Nélida Piñón: "Yo les rindo culto, y ellos me deben la inmortalidad"

Dijo al recibir el Premio Príncipe de Asturias del 2005; hoy visita Diario Libre

Me encantaría como ser humano tener un poquito de sabiduría para que mi corazón sea más generoso, ha dicho Nélida Piñón.
SANTO DOMINGO. "Acojo en el corazón a los que me infiltraron la incredulidad indispensable para tener fe. A los aedos, los amautas, los chamanes, a Homero, a Cervantes, a Shakespeare, a Camões, a Machado de Assís. A los seres de la ilusión y de la oralidad. Yo les rindo culto y ellos me deben la inmortalidad", dijo en su discurso de agradecimiento por el Premio Príncipe de Asturias la escritora brasileña Nélida Piñón, la más importante escritora brasileña viva -según The New York Times Books Review-, quien hoy visita Diario Libre como parte de las actividades de la XII Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2009.

Piñón lleva a flor de piel sus ancestros gallegos, pero es brasileña, profundamente brasileña y universal. Nacida en 1937, en Villa Isabel, Río de Janeiro, escribe desde los 10 años de edad y publicó en 1961 su primer libro, la novela "Mapa de Gabriel Arcanjo". Quizás desde entonces, conciente o inconcientemente, Nélida Piñón -escudada en una sonrisa sempiterna y en unos ojos achinados que se vuelven dos rayas oblicuas cuando sonríe-, tomó para sí el tema de la memoria femenina en la literatura.

Fiebre de memoria

"Bajo la custodia de tiempos inmemoriales, me esfuerzo por buscar, entre tantas memorias, precisamente la memoria femenina. Intento saber con qué materia, con qué tejido, ella se fue fabricando. Esa memoria que, al fin de cuentas estuvo en todas partes, en todos los tiempos, desde la creación del mundo", escribió en su ensayo "La memoria femenina en la narrativa".

En ese afán ha ido dejando parte de sus desgarraduras y andares, en libros como "Tempo das frutas" (1966), "Fundador" (1969), "A Casa da Paixão" (1972), "Sala de Armas" (1973), "Tebas de mi corazón" (1974), "La fuerza del destino" (1977), "La República de los sueños" (1984), "Dulce canción de Caetana" (1987), "El pan de cada día" (1999), "El calor de las cosas y otros cuentos" (2000), "O Presumible Coraçao da América" (2002) y "Vozes do Deserto" (2004), entre otros títulos.

La cuidada geografía de su lenguaje han hecho que sea considerada como una de las grandes herederas de las tradiciones literarias brasileñas, a la vez que una renovadora del portugués en que escribe casi siempre originalmente.

En una entrevista a Claudia Posada, de Librusa, dijo "Yo soy hija de los griegos, de los romanos, de los europeos, de los celtas, de los ibéricos... yo soy una criatura que me imagino, se mueve dentro de una serie de capas geológicas. Por tanto, todo lo que Brasil puede ser, dentro de un sistema complejo como yo, está presente. No me puedo apartar del hecho de ser quien soy: Nélida, brasileña, hija de gallegos...".

Según ha confesado su visión de la literatura puede tener una apariencia simple, pero siempre fundamentada en la gran complejidad de los sentimientos.

Convencida de que nuestras miradas pueden ser límpidas, Piñón sostiene que es justo a partir de las sombras en la mirada que hay que escribir novelas.

Sin miedo a no tener éxito, Piñón no quiere someterse a las presiones del mercado. Quiere sencillamente escribir y cada vez mejor y así llegar más lejos. Pero siempre a partir de algo que le es inherente: la honestidad. Eso ha dicho.

Maestra de luminosidades, diestra en metáforas, poeta en la trastienda, Nélida Piñón no escatima lirismos para darle nuevos significados a los sucesos y las cosas, para ficcionar la vida misma, si se le antoja. Parafraseando a Serguei Esenin, a ella le ha sido dado caer como manzana a los pies ajenos.

Mientras le llega la inmortalidad, Nélida Piñón es nuestra agasajada hoy en Diario Libre.

"Mi repertorio está compuesto de memorias del mundo. En compañía de todos, sin exclusión, conmemoro las emociones que me ciegan y me permiten reconocer el precipicio humano".