Los bosques naturales reducen el impacto de los huracanes

A veces la velocidad de los vientos de un huracán no es lo que determina la magnitud de los daños que causa

La naturaleza se cobra los daños que le provoca la mano del hombre.
Santo Domingo. La evolución de los seres vivos que habitan la región del Caribe está marcada por el efecto de los huracanes (palabra taína incorporada a casi todas las lenguas indoeuropeas), cataclismos naturales que nos azotan cada año con una periodicidad devastadora, dejando a su paso una secuela de muerte y destrucción. También la naturaleza es impactada por la fuerza incontrolable de los huracanes.

Sin embargo, es imposible medir el efecto de los ciclones sobre las poblaciones humanas y los ecosistemas naturales sin tomar en cuenta el efecto de otras variables. "interacción de variables" llaman los expertos en investigación científica a este fenómeno, caracterizado porque el efecto de una variable puede variar si intervienen otros factores. Sabemos cuando hay interacción de variables si al preguntar sobre los efectos de una variable la respuesta que recibimos es "depende". Por ejemplo, si preguntamos a una mujer ¿Se casaría usted con un ingeniero? La respuesta sería seguramente "depende". Lo que quiere decir que para escoger un buen marido, la variable "profesión del candidato" no basta. Habría que tomar en cuenta otras variables interactuantes como aspecto físico, personalidad, condición económica, edad…

Lo mismo sucede con el efecto de los huracanes. Si alguien me preguntara si la velocidad de los vientos de un huracán es lo que determina la magnitud de los daños que causa, mi respuesta sería un rotundo "depende", pues hay que tomar en cuenta muchas otras variables. En ocasiones un huracán categoría 3 causa más estragos en un país pobre, que los que causaría un ciclón categoría 5 en un país desarrollado, debido a la precariedad de las viviendas, la ausencia de planes preventivos y la escasez de personal y equipos para de socorro.

Otro tanto podría decirse sobre el efecto de estos fenómenos en la naturaleza. Mientras más deforestado y degradado se encuentre un bosque, mayores serán los daños que causará el huracán. En un recorrido que hiciéramos tres meses después del huracán David por el cauce del río Nizao, descubrimos que en los bosques naturales (que ya se habían recuperado) "David" no había dejado huellas. En cambio, las áreas donde la intervención humana era muy grande, lucían erosionadas y con poca vegetación.

Luego del huracán Georges, las calles del Parque Zoológico resultaron bloqueadas por decenas de árboles derribados por el viento. El 90 % eran árboles extranjeros como la casuarina (el funesto pino australiano abundante en el Mirador) y la acacia amarilla. Sin embargo, los bosques secundarios naturales apenas perdieron las hojas y antes de los tres meses lucían totalmente recuperados. Las lianas o bejucos juegan un papel estelar en estas circunstancias, pues enlazan los árboles unos con otros haciendo los bosques más densos y resistentes a los vientos huracanados, algo con lo que no cuentan los bosques artificiales y las plantaciones.

Los huracanes siempre van acompañados de inundaciones que son las responsables de grandes pérdidas humanas y materiales. La eliminación de los humedales y los manglares, que absorben el exceso de agua y moderan los embates del mar, contribuye a que haya más inundaciones y sea mayor el impacto de las olas. La naturaleza nos cobra, más temprano que tarde, los daños que de manera sostenida y despiadada le infligimos. Los cataclismos naturales funcionan como una inspección divina y los efectos de su furia son siempre proporcionales a los daños que hayamos hecho a nuestra madre Tierra.

Efectos

Las lianas o bejucos enlazan los árboles haciendo los bosques más resistentes a los vientos huracanados. Mientras más daño hayamos hecho a la naturaleza, mayores serán los efectos dañinos del huracán.

guerrero.simon@gmail.com