De Ocoa para el mundo: Nayade Macea llevará el fraseo único del saxofón dominicano a Colombia
La intérprete e investigadora rompe los clanes masculinos del arte y se convierte en la primera saxofonista dominicana en el festival MedeSax, mientras ultima un disco pionero con los grandes maestros del ritmo
El arte trasciende cuando logra preservar la memoria de un pueblo y, al mismo tiempo, dialogar con el mundo.
Para la saxofonista dominicana Nayade Macea, representar al país en un escenario internacional no significa únicamente demostrar virtuosismo interpretativo; supone defender una tradición musical construida durante décadas y abrir nuevos espacios para el estudio del merengue desde la academia.
"Inicialmente uno va con ganas de enseñar, pero siempre el que enseña aprende el triple de lo que está enseñando. Es algo muy curioso e interesante", reflexiona Macea sobre su participación en el Festival Internacional de Saxofón MedeSax, que se celebrará en Medellín, Colombia.
Licenciada en Música Contemporánea y magíster en Educación Musical, la artista ocoeña se convertirá en la primera mujer dominicana en formar parte de este prestigioso encuentro internacional, un logro que asume como una responsabilidad colectiva más que como una conquista personal.
"Voy representando una forma de tocar que nació aquí, una tradición que merece ser conocida y comprendida", expresa.
Aunque el merengue es uno de los géneros latinoamericanos con mayor proyección internacional, su técnica interpretativa continúa siendo poco estudiada fuera del país. Precisamente esa será la esencia de las dos clases magistrales que impartirá durante MedeSax.
"A nivel universitario y educativo se desconoce cómo los saxofonistas dominicanos podemos frasear en altas velocidades nuestra música. A nosotros nos sale natural, pero para el extranjero esa suele ser la principal dificultad".
Para Macea, esa capacidad no surgió en los conservatorios, sino en la experiencia de generaciones de músicos empíricos que, tras la caída de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en 1961, desarrollaron una manera única de interpretar el saxofón dentro del merengue moderno y popular.
Su propósito en Colombia será traducir ese conocimiento intuitivo a un lenguaje académico, ofreciendo herramientas que permitan comprender la mecánica del fraseo, el control de la columna de aire y la precisión rítmica que exige el género.
"A diferencia del jazz o el swing, que tienen mayor flexibilidad y suelen acentuar el segundo tiempo, nuestro estilo va completamente sobre el tiempo. Tiene una métrica muy precisa, parecida a una marcha. Eso exige una estabilidad técnica muy particular", explica.
Más que enseñar una técnica, Macea busca transmitir el contexto histórico que dio origen a esa manera de tocar, convencida de que la interpretación adquiere otra dimensión cuando se entiende la historia que la sostiene.
De San José de Ocoa a una carrera construida con perseverancia
La historia de Nayade comenzó en San José de Ocoa, donde creció en una familia alegre y profundamente vinculada a la música. Su padre decidió inscribirla en la escuela municipal para canalizar la energía de una niña inquieta y curiosa.
Después de probar distintos instrumentos, el director de la academia identificó su potencial y le hizo una propuesta que terminaría marcando su destino.
"En este país hacen falta saxofonistas", le dijo mientras le prestaba un instrumento.
Tres meses después, Nayade ya sabía que el saxofón sería el centro de su vida.
Sin embargo, el camino hacia la profesionalización estuvo lejos de ser sencillo. Su madre veía con preocupación una profesión ligada a la vida nocturna y a un ambiente predominantemente masculino. Más adelante llegarían otros obstáculos: abrirse paso en una industria donde las principales grabaciones y contrataciones permanecían concentradas en pequeños grupos de músicos.
"Fue muy desafiante; recuerdo muchas lágrimas. Ser mujer, joven y venir de un pueblo fue un bloqueo al principio".
- Con el tiempo, aquellas dificultades terminaron convirtiéndose en el motor de su crecimiento.
"Hoy mis colegas me adoran, pero esos momentos difíciles fueron 'ángeles disfrazados de demonios'. Me obligaron a prepararme más, a estudiar más y a demostrar que podía ocupar ese espacio".
Intérprete, investigadora y educadora: una misma vocación
Actualmente, Macea combina tres facetas que rara vez conviven con éxito en una misma carrera: la interpretación, la investigación musical y la docencia.
Reconoce que mantener ese equilibrio exige disciplina permanente, largas horas de ensayo y estudio, pero asegura que las tres dimensiones responden a una misma motivación: comprender, preservar y transmitir el patrimonio musical dominicano.
Esa visión la ha llevado a compartir escenario con figuras como Juan Luis Guerra, Johnny Ventura, Gilberto Santa Rosa y Bobby Cruz, además de desarrollar una sólida trayectoria como investigadora y formadora.
Ahora se encuentra en la etapa final de mezcla de su primer EP instrumental, una producción que busca ampliar el repertorio contemporáneo de la música dominicana desde una perspectiva poco explorada.
"Nuestra música se conoce mundialmente por la voz y el baile, pero en el ámbito instrumental existe muy poco material que resalte el género", afirma.
El proyecto reunirá merengue, bachata y pambiche con elementos del jazz, el pop, la salsa y el son, respaldado por arreglos de reconocidos maestros como Manuel Tejada, Janina Rosado, Antonio González, Isabel Leclerc y Pengbian Sang.
- Para Macea, preservar la música también implica preservar las historias que la originaron.
"El pambiche surge en 1916 durante la intervención norteamericana porque los soldados necesitaban un ritmo más lento para poder bailarlo. Qué bueno es conocer esa historia, pero todavía mejor es tocarla y sentirla a través de la música".
El legado: la verdadera medida del éxito
Cuando se le pregunta por sus próximas metas, Nayade responde sin titubeos que siente estar viviendo el sueño que imaginó desde niña.
Su mayor aspiración, asegura, no se mide en premios ni escenarios, sino en la posibilidad de inspirar a otras jóvenes a encontrar un espacio dentro de la música instrumental dominicana.
"Puedes tocar jazz, bossa nova o baladas, pero siempre me pregunto: ¿qué de mí le queda al merengue? Porque esa es mi música, forma parte de quien soy".
Con esa convicción viajará a Colombia para demostrar que el merengue no solo se baila y se canta: también se investiga, se enseña y se proyecta como un patrimonio vivo capaz de dialogar con las grandes academias del mundo.