Latidos, de Jorge Adrados
Descubrir a un artista significa siempre un reto. Por más que lo recomiende un amigo y persona de alta confianza estética, sentimos curiosidad y duda. Cuando en la Zona Colonial entramos con Freddy Ginebra al taller de Jorge Adrados y vimos varias de sus obras, sencillamente colocadas en el piso, el descubrimiento se volvió revelación. Fue lo que llamamos ‘golpe de corazón'.
De inmediato, esas pinturas abstractas y líricas ejercieron su seducción. Eran superficies cromáticas de las cuales se desprendían energía y plenitud, donde el pigmento exaltaba su valor emocional. En cada tela, sea cual sea su formato, la multiplicación de los tonos creaba un ambiente a la vez rico y estremecedor, haya una, dos o más gamas de color. Obviamente, teníamos por delante a una expresión informal, sin líneas, sin contornos: no obstante una lectura participante se proponía, se mortificaba, se renovaba, a medida que íbamos avanzando y aproximándonos a la formulación pictórica de Jorge Adrados.
Inducimos muy pronto que todas esas armonías no se limitaban a la casualidad, a una paleta entusiasta, a pinceladas en movimiento. Y así lo comprobamos: un proceso riguroso, una disciplina incansablemente reiterada llevan a ese resultado fascinante. Son decenas de capas acrílicas y, entre cada una, Jorge Adrados lava con agua corriente el lienzo, cual necesaria purificación... Hasta que él considere haber alcanzado la vitalidad... o la vida buscada.
¿Oficio y experiencia, intuición y sentimiento? Poco importa... Lo que el artista llama ‘natural', sin titular ninguno de sus cuadros, nosotros lo acogemos como paisajes interiores, huellas evanescentes, estados anímicos de la melancolía a la alegría y la pasión. Pocas veces hemos encontrado una pintura abstracta tan sugerente y sobre todo que propicia una fruición tan espiritual como sensorial. ¡Enhorabuena, Jorge, en su exposición en Casa de Teatro!
¿Oficio y experiencia, intuición y sentimiento? Poco importa... Lo que el artista llama ‘natural', sin titular ninguno de sus cuadros, nosotros lo acogemos como paisajes interiores, huellas evanescentes, estados anímicos de la melancolía a la alegría y la pasión. Pocas veces hemos encontrado una pintura abstracta tan sugerente y sobre todo que propicia una fruición tan espiritual como sensorial. ¡Enhorabuena, Jorge, en su exposición en Casa de Teatro!
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