Pablo Milanés en Bonao: el artista y la adversidad

Pablo Milanés, a los 72 años, es un pilar de la ética tradicional de la trova cubana. (Cortesía Ministerio de Cultura)

Bonao. Pablo Milanés demostró el sábado que es un grande del arte y de la ética.

Pocos saben que esa mañana fue golpeado con una noticia terrible: había fallecido la única hermana que le quedaba viva. Había muerto en Miami, adonde había viajado para despedirse de su hija, sabiendo que el final estaba cerca. Había superado un cáncer, tenía un tumor y desde hace un año padecía de cirrosis hepática. Había estado en coma y había salido del coma. No por esperada, la muerte golpea menos fuerte.

Al cantor de “En paz”, el antológico poema de Amado Nervo, le persigue una adversidad. Cada vez que se le ha muerto un familiar querido, ha tenido que cantar ese día. El compromiso no lo ha podido aplazar. Eso ocurrió en Bonao.

Y Bonao, lamentablemente, le respondió con una concurrencia que no llenó el estadio (solo a la mitad, a pesar de ser gratuito), pero sí con una asistencia de alta calidad que coreó los temas y pidió varios de los que interpretó: “Proposiciones”, “Vengo naciendo”; de “Renacimiento”; “Cual si fuera a morir esta mañana” (con ese genial arreglo de barroco y jazz); “Homenaje al changüí”, el díptico “Amor de otoño” y “Otoño del amor”, que cantara a dúo con José Antonio Rodríguez; “Dónde andarán”, “De qué callada manera”, “Si ella me faltara”, “Amo esta isla”, “El amor de mi vida”, “Amor”, “El tiempo, el implacable...”, “Años”, “Para vivir”, “Yolanda”, “El breve espacio...” y “Yo no te pido”. Tuvo Pablo aún tiempo para visitar la réplica de la legendaria emisora “La Voz del Yuna”, y de ser reconocido por el Ayuntamiento.

Al filo de la medianoche, el trovador regresó a la capital con su dolor a cuestas, y con él Nancy, ese ángel que le mandó Dios u Olofi, para asistirlo y para amarlo, y para comprenderlo, y hasta para donarle el riñón que necesitaba para que siga cantándole a la vida.