Papá Liborio en el Día de San Juan

Instantánea del altar de Papá Liborio; atrás, su foto ya muerto.
SAN JUAN DE LA MAGUANA. El santuario de Papa Liborio, en lo intrincado de una loma, después de Maguana Arriba, este día de San Juan Bautista, a pesar de la lluvia, estaba lleno de peregrinos llegados desde sabe Dios cuántos puntos del país, como Salvador Aristy, el abogado Manuel, Suanny Alcántara y Greisy de la Cruz.

Muchos de los que vinieron a rogarle al santo mártir, dormitaban ya en un galpón donde se reza y se toma café después de haber dado las respectivas vueltas a las tres cruces, haber hecho sus peticiones con las piedras que se colocan sobre los maderos y haberse lavado, casi siempre desnudos, en el surgidero de aguas frescas que –según la creencia popular- curan males.

Esta el mito de la jaiba blanca que se puede tocar, pero no se puede llevar o comer: "Un mexicano se llevó una y se la comió; a los seis meses se le hinchó la barriga y murió", cuenta el vendedor de velas.

No se puede dejar de llevar el pan y la vela roja, el refresco rojo y hacer las ofrendas en el altar donde se mantiene la foto de Papá Liborio, un héroe popular convertido en santo. Una leyenda. Un ritual. Una esperanza.