal obstáculo para realizar proyectos de viviendas ecológicas
Aunque ha sido tema de debate de los últimos años, la arquitectura dominicana deja de lado las recomendaciones de edificaciones amigables con el medio ambiente, para encaminarse a un estilo totalmente cerrado y contrario a las demandas actuales. Los nuevos diseños que se exhiben en la ciudad dan forma a estructuras cada vez más demandantes de aquellos agentes contaminantes que tanto se busca reducir desde el ámbito nacional e internacional. La cantidad de torres que se levantan en la ciudad, cada vez de mayor altura y las pantallas de cristal cada vez más frecuentes y que aportan más calor a lo interno y externo, son, junto a la mala orientación de las edificaciones, el principal reflejo de una arquitectura que se dirige en dirección contraria. En ello coinciden varios arquitectos consultados, aunque defienden la existencia de proyectos aislados que cumplen en parte, con las normas ambientales actuales.
El arquitecto Emilio José Brea García, del Grupo Nueva Arquitectura, al igual que Erwin Cott, presidente de la Asociación de Arquitectos Dominicanos y Leyda Brea, directora de la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) coinciden en señalar la necesidad de planes estatales que incentiven la aplicación de una arquitectura más a favor del ambiente.
Para el arquitecto Brea García, las primeras acciones en ese sentido deben venir desde las universidades, las que entiende, deben destinar recursos a las investigaciones de nuevos usos de materiales y estudios de climatizaciones en la propuesta de diseño.
"Las universidades son las que tienen que tomar las medidas porque los arquitectos y su arquitectura son un producto mercadeable, que solo viene a suplir la demanda actual". Sostiene que el problema de la ciudad deriva de que los componentes de la arquitectura cara, que es la prevalece porque los pobres no pueden pagar los servicios de un arquitecto, son onerosos para el medio ambiente. Y pone como ejemplo la demanda cada vez más de aires acondicionados, las plantas de emergencias o el sistema de ascensores, que vienen a contaminar mucho más el medio ambiente.
"Los consejos de la ONU sobre el uso de lámparas y orientación de las viviendas para que se aminoren los efectos, son buenos y válidos, pero hay que entender que ya hay una arquitectura construida, y seguimos construyendo torres hasta de 55 niveles. Entonces no podemos coquetear con el peligro atento a la suntuosidad y la opulencia. Hay que ponerle freno a esa práctica porque esas obras demandan de la naturaleza y el ecosistema ambiental mucho más que todo el país entero". El arquitecto agrega que no es posible que un microsector, porque tenga todos los recursos económicos, se agencie todo el consumo y las agresiones al sistema ambiental inmediato sin que se le exija nada, mientras a otros sectores se les pone a apagar un bombillo o a sacar la basura en el momento en que pasan los camiones.
"Si las universidades, desde el punto de vista educativo, adicionaran a ese producto que sale y que se está viendo a disyuntivas diferentes a las que nos vimos los antes formados, deberán tener en cuenta no solo el cambio climático y lo que representa para las ciudades y campos, sino que tendrán la oportunidad de ir a los campos y a los barrios más desposeídos, donde está la gente que menos puede pagar una energía cara y dar alternativas de mejores viviendas de acuerdo a sus capacidades económicas".
Aunque tiene que admitir que no conoce de políticas generales tendentes a una reorientación del diseño arquitectoónico en relación con el clima, la profesora Leyda Brea defiende las acciones particulares de arquitectos que trabajan en esa línea. Destaca además el trabajo de la PUCMM, cuyo curriculum arquitectónico incluye tres asignaturas sobre la incidencia y las consideraciones climáticas que se deben tener y aportar a través de la arquitectura.
"Las materias se trabajan en temas de investigación, viajes a diferentes sitios del país donde hay ciertas condiciones de clima, para que los estudiantes manejen esos aspectos. Lo que buscamos es enfrentar a los jóvenes a esas situaciones para que lo sientan incluso en la piel, y luego tomen decisiones a nivel de proyecto", dice la educadora.
Pero la arquitecta no se niega a la realidad de una ciudad que presenta cada vez más torres escalada, pisos altos, sin posibilidad de funcionar ambientalmente solas.
"Lamentablemente hay acciones que van contrarias a las demandas actuales y no se puede negar porque lo vemos en cada avenida y cada esquina, pero sé también que hay acciones de algunos sectores que van por la línea correcta y es lamentable que las cosas buenas y positivas se ven y se comentan menos, pero sabemos que hay preocupación en el país por el tema y hay incluso villas con ventilación natural". Lamenta además que el mercado representa una camisa fuerte para la profesión, y que la actual demanda le exige a la arquitectura una serie de cosas que se combinan con la seguridad. "Tener por ejemplo una ventilación natural hay que estar abierto y ello significa poco control que a la vez se traduce en poca seguridad. Así que no se puede trabajar solo desde la arquitectura, sino que para enfrentar el calentamiento global hay que trabajar todo de forma integrada, porque los arquitectos podemos hacer experimentos muy interesantes, pero a la hora que hay que vender una oficina eso no cuenta".
Algunas acciones
Según recuerda el arquitecto Erwin Cott las acciones a favor de una arquitectura ecológica se iniciaron con el uso de paneles solares para dotar a las viviendas de una electricidad que hace menos daño a la naturaleza.
Este sistema de iluminación se trabaja desde dos ámbitos, uno que es parte de un plan remoto para llevar la electricidad a lugares donde no hay cableado.
El otro trata de proyectos de viviendas para personas de alto nivel económico que quieren ahorrar y ponen paneles de mayor capacidad a los antes mencionados que solo iluminan un par de bombillos y un televisor o radio.
Pero Cott reconoce que este sistema no es muy difundido en la capital por el alto costo que tiene. Como ejemplo de casas que tienen sistema de paneles, menciona la casa de Jarabacoa del expresidente Hipólito Mejía, que además consta de un molino eólico.
Otro ejemplo de arquitectura y ecología lo constituye el proyecto de viviendas de piedras del arquitecto Horacio Marranzini, el cual le mereció un premio durante la pasada Bienal de Arquitectura. De su lado el arquitecto Emilio Brea refiere el trabajo de algunas personas que han creado supuestas integraciones entre jardinería y paisajismo a las obras arquitectónicas, tratando de paliar o de hacer un equilibrio o elemento de compensación con el ambiente. Sin embargo, advierte, esto no quita que se siga lacerando, además de que son acciones muy particulares.
También la arquitecta Leyda Brea refiere varios proyectos de prácticas de estudiantes que se han enfocado en el tema de la vivienda ecológica. "Son proyectos que, aunque no se materializan, tratan de crear una conciencia crítica en el estudiante y que aunque parten de cosas elementales, dan resultados sorpredentes". Entre las acciones que se trabajan a nivel universitario menciona el trabajar con aire, la ventilación, para aprender a manejar y calcular el volumen de aire que entra por el tamaño de los espacios. La posición de las ventanas, la orientación del edificio en relación con el sol para aminorar el calor. Como ejemplo, dice que una fachada no debe ir hacia el oeste porque es muy caliente y en caso de que sea necesario recomienda usar materiales que sean absorbentes del calor como el ladrillo y no poner pantallas de vidrios porque van a calentar tanto para dentro como fuera de la edificación.
Coordenadas
Para la realización de un proyecto "amigable" con el medio ambiente los expertos recomiendan entre otras cosas tomar en cuenta las temperaturas, que en el caso de Santo Domingo están por encima de los 18 grados Celcius, y las precipitaciones, que fluctúan entre los 1,500 mm durante el año en el país. Se recomienda hacer un análisis de los meses de más calor, que en República Dominicana son de julio a agosto, mientras que los más frescos son de diciembre a febrero. La dirección de las radiaciones también es importante. Por ejemplo en el país, las fachada norte recibe radiación solar fuerte de junio a agosto, la sur durante todo el año, en tanto que las fachadas este y oeste reciben la misma cantidad de radiación aunque en horarios diferentes, de 6:00 a 11:00 de la mañana el este y del 1:00 a 6:00 de la tarde, el oeste. Las mayores temperaturas se registran de 12:00 a 5:00 de la tarde. La dirección de los vientos, que en el país predominan del norte y sureste, son imprescindibles para la buena ventilación.
Un proyecto bioclimático
Como parte de sus tareas universitarias, el estudiante Jesús Hernández de la PUCMM elaboró un proyecto de vivienda que cumpliera con las demandas climáticas.
Los lineamientos sobre los que debía trabajar se basaban en una casa existente de la ciudad de Santo Domingo, que se debía transformar en un prototipo bioclimatico que combinara técnicas para ahorro de energía y aumentara su confort aprovechando los recursos de iluminación y ventilación natural.
Teniendo como base unas temperaturas cuya máxima oscila entre los 28 y 32 grados, Hernández seleccionó una vivienda semi aislada en su cuadra, cuya cara no da ni al norte ni al sur plenamente, lo que le permite aprovechar los vientos diurnos y nocturnos. Juega además con la amplitud de los espacios, y la altura de la casa para ayudar más en la ventilación. En la pared de la parte este, donde dan las radiaciones de la mañana, el estudiante puso láminas orientables que pueden ser cerradas en casos de huracanes.
En la entrada de la casa también colocó chorros de agua para que el viento se refresque antes de entrar, además del uso de pérgolas y viguetillas que bloquean el sol. Usó además chimeneas de extracción de aire caliente que da a un techo tipo jardín que protege la vivienda del sol. En la fachada oeste coloca un gran vuelo para protegerla del sol. La verja perimetral siguió siendo de concreto para mantener la seguridad, pero se le hizo aperturas para que permitan el paso del aire. El piso de la marquesina se cambió por pastocreto, para así eliminar una fuente de almacenamiento de calor y a la vez propiciar más áreas verdes. También la escalera se hace abierta para permitir más ventilación e iluminación y en cada pared de la casa le hizo una abertura antes del techo para tener mayor iluminación y que sirviera como escape de salida de aire caliente.
"Las universidades son las que tienen que tomar las medidas porque los arquitectos y su arquitectura son un producto mercadeable, que solo viene a suplir la demanda actual". Sostiene que el problema de la ciudad deriva de que los componentes de la arquitectura cara, que es la prevalece porque los pobres no pueden pagar los servicios de un arquitecto, son onerosos para el medio ambiente. Y pone como ejemplo la demanda cada vez más de aires acondicionados, las plantas de emergencias o el sistema de ascensores, que vienen a contaminar mucho más el medio ambiente.
"Los consejos de la ONU sobre el uso de lámparas y orientación de las viviendas para que se aminoren los efectos, son buenos y válidos, pero hay que entender que ya hay una arquitectura construida, y seguimos construyendo torres hasta de 55 niveles. Entonces no podemos coquetear con el peligro atento a la suntuosidad y la opulencia. Hay que ponerle freno a esa práctica porque esas obras demandan de la naturaleza y el ecosistema ambiental mucho más que todo el país entero". El arquitecto agrega que no es posible que un microsector, porque tenga todos los recursos económicos, se agencie todo el consumo y las agresiones al sistema ambiental inmediato sin que se le exija nada, mientras a otros sectores se les pone a apagar un bombillo o a sacar la basura en el momento en que pasan los camiones.
"Si las universidades, desde el punto de vista educativo, adicionaran a ese producto que sale y que se está viendo a disyuntivas diferentes a las que nos vimos los antes formados, deberán tener en cuenta no solo el cambio climático y lo que representa para las ciudades y campos, sino que tendrán la oportunidad de ir a los campos y a los barrios más desposeídos, donde está la gente que menos puede pagar una energía cara y dar alternativas de mejores viviendas de acuerdo a sus capacidades económicas".
Aunque tiene que admitir que no conoce de políticas generales tendentes a una reorientación del diseño arquitectoónico en relación con el clima, la profesora Leyda Brea defiende las acciones particulares de arquitectos que trabajan en esa línea. Destaca además el trabajo de la PUCMM, cuyo curriculum arquitectónico incluye tres asignaturas sobre la incidencia y las consideraciones climáticas que se deben tener y aportar a través de la arquitectura.
"Las materias se trabajan en temas de investigación, viajes a diferentes sitios del país donde hay ciertas condiciones de clima, para que los estudiantes manejen esos aspectos. Lo que buscamos es enfrentar a los jóvenes a esas situaciones para que lo sientan incluso en la piel, y luego tomen decisiones a nivel de proyecto", dice la educadora.
Pero la arquitecta no se niega a la realidad de una ciudad que presenta cada vez más torres escalada, pisos altos, sin posibilidad de funcionar ambientalmente solas.
"Lamentablemente hay acciones que van contrarias a las demandas actuales y no se puede negar porque lo vemos en cada avenida y cada esquina, pero sé también que hay acciones de algunos sectores que van por la línea correcta y es lamentable que las cosas buenas y positivas se ven y se comentan menos, pero sabemos que hay preocupación en el país por el tema y hay incluso villas con ventilación natural". Lamenta además que el mercado representa una camisa fuerte para la profesión, y que la actual demanda le exige a la arquitectura una serie de cosas que se combinan con la seguridad. "Tener por ejemplo una ventilación natural hay que estar abierto y ello significa poco control que a la vez se traduce en poca seguridad. Así que no se puede trabajar solo desde la arquitectura, sino que para enfrentar el calentamiento global hay que trabajar todo de forma integrada, porque los arquitectos podemos hacer experimentos muy interesantes, pero a la hora que hay que vender una oficina eso no cuenta".
Algunas acciones
Según recuerda el arquitecto Erwin Cott las acciones a favor de una arquitectura ecológica se iniciaron con el uso de paneles solares para dotar a las viviendas de una electricidad que hace menos daño a la naturaleza.
Este sistema de iluminación se trabaja desde dos ámbitos, uno que es parte de un plan remoto para llevar la electricidad a lugares donde no hay cableado.
El otro trata de proyectos de viviendas para personas de alto nivel económico que quieren ahorrar y ponen paneles de mayor capacidad a los antes mencionados que solo iluminan un par de bombillos y un televisor o radio.
Pero Cott reconoce que este sistema no es muy difundido en la capital por el alto costo que tiene. Como ejemplo de casas que tienen sistema de paneles, menciona la casa de Jarabacoa del expresidente Hipólito Mejía, que además consta de un molino eólico.
Otro ejemplo de arquitectura y ecología lo constituye el proyecto de viviendas de piedras del arquitecto Horacio Marranzini, el cual le mereció un premio durante la pasada Bienal de Arquitectura. De su lado el arquitecto Emilio Brea refiere el trabajo de algunas personas que han creado supuestas integraciones entre jardinería y paisajismo a las obras arquitectónicas, tratando de paliar o de hacer un equilibrio o elemento de compensación con el ambiente. Sin embargo, advierte, esto no quita que se siga lacerando, además de que son acciones muy particulares.
También la arquitecta Leyda Brea refiere varios proyectos de prácticas de estudiantes que se han enfocado en el tema de la vivienda ecológica. "Son proyectos que, aunque no se materializan, tratan de crear una conciencia crítica en el estudiante y que aunque parten de cosas elementales, dan resultados sorpredentes". Entre las acciones que se trabajan a nivel universitario menciona el trabajar con aire, la ventilación, para aprender a manejar y calcular el volumen de aire que entra por el tamaño de los espacios. La posición de las ventanas, la orientación del edificio en relación con el sol para aminorar el calor. Como ejemplo, dice que una fachada no debe ir hacia el oeste porque es muy caliente y en caso de que sea necesario recomienda usar materiales que sean absorbentes del calor como el ladrillo y no poner pantallas de vidrios porque van a calentar tanto para dentro como fuera de la edificación.
Coordenadas
Para la realización de un proyecto "amigable" con el medio ambiente los expertos recomiendan entre otras cosas tomar en cuenta las temperaturas, que en el caso de Santo Domingo están por encima de los 18 grados Celcius, y las precipitaciones, que fluctúan entre los 1,500 mm durante el año en el país. Se recomienda hacer un análisis de los meses de más calor, que en República Dominicana son de julio a agosto, mientras que los más frescos son de diciembre a febrero. La dirección de las radiaciones también es importante. Por ejemplo en el país, las fachada norte recibe radiación solar fuerte de junio a agosto, la sur durante todo el año, en tanto que las fachadas este y oeste reciben la misma cantidad de radiación aunque en horarios diferentes, de 6:00 a 11:00 de la mañana el este y del 1:00 a 6:00 de la tarde, el oeste. Las mayores temperaturas se registran de 12:00 a 5:00 de la tarde. La dirección de los vientos, que en el país predominan del norte y sureste, son imprescindibles para la buena ventilación.
Un proyecto bioclimático
Como parte de sus tareas universitarias, el estudiante Jesús Hernández de la PUCMM elaboró un proyecto de vivienda que cumpliera con las demandas climáticas.
Los lineamientos sobre los que debía trabajar se basaban en una casa existente de la ciudad de Santo Domingo, que se debía transformar en un prototipo bioclimatico que combinara técnicas para ahorro de energía y aumentara su confort aprovechando los recursos de iluminación y ventilación natural.
Teniendo como base unas temperaturas cuya máxima oscila entre los 28 y 32 grados, Hernández seleccionó una vivienda semi aislada en su cuadra, cuya cara no da ni al norte ni al sur plenamente, lo que le permite aprovechar los vientos diurnos y nocturnos. Juega además con la amplitud de los espacios, y la altura de la casa para ayudar más en la ventilación. En la pared de la parte este, donde dan las radiaciones de la mañana, el estudiante puso láminas orientables que pueden ser cerradas en casos de huracanes.
En la entrada de la casa también colocó chorros de agua para que el viento se refresque antes de entrar, además del uso de pérgolas y viguetillas que bloquean el sol. Usó además chimeneas de extracción de aire caliente que da a un techo tipo jardín que protege la vivienda del sol. En la fachada oeste coloca un gran vuelo para protegerla del sol. La verja perimetral siguió siendo de concreto para mantener la seguridad, pero se le hizo aperturas para que permitan el paso del aire. El piso de la marquesina se cambió por pastocreto, para así eliminar una fuente de almacenamiento de calor y a la vez propiciar más áreas verdes. También la escalera se hace abierta para permitir más ventilación e iluminación y en cada pared de la casa le hizo una abertura antes del techo para tener mayor iluminación y que sirviera como escape de salida de aire caliente.
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