Las rolitas: simulación en la lucha por continuar la vida
Santo domingo. Les contaba la semana pasada que Mima, la rolita de nuestra historia, quiso hacer su nido en una mata de cacao y el macho, que tenía un ala herida, no podía llevarle el material para hacer el nido. Como Mima no me temía, probé si aceptaba que yo le entregara el material. Le puse una ramita sobre el lomo, como hacen los machos silvestres y no sólo aceptó la colaboración, tomando la ramita y colocándosela debajo, sino que respondió con un temblor en las alas, como responden las hembras cuando los machos le llevan el material.
Como sabía que los machos llevan ramitas de diferentes tamaños al construir las diferentes capas del nido (ramitas fuertes en la base y luego cada vez más delgadas hasta coronar el nido con briznas suaves donde descansarán los huevos y después los pichones), respeté la misma sucesión natural y en algo más de un día, entre Mima y yo habíamos terminado el nido.
Cuando Mima puso el primer huevo, surgió una nueva dificultad. En las rolitas, como en casi todas las palomas, la incubación comienza inmediatamente después de la postura del primer huevo; pero los machos incuban durante el día y, como Bahoruco no podía volar, a las ocho de la mañana ya daba saltitos tratando de subir al nido. Por razones obvias, yo no podía sustituirlo en su oficio de incubador. Se me ocurrió hacer una escalerita como las que usan las gallinas para subir al dormidero.
El invento funcionó y a partir de entonces Bahoruco subía al nido, aunque con gran dificultad, y así cumplía sus obligaciones de incubación. El descenso era más aparatoso pero mucho más fácil: se dejaba caer batiendo sus alas asimétricas para mitigar la brusquedad de la caída, mientras las hojas de cacao que había en el suelo amortiguaban el impacto del golpe.
El segundo huevo fue puesto al tercer día y el primer polluelo nació 12 días después. El período de incubación de las aves que hacen nidos en forma de copa, que son muy expuestos a los depredadores, es generalmente corto. Lo mismo sucede con el tiempo que tardan en abandonar el nido. Los primeros polluelos de Mima, por ejemplo, volaron del nido a los diez días. Las aves que construyen nidos abiertos no se pueden dar el lujo de un lento desarrollo. Los polluelos de cotorra, en cambio, cuyo nido es una cavidad protegida en el tronco de un árbol, lo abandonan a los 60 días.
Cada mañana pesaba y medía los polluelos. Son datos muy importantes: se anota la fecha en que abren los ojos y los oídos, cuándo asoman las plumas de las alas y la cola, cuándo desaparece el "diente" del pico, con el que los pichones rompen el cascarón, y el día en que abandonan el nido. Cuando me acercaba al nido, se daba siempre el mismo espectáculo. Esta es la parte de la historia que más le gusta a Silvia.
Mima se tiraba al suelo fingiendo que no podía volar como si tuviera un ala rota. Es una estratagema que usan muchas aves para alejar a los intrusos del nido. Cuando veía que yo no le hacía caso, se me echaba casi en los pies y seguía con su teatro. Esta actuación resulta tan convincente, que he oído a gente del campo atribuirla al entumecimiento: creen que de verdad no pueden volar por el tiempo que han pasado echados en el nido.
Pero lo que le produce más risa a Silvia es ver a los polluelos defecar, reculando hasta que la zona anal toca el borde del nido, expulsando las heces fuera para no ensuciarlo.
Mima y Bahoruco tuvieron varias camadas de pichones, los cuales liberé en el Jardín Botánico. Por eso, siempre que veo una rolita en el Jardín Japonés o en la Gran Cañada, me pregunto si no será uno de los parientes de Mima.
El invento funcionó y a partir de entonces Bahoruco subía al nido, aunque con gran dificultad, y así cumplía sus obligaciones de incubación. El descenso era más aparatoso pero mucho más fácil: se dejaba caer batiendo sus alas asimétricas para mitigar la brusquedad de la caída, mientras las hojas de cacao que había en el suelo amortiguaban el impacto del golpe.
El segundo huevo fue puesto al tercer día y el primer polluelo nació 12 días después. El período de incubación de las aves que hacen nidos en forma de copa, que son muy expuestos a los depredadores, es generalmente corto. Lo mismo sucede con el tiempo que tardan en abandonar el nido. Los primeros polluelos de Mima, por ejemplo, volaron del nido a los diez días. Las aves que construyen nidos abiertos no se pueden dar el lujo de un lento desarrollo. Los polluelos de cotorra, en cambio, cuyo nido es una cavidad protegida en el tronco de un árbol, lo abandonan a los 60 días.
Cada mañana pesaba y medía los polluelos. Son datos muy importantes: se anota la fecha en que abren los ojos y los oídos, cuándo asoman las plumas de las alas y la cola, cuándo desaparece el "diente" del pico, con el que los pichones rompen el cascarón, y el día en que abandonan el nido. Cuando me acercaba al nido, se daba siempre el mismo espectáculo. Esta es la parte de la historia que más le gusta a Silvia.
Mima se tiraba al suelo fingiendo que no podía volar como si tuviera un ala rota. Es una estratagema que usan muchas aves para alejar a los intrusos del nido. Cuando veía que yo no le hacía caso, se me echaba casi en los pies y seguía con su teatro. Esta actuación resulta tan convincente, que he oído a gente del campo atribuirla al entumecimiento: creen que de verdad no pueden volar por el tiempo que han pasado echados en el nido.
Pero lo que le produce más risa a Silvia es ver a los polluelos defecar, reculando hasta que la zona anal toca el borde del nido, expulsando las heces fuera para no ensuciarlo.
Mima y Bahoruco tuvieron varias camadas de pichones, los cuales liberé en el Jardín Botánico. Por eso, siempre que veo una rolita en el Jardín Japonés o en la Gran Cañada, me pregunto si no será uno de los parientes de Mima.
En portadaVer todos
Presidente del TC aclara que ellos no crearon la figura de las candidaturas independientes
Estados Unidos inicia el despliegue de 1,500 soldados activos a la frontera con México
Evacuan a más de 20 adultos mayores por conato de incendio en asilo de Moca
Trump regresa a Davos de forma virtual para el Foro Económico Mundial