Las industrias culturales y su futuro dominicano
El disco, el espectáculo, las artesanías, las artes plásticas, los audiovisuales, entre otros productos, pueden aportar a la economía
SANTO DOMINGO. Todo depende de las leyes que el país sea capaz de darse a sí mismo para defender sus intereses en un mundo globalizado donde las fronteras desaparecen y los tratados comerciales con países poderosos están a la orden del día. En las industrias culturales esto es medular, aunque algunos teóricos se opongan al proteccionismo local en esta esfera.
El director de cine y televisión argentino Octavio Getino, ha escrito, sin embargo, en la revista de cultura Pensar Iberoamérica, de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura, que "el proteccionismo de los poderes públicos requiere ser incrementado cada vez más, para responder a los desafíos de una competencia internacional inequitativa y a una incapacidad de los empresarios y gobiernos locales para superar el esquema defensista".
En República Dominicana
En esta media isla, rica y autosuficiente en cuanto a identidad y propuestas culturales, casi todo está por hacer en el ámbito de las industrias culturales. Tomemos como ejemplo el producto nacional más conocido en el mundo: el merengue.
Falta una política puntual ensamblada a través de una agencia promotora y comercializadora de la música dominicana, que desde el Estado, léase Secretaría de Cultura, armada de un catálogo y de relaciones comerciales y contractuales con importantes empresarios del mundo, sea capaz de organizar giras artísticas que promuevan sus productos musicales y obtener ganancias que cumplan su parte con los artistas, promueva los valores del país y permita que parte de esas ganancias sean dirigidas a engrosar los fondos de la enseñanza artística o del desarrollo de proyectos comunitarios, por ejemplo.
La calidad de la producción artesanal lograda por los hermanos Guillén, por ejemplo, una empresa privada familiar, que ha desarrollado una especie de marca, sirve de ejemplo de lo que el estado podría desarrollar en distintos ámbitos del arte.
Los productos artesanales de los hermanos Guillén se ofertan en distintos puntos de venta del país, pero también por Internet y además de eso, han sido capaces de meterse en el negocio del diseño de interiores en hoteles y resorts a lo largo y ancho de la geografía dominicana. Otro ejemplo loable, es el de El Artístico, quien ha logrado un altísimo nivel de calidad y maestría en sus producciones sobre metales.
Otra posibilidad está en la comercialización de artes plásticas, tanto dentro como fuera del país, de un catálogo que pudiese conformarse por parte de la galería de arte de la SEC que lleva el nombre de Ramón Oviedo, con jóvenes artistas de la mayor calidad, que a la vez que sirva para la promoción de estos, pueda invertir las ganancias de dicha galería en la escuela de artes plásticas de Bellas Artes.
Por ese mismo camino, dentro del teatro, el cine y los audiovisuales, los actores, técnicos, espacios, tecnología y demás, pueden convertirse en entes productores para la economía de la cultura. Para todo ello hace falta, no solamente una política cultural dirigida hacia ello, como intento hacerlo en sus inicios, hace cuatro años, la cartera de la SEC.
Faltan comprensión del asunto desde las más altas esferas del Estado y un marco legal que acabe de despertar del sueño congresional, pues como dice Getino hay que "proteger el desarrollo de tales derechos e intereses en los diversos campos de la cultura y, en particular, en las industrias que la representan, sea regulando las actividades con el fin de garantizar una competencia justa entre la producción local y las transnacionales, e inclusive produciendo desde el Estado mismo, según las circunstancias de cada país, aquellos bienes y servicios que no son satisfechos por el sector privado, y que son indispensables para el desarrollo y el bienestar de la comunidad".
Talón de Aquiles
En las industrias del audiovisual y, de manera más particular aún, a la industria del cine. Sobre ésta los gobiernos de la mayor parte de la región concentran su política proteccionista. Aquí la Ley del Cine, entre otras, esperan su fila en el Congreso.
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