María Ugarte
"Me falta aprender inglés y entender el béisbol"
Dos mujeres han ganado el premio nacional de Literatura. Hilma Contreras, es la otra. María Ugarte recogió a sus 92 años el máximo galardón que un escritor dominicano recibe en su patria. Porque… ¿quién dice a estas alturas que Doña María Ugarte no es dominicana?
No debe ser fácil Patrimonio Cultural Viviente de la República Dominicana. Ese título es aconsejado por la UNESCO en diferentes países, para poner en relieve el patrimonio cultural, pero suena tan importante y rimbombante que no cuadra con esta figura frágil y encantadora de Doña María. Una española que llegó hace 66 años al país.
¿Una española es el patrimonio cultural de RD?
Si, pero yo soy muy dominicana. Imagínate, salí de España con 26 años, y ya soy mucho más dominicana que española. Y realmente no he salido de aquí más que por viajes turísticos, de manera que soy dominicana 100%.
De corazón y casi de acento?
Bueno, dicen que todavía conservo el acento español, porque no he querido perderlo, pero con una entonación y vocabulario muy dominicanos. El vocabulario sobretodo, si no, no me entenderían. Sin embargo, en Espana no me reconocen exactamente, y eso que soy castellana, y me preguntan de que país de América provengo.
¿Este premio significa que finalmente el genero crítico y la investigación histórica queden reivindicadas en este premio?
Para mí es lo más grande en material de premios aquí eso es indiscutible, porque se da no solo por el trabajo en sí sino por toda una vida de trabajo. Fue muy sorprendente para mi, porque nunca escuché mi nombre, no sonó nada. Había sonado hace unos dos años, pero se discutió porque se decía que una persona que no se dedicaba completamente a la literatura de imaginación o ficción, narrativa o poesía... pero se debió discutir tanto que se cambiaron las bases del concurso y finalmente el genero critico, la investigación histórica y el periodismo fueron reivindicados.
Y qué opina de esta inclusión, ¿piensa que había sido un gran olvido?
Realmente siempre se daba a personas que habían sido cuentistas o narradores, pero existía un grupo que había hecho periodismo, investigación, historia... aspectos que quedaban de lado y no tenían ningún otro premio. Porque si hubiera existido un premio paralelo, hubiera sido otra cosa.
El apoyo de sus compañeros del ámbito cultural ha sido unánime… Se habla de que por fin se ha hecho justicia.
Yo digo que no es tanto por lo que valgo sino porque he estado mucho tiempo trabajando, pero me siento muy querida por mis compañeros. Y no es una sola generación la que ha votado sino generaciones más jóvenes también.
¿Con el periodismo se puede hacer literatura?
Por supuesto que sí. Escribir bien un reportaje es literatura. Habrá quien diga que es periodismo literario, pero es literatura, al fin y al cabo, y muchos reportajes se escriben como quien escribe un cuento, eso es indiscutible. Y creo que tiene más valor o mérito.
¿Por qué?
Porque se basan en hechos reales y por lo tanto reflejan momentos históricos, decisivos en la vida de un pueblo, y lo otro es producto de la imaginación de un individuo. Creo que la realidad es muy importante, y si a ésta se la da un aspecto literario, escribiéndolo con el mismo estilo, gusto o perfección que un cuento o un ensayo, también hay que considerarlo como literatura, y literatura de mayor valor. Quizás yo soy tan entusiasta de la historia que siempre creo que la historia está por encima de todo. Pero es que desde muy joven me dediqué a la investigación histórica, desde España. Mi carrera fue la de Filosofía y Letras, sección de Ciencias Históricas.
Salió de España por razones políticas, ¿por qué razón eligen RD?
Salí de España en el 37 hacia Francia, con mi hija Carmenchu, donde me reuní con mi esposo, hasta el 39. En ese momento mi padre estaba muy enfermo y volví a España para verlo en el 40. De ahí viene para acá.
Me contaba Prat Ventós que en Burdeos les rifaron los países y a él le tocó venir aquí. Yo no sé por qué mi esposo decidió venir aquí. Yo llegué aquí en marzo del 40. Y los primeros meses fueron patéticos, porque nos mandaron a una colonia agrícola, que en aquel momento eran terribles, cerca de San Cristóbal. Pero no duramos mucho porque me enfermé de paludismo y tuvimos que venir a la ciudad. Ciertas personas me ayudaron y comencé a trabajar con Ortega Frías, rector de la Universidad en investigación histórica. Y empecé a conocer a la gente de aquí. Estuve en Archivo de la Nación donde di unos cursos, fui miembro de la comisión de las publicaciones del Centenario... De ahí fui a la Cancillería como directora del Qrchivo, de la Hemeroteca... un cargo muy bueno, pero por razones políticas de mi marido... finalmente me vi obligada a renunciar. El se fue a Venezuela y trabajó con la embajada soviética. Ahí es cuando encuentro a Herrera en el Caribe.
¿Y llega de una dictadura a otra?
Yo evidentemente salí de una tiranía y vine a una peor que aquella, pero me puse de lado. Yo temía mucho que haciendo periodismo me obligaran a decir ciertas cosas, pero tuve mucha suerte, porque nunca me obligaron a escribir, a firmar o decir nada comprometido con el régimen. Nadie puede enseñar nada. No tengo nada de qué avergonzarme. Y la misma colección Trujillo que hicimos para el Centenario de la República, el contenido, de los 19 tomos los únicos que tenían alabanzas a Trujillo los dos de él, lo demás era pura Historia.
Licenciarse en los años 40, casarse con un ruso, trabajar fuera de casa y convertirse en la primera mujer reportera de la historia del periodismo dominicano..., ¿le gustaba romper con los cánones de la época?
Si, pero era fruto de mi temperamento, y lo hacía con tanta naturalidad... No pensaba en que rompía cánones. Me parecía una manera lógica, natural y sencilla de hacer las cosas. Y además tuve mucha suerte, porque me respetaron mucho, y los hombres en su mayoría no me rechazaron -quizás había alguno que no le gustaba demasiado- y eso me dio una seguridad en mí misma. Y además me gustaba mucho la vida de reportera.
En ese mundo de hombres, usted reconoce que nunca sintió la discriminación en su trabajo, le daban los trabajos interesantes y su salario era igual al de cualquier compañero de la redacción, ¿será que ahora nos quejamos demasiado?
No lo sé. A mí me aceptaron y me respetaron. Teníamos una especia de compañerismo por el que yo era uno más. Compaginar la familia y el trabajo fue un poco más dificultoso, y a Carmenchu la tuve que meter en un colegio interna, algo que todavía me echa en cara, pero yo no podía atenderla debidamente.
Ahora creo que existe un respeto tan grande hacia la mujer... Pero es que yo iba del trabajo a mi casa, nunca he ido a una discoteca, un baile... a nada que hubiera dado la oportunidad de hablar nada de mí. Y creo que eso me ayudó mucho.
Sus estudios fueron de Filosofía y Letras, pero cayó en el ámbito del periodismo,¿por qué eligió este mundo? ¿Sus expectativas eran otras?
Cuando terminé la carrera era muy joven y sin embargo me nombró la misma universidad Central de Madrid ayudante de clases prácticas del profesor de Historia Contemporánea de España, Pío Zabala, rector de la universidad en aquella época. Así que en cierto modo empecé con la enseñanza... pero no me gusta tanto enseñar, es difícil entenderse con la gente. El periodismo es más movido y personal, así que cumplí totalmente con mis expectativas.
Se enamoró de una profesión que encontró por azar…
Sí, yo empecé haciendo investigación histórica, que también me fascina, pero una vez en que estaba sin trabajo por cuestiones políticas, ya que había renunciado a mi trabajo en Cancillería, Rafael Herrera -que había sido alumno mío en el Archivo General de la Nación- me dijo que fuera a El Caribe.
Su primera asignación en el periódico fuela de cubrir crímenes...
Si, eso lo hizo Rafael Herrera para ver si yo era capaz y tenia sangre de periodista de verdad. Y recuerdo muy bien el primer suceso que cubrí: dos mujeres que se mataron la una a la otra por un hombre. Cuando vi aquello, me asusté un poco me seguí adelante. Pero es que me gustaba tanto el periodismo que me divertía, me entretenía, yo gozaba y me enriquecía mucho. Es un ámbito de una amplitud temática tan grande que primero cubres un suceso y depués el concierto de un gran pianista.
En esa época se hacía de todo y fui cogiendo mayor entusiasmo, y terminé en lo que realmente podía hacer mejor, que era la parte cultural y que me gustaba mucho.
¿Cómo es María Ugarte?
Sencilla. Introvertida y extrovertida. Pero vivo generalmente muy hacia adentro. No sé bailar. Soy una persona austera, nunca me he dado grandes gustos. Vengo de una familia de padre militar, con muchos hermanos, y una madre muy organizada: yo aprendí de ella. He vivido la guerra, donde había que economizarlo todo y en la vida corriente yo estoy cómoda y no necesito más.
¿Que faceta de su personalidad le hubiera gustado corregir?
A estas alturas... Pero quizás la timidez, soy tímida aunque no se nota, he tenido la fuerza de voluntad de demostrar que no soy, aunque lo sea en el fondo. Ni siquiera estaba segura de mí misma. Cuando trabajaba todo el mundo tenia la sensación de que tenia una gran seguridad en mi misma, pero por dentro no era así. Me hubiera gustado ser muy segura de mi misma.
Como jefa: he sido más compañera que jefa, aunque me he hecho respetar.
¿Algún deseo que todavía no haya podido cumplir?
Aprender inglés y entender el béisbol.
¿Por cuáles causas ha batallado usted?
Cuando era estudiante por la libertad y la democracia, y después de pasar esa época siempre me han gustado las causas de tipo de social, pero me hubiera gustado tener más tiempo para dedicarme ellas.
¿Qué lee? ¿Ficción? ¿Ensayo?
Me gusta la novela para entretenerme; y las obras de carácter histórico me gustan mucho también. Mi libro de cabecera ahora es el libro de Trujillo y Franco, de la Fundación de Manuel García Arévalo.
Afición: fuera de la literatura, me gusta mucho, para ver, la pintura o la escultura. Gozo mucho con el arte.
¿Cómo se ligan el periodismo y la historia?
Me gusta mucho la historia y dentro del periodismo hacer reportajes y trabajos que tengan una referencia histórica, por eso una de las épocas que más disfruté en el periodismo fue la época de la Restauracion, que naturalmente era de monumentos coloniales y tenía que estar muy vinculada a la historia y me dio muchas oportunidades para lucirme en ese sentido, porque yo conocía la historia, el arte, y el arte colonial, y me dediqué durante varios años a eso, en los años 70, en El Caribe.
¿Cómo era María Ugarte como crítica?
En los primeros años, en el 48, era más joven y más atrevida, por lo que puede decirse que fui más fuerte en mis críticas de arte. Yo decía que no fui crítica sino comentarista, porque no se puede criticar el arte. El arte gusta o no, es muy subjetivo. Y yo hacía algo muy distinto, indagaba y escribía de una manera comprensible a todo el mundo. Mientas que los críticos los entiende una parte del lectorado. Más adelante me convertí en una persona más didáctica que trataba más de enseñar que de criticar. Cuando me dediqué a la restauración dejé la crítica, no podía hacer todo y había que ir cambiando. En la restauración era la única persona que reunía todas las condiciones: historiadora, periodista y conocedora del arte colonial. Trabajaba a la vez que los arquitectos y aprendíamos mutuamente para completarnos y mis reportajes tomaban de los arquitectos la parte que interesaba de la restauración con la historia como fondo.
¿Que es lo que peor llevaba del oficio?
Detestaba, aunque lo hice a veces, el periodismo social. Lo hice como un reto. Y era mucho mejor que el de ahora. El Caribe dio un giro radical al periodismo y lo hizo también con las sociales, con unas crónicas con descripciones, información. Ahora las sociales son comerciales.
¿Y lo mejor?
Siempre ha sido la parte cultural. Mi suplemento fue la pasión de mi vida, que empece a hacer en el 66 hasta mi jubilación en el 2000.
Todo escritor tiene un escritor clásico de referencia, ¿cual es el suyo?
Eso es difícil de responder. Como referencia para escribir creo que cada uno tiene su propio estilo. De los que hay aquí, que los encuentro extraordinariamente buenos, no me quiero comprometer con ninguno... De los extranjeros, Pablo Neruda ha sido uno de los mejores. Cuando leí "Confieso que he vivido", nunca me he sentido tan impresionada al leer, tan deseosa de seguir y apenada de que se acabase el libro. Y me fascinó más como prosista que como poeta. Para mí el poeta preferido es y fue Antonio Machado, que fue profesor mío.
¡Menudo lujo!
En aquella época no nos parecía, porque era un viejo muy callado aunque muy agradable. A los 11 años quién se iba a dar cuenta de quién era Antonio Machado. Fue profesor de segunda enseñanza, de perceptiva literaria y de francés. Ahora me doy mucho postín, pero la verdad es que no sabía la importancia que tenía ni tampoco consideraba que era una maravilla como profesor porque no lo era, era tolerante y buenazo eso sí.
Actualmente, se dedica a escribir... ¿qué tema esta tratando en estos momentos?
Estoy haciendo algunas biografías de personajes dominicanos, del ámbito cultural, que no son tan conocidos. Actualmente estoy escribiendo la introducción de un periodista dominicano (Mario Bobea Billini), compañero del periódico, cuya familia quiere mantener vivo su recuerdo y reunir lo mejor de sus obras en un libro; el otro libro es sobre la pintora Nidia Serra, prácticamente publicado, es sobre ella como pintora.
Además quise reivindicar la memoria de una muchacha María Nieves (Neus) Sicart, artista de esmaltes sobre metal y ceramóloga. Su labor fue estupenda y el Museo de las Casas Reales hay una sala con sus obras. Ella tuvo una muerte trágica (1999), yo la quería mucho y lo hice por iniciativa propia, vamos a ver si ahora encuentro cómo publicarlo.
¿Sigue algun método/rutina a la hora de escribir?
Mi mejor hora para escribir es la mañana, empiezo como a las 8:00 AM, por la tarde es más dificil porque con el teléfono y los nietos ya no puedo; antes escribía mucho en la noche, pero ya no. Escribo a tinta y lo luego lo paso a maquinilla con dos deditos, de las máquinas de escribir manuales de toda la vida.
¿Se resiste a los cambios y a las nuevas tecnologías que rodean actualmente en su oficio?
No puedo con el ordenador por la vista, aunque en cierto modo puede decirse que resisto a la forma de vida que tiene ahora la gente y se mete dentro de un computador y pasa horas sin darse cuenta de si hay luna llena... se pierden lo más bonito de la vida por estar encerrados, aunque admiro todo lo tecnológico. Pero no me decidí, me cogió tarde, soy una persona de mediados del siglo pasado que se arrastró un poquito más.
¿Cómo realiza la documentación para sus obras? ¿Contrata a alguien para ayudarle en el proceso?
Ahora sí, pero antes lo hacia todo sola. Me ayuda ahora una muchacha, Montserrat Prat Ventós, porque yo ya no puedo salir.
Su obra se ciñe a artículos de investigación histórica, relatos, ensayos, criticas literarias... ¿nunca se sintió tentada por otros géneros literarios como la novela o la poesía?
No, tan solo artículos de carácter literario, pero nada de imaginación, parece que mi imaginación es muy pobre... Nunca me tentó. Lo único que pretendo es escribir bien y que sea periodismo literario, que haya ritmo y música.
Si, pero yo soy muy dominicana. Imagínate, salí de España con 26 años, y ya soy mucho más dominicana que española. Y realmente no he salido de aquí más que por viajes turísticos, de manera que soy dominicana 100%.
De corazón y casi de acento?
Bueno, dicen que todavía conservo el acento español, porque no he querido perderlo, pero con una entonación y vocabulario muy dominicanos. El vocabulario sobretodo, si no, no me entenderían. Sin embargo, en Espana no me reconocen exactamente, y eso que soy castellana, y me preguntan de que país de América provengo.
¿Este premio significa que finalmente el genero crítico y la investigación histórica queden reivindicadas en este premio?
Para mí es lo más grande en material de premios aquí eso es indiscutible, porque se da no solo por el trabajo en sí sino por toda una vida de trabajo. Fue muy sorprendente para mi, porque nunca escuché mi nombre, no sonó nada. Había sonado hace unos dos años, pero se discutió porque se decía que una persona que no se dedicaba completamente a la literatura de imaginación o ficción, narrativa o poesía... pero se debió discutir tanto que se cambiaron las bases del concurso y finalmente el genero critico, la investigación histórica y el periodismo fueron reivindicados.
Y qué opina de esta inclusión, ¿piensa que había sido un gran olvido?
Realmente siempre se daba a personas que habían sido cuentistas o narradores, pero existía un grupo que había hecho periodismo, investigación, historia... aspectos que quedaban de lado y no tenían ningún otro premio. Porque si hubiera existido un premio paralelo, hubiera sido otra cosa.
El apoyo de sus compañeros del ámbito cultural ha sido unánime… Se habla de que por fin se ha hecho justicia.
Yo digo que no es tanto por lo que valgo sino porque he estado mucho tiempo trabajando, pero me siento muy querida por mis compañeros. Y no es una sola generación la que ha votado sino generaciones más jóvenes también.
¿Con el periodismo se puede hacer literatura?
Por supuesto que sí. Escribir bien un reportaje es literatura. Habrá quien diga que es periodismo literario, pero es literatura, al fin y al cabo, y muchos reportajes se escriben como quien escribe un cuento, eso es indiscutible. Y creo que tiene más valor o mérito.
¿Por qué?
Porque se basan en hechos reales y por lo tanto reflejan momentos históricos, decisivos en la vida de un pueblo, y lo otro es producto de la imaginación de un individuo. Creo que la realidad es muy importante, y si a ésta se la da un aspecto literario, escribiéndolo con el mismo estilo, gusto o perfección que un cuento o un ensayo, también hay que considerarlo como literatura, y literatura de mayor valor. Quizás yo soy tan entusiasta de la historia que siempre creo que la historia está por encima de todo. Pero es que desde muy joven me dediqué a la investigación histórica, desde España. Mi carrera fue la de Filosofía y Letras, sección de Ciencias Históricas.
Salió de España por razones políticas, ¿por qué razón eligen RD?
Salí de España en el 37 hacia Francia, con mi hija Carmenchu, donde me reuní con mi esposo, hasta el 39. En ese momento mi padre estaba muy enfermo y volví a España para verlo en el 40. De ahí viene para acá.
Me contaba Prat Ventós que en Burdeos les rifaron los países y a él le tocó venir aquí. Yo no sé por qué mi esposo decidió venir aquí. Yo llegué aquí en marzo del 40. Y los primeros meses fueron patéticos, porque nos mandaron a una colonia agrícola, que en aquel momento eran terribles, cerca de San Cristóbal. Pero no duramos mucho porque me enfermé de paludismo y tuvimos que venir a la ciudad. Ciertas personas me ayudaron y comencé a trabajar con Ortega Frías, rector de la Universidad en investigación histórica. Y empecé a conocer a la gente de aquí. Estuve en Archivo de la Nación donde di unos cursos, fui miembro de la comisión de las publicaciones del Centenario... De ahí fui a la Cancillería como directora del Qrchivo, de la Hemeroteca... un cargo muy bueno, pero por razones políticas de mi marido... finalmente me vi obligada a renunciar. El se fue a Venezuela y trabajó con la embajada soviética. Ahí es cuando encuentro a Herrera en el Caribe.
¿Y llega de una dictadura a otra?
Yo evidentemente salí de una tiranía y vine a una peor que aquella, pero me puse de lado. Yo temía mucho que haciendo periodismo me obligaran a decir ciertas cosas, pero tuve mucha suerte, porque nunca me obligaron a escribir, a firmar o decir nada comprometido con el régimen. Nadie puede enseñar nada. No tengo nada de qué avergonzarme. Y la misma colección Trujillo que hicimos para el Centenario de la República, el contenido, de los 19 tomos los únicos que tenían alabanzas a Trujillo los dos de él, lo demás era pura Historia.
Licenciarse en los años 40, casarse con un ruso, trabajar fuera de casa y convertirse en la primera mujer reportera de la historia del periodismo dominicano..., ¿le gustaba romper con los cánones de la época?
Si, pero era fruto de mi temperamento, y lo hacía con tanta naturalidad... No pensaba en que rompía cánones. Me parecía una manera lógica, natural y sencilla de hacer las cosas. Y además tuve mucha suerte, porque me respetaron mucho, y los hombres en su mayoría no me rechazaron -quizás había alguno que no le gustaba demasiado- y eso me dio una seguridad en mí misma. Y además me gustaba mucho la vida de reportera.
En ese mundo de hombres, usted reconoce que nunca sintió la discriminación en su trabajo, le daban los trabajos interesantes y su salario era igual al de cualquier compañero de la redacción, ¿será que ahora nos quejamos demasiado?
No lo sé. A mí me aceptaron y me respetaron. Teníamos una especia de compañerismo por el que yo era uno más. Compaginar la familia y el trabajo fue un poco más dificultoso, y a Carmenchu la tuve que meter en un colegio interna, algo que todavía me echa en cara, pero yo no podía atenderla debidamente.
Ahora creo que existe un respeto tan grande hacia la mujer... Pero es que yo iba del trabajo a mi casa, nunca he ido a una discoteca, un baile... a nada que hubiera dado la oportunidad de hablar nada de mí. Y creo que eso me ayudó mucho.
Sus estudios fueron de Filosofía y Letras, pero cayó en el ámbito del periodismo,¿por qué eligió este mundo? ¿Sus expectativas eran otras?
Cuando terminé la carrera era muy joven y sin embargo me nombró la misma universidad Central de Madrid ayudante de clases prácticas del profesor de Historia Contemporánea de España, Pío Zabala, rector de la universidad en aquella época. Así que en cierto modo empecé con la enseñanza... pero no me gusta tanto enseñar, es difícil entenderse con la gente. El periodismo es más movido y personal, así que cumplí totalmente con mis expectativas.
Se enamoró de una profesión que encontró por azar…
Sí, yo empecé haciendo investigación histórica, que también me fascina, pero una vez en que estaba sin trabajo por cuestiones políticas, ya que había renunciado a mi trabajo en Cancillería, Rafael Herrera -que había sido alumno mío en el Archivo General de la Nación- me dijo que fuera a El Caribe.
Su primera asignación en el periódico fuela de cubrir crímenes...
Si, eso lo hizo Rafael Herrera para ver si yo era capaz y tenia sangre de periodista de verdad. Y recuerdo muy bien el primer suceso que cubrí: dos mujeres que se mataron la una a la otra por un hombre. Cuando vi aquello, me asusté un poco me seguí adelante. Pero es que me gustaba tanto el periodismo que me divertía, me entretenía, yo gozaba y me enriquecía mucho. Es un ámbito de una amplitud temática tan grande que primero cubres un suceso y depués el concierto de un gran pianista.
En esa época se hacía de todo y fui cogiendo mayor entusiasmo, y terminé en lo que realmente podía hacer mejor, que era la parte cultural y que me gustaba mucho.
¿Cómo es María Ugarte?
Sencilla. Introvertida y extrovertida. Pero vivo generalmente muy hacia adentro. No sé bailar. Soy una persona austera, nunca me he dado grandes gustos. Vengo de una familia de padre militar, con muchos hermanos, y una madre muy organizada: yo aprendí de ella. He vivido la guerra, donde había que economizarlo todo y en la vida corriente yo estoy cómoda y no necesito más.
¿Que faceta de su personalidad le hubiera gustado corregir?
A estas alturas... Pero quizás la timidez, soy tímida aunque no se nota, he tenido la fuerza de voluntad de demostrar que no soy, aunque lo sea en el fondo. Ni siquiera estaba segura de mí misma. Cuando trabajaba todo el mundo tenia la sensación de que tenia una gran seguridad en mi misma, pero por dentro no era así. Me hubiera gustado ser muy segura de mi misma.
Como jefa: he sido más compañera que jefa, aunque me he hecho respetar.
¿Algún deseo que todavía no haya podido cumplir?
Aprender inglés y entender el béisbol.
¿Por cuáles causas ha batallado usted?
Cuando era estudiante por la libertad y la democracia, y después de pasar esa época siempre me han gustado las causas de tipo de social, pero me hubiera gustado tener más tiempo para dedicarme ellas.
¿Qué lee? ¿Ficción? ¿Ensayo?
Me gusta la novela para entretenerme; y las obras de carácter histórico me gustan mucho también. Mi libro de cabecera ahora es el libro de Trujillo y Franco, de la Fundación de Manuel García Arévalo.
Afición: fuera de la literatura, me gusta mucho, para ver, la pintura o la escultura. Gozo mucho con el arte.
¿Cómo se ligan el periodismo y la historia?
Me gusta mucho la historia y dentro del periodismo hacer reportajes y trabajos que tengan una referencia histórica, por eso una de las épocas que más disfruté en el periodismo fue la época de la Restauracion, que naturalmente era de monumentos coloniales y tenía que estar muy vinculada a la historia y me dio muchas oportunidades para lucirme en ese sentido, porque yo conocía la historia, el arte, y el arte colonial, y me dediqué durante varios años a eso, en los años 70, en El Caribe.
¿Cómo era María Ugarte como crítica?
En los primeros años, en el 48, era más joven y más atrevida, por lo que puede decirse que fui más fuerte en mis críticas de arte. Yo decía que no fui crítica sino comentarista, porque no se puede criticar el arte. El arte gusta o no, es muy subjetivo. Y yo hacía algo muy distinto, indagaba y escribía de una manera comprensible a todo el mundo. Mientas que los críticos los entiende una parte del lectorado. Más adelante me convertí en una persona más didáctica que trataba más de enseñar que de criticar. Cuando me dediqué a la restauración dejé la crítica, no podía hacer todo y había que ir cambiando. En la restauración era la única persona que reunía todas las condiciones: historiadora, periodista y conocedora del arte colonial. Trabajaba a la vez que los arquitectos y aprendíamos mutuamente para completarnos y mis reportajes tomaban de los arquitectos la parte que interesaba de la restauración con la historia como fondo.
¿Que es lo que peor llevaba del oficio?
Detestaba, aunque lo hice a veces, el periodismo social. Lo hice como un reto. Y era mucho mejor que el de ahora. El Caribe dio un giro radical al periodismo y lo hizo también con las sociales, con unas crónicas con descripciones, información. Ahora las sociales son comerciales.
¿Y lo mejor?
Siempre ha sido la parte cultural. Mi suplemento fue la pasión de mi vida, que empece a hacer en el 66 hasta mi jubilación en el 2000.
Todo escritor tiene un escritor clásico de referencia, ¿cual es el suyo?
Eso es difícil de responder. Como referencia para escribir creo que cada uno tiene su propio estilo. De los que hay aquí, que los encuentro extraordinariamente buenos, no me quiero comprometer con ninguno... De los extranjeros, Pablo Neruda ha sido uno de los mejores. Cuando leí "Confieso que he vivido", nunca me he sentido tan impresionada al leer, tan deseosa de seguir y apenada de que se acabase el libro. Y me fascinó más como prosista que como poeta. Para mí el poeta preferido es y fue Antonio Machado, que fue profesor mío.
¡Menudo lujo!
En aquella época no nos parecía, porque era un viejo muy callado aunque muy agradable. A los 11 años quién se iba a dar cuenta de quién era Antonio Machado. Fue profesor de segunda enseñanza, de perceptiva literaria y de francés. Ahora me doy mucho postín, pero la verdad es que no sabía la importancia que tenía ni tampoco consideraba que era una maravilla como profesor porque no lo era, era tolerante y buenazo eso sí.
Actualmente, se dedica a escribir... ¿qué tema esta tratando en estos momentos?
Estoy haciendo algunas biografías de personajes dominicanos, del ámbito cultural, que no son tan conocidos. Actualmente estoy escribiendo la introducción de un periodista dominicano (Mario Bobea Billini), compañero del periódico, cuya familia quiere mantener vivo su recuerdo y reunir lo mejor de sus obras en un libro; el otro libro es sobre la pintora Nidia Serra, prácticamente publicado, es sobre ella como pintora.
Además quise reivindicar la memoria de una muchacha María Nieves (Neus) Sicart, artista de esmaltes sobre metal y ceramóloga. Su labor fue estupenda y el Museo de las Casas Reales hay una sala con sus obras. Ella tuvo una muerte trágica (1999), yo la quería mucho y lo hice por iniciativa propia, vamos a ver si ahora encuentro cómo publicarlo.
¿Sigue algun método/rutina a la hora de escribir?
Mi mejor hora para escribir es la mañana, empiezo como a las 8:00 AM, por la tarde es más dificil porque con el teléfono y los nietos ya no puedo; antes escribía mucho en la noche, pero ya no. Escribo a tinta y lo luego lo paso a maquinilla con dos deditos, de las máquinas de escribir manuales de toda la vida.
¿Se resiste a los cambios y a las nuevas tecnologías que rodean actualmente en su oficio?
No puedo con el ordenador por la vista, aunque en cierto modo puede decirse que resisto a la forma de vida que tiene ahora la gente y se mete dentro de un computador y pasa horas sin darse cuenta de si hay luna llena... se pierden lo más bonito de la vida por estar encerrados, aunque admiro todo lo tecnológico. Pero no me decidí, me cogió tarde, soy una persona de mediados del siglo pasado que se arrastró un poquito más.
¿Cómo realiza la documentación para sus obras? ¿Contrata a alguien para ayudarle en el proceso?
Ahora sí, pero antes lo hacia todo sola. Me ayuda ahora una muchacha, Montserrat Prat Ventós, porque yo ya no puedo salir.
Su obra se ciñe a artículos de investigación histórica, relatos, ensayos, criticas literarias... ¿nunca se sintió tentada por otros géneros literarios como la novela o la poesía?
No, tan solo artículos de carácter literario, pero nada de imaginación, parece que mi imaginación es muy pobre... Nunca me tentó. Lo único que pretendo es escribir bien y que sea periodismo literario, que haya ritmo y música.