Plantas nativas y endémicas en el campus de la UASD

Las plantas nativas están vinculadas a la historia, además de alimentar la fauna

Citharexylum fruticosum
SANTO DOMINGO. Una tarde remota de los 80, mientras descansaba en un banco de la facultad de Humanidades, vi a alguien sembrando unos cocos. Le expliqué que en áreas verdes visitadas por muchas personas como el campus, no era prudente sembrar cocoteros, pues los cocos son un peligro para los visitantes.

Me preguntó, cortante, qué sugería yo que se sembrara. Le solté la cantaleta que vengo repitiendo desde hace años: plantas nativas y endémicas que dan alimento y refugio a la fauna silvestre, y algunas están vinculadas a la cultura y la historia de nuestro pueblo. Además, de esa forma crearíamos una inmensa colección de plantas autóctonas, algunas en peligro de extinción.

Ulises Regino (era entonces mayordomo de la UASD) me respondió con firmeza: "Cuando usted me traiga de esas, yo saco los cocos y las siembro". El tono era fatigado y desafiante, como el de alguien acostumbrado a lidiar con gentes que lo critican todo y nunca dan soluciones alternativas.

Acepté el reto y al día siguiente le llevé cuatro plantitas de Penda (Cytharexilum fruticosum), planta nativa, mi favorita entonces, cuyas hermosas flores blancas atraen a los insectos y cuyas frutas son un manjar para las aves. El nombre "penda o péndola" se debe a que los racimos de frutas penden de los ramos del árbol.

Le sugerí a Pedro Ureña que incluyera la Penda en su lista "Licores del Abuelo". Lo hizo y produjo una bebida suave con un nombre bien criollo: "Pendejá".

Luego de ese primer encuentro, el entusiasmo de Ulises fue tal, que al cabo de unos meses conocía más plantas nativas que yo.

Ya existía una campaña que un grupo de profesores de Biología había iniciado con esos mismos fines. El profesor Hansen y la profesora. Ana Mercedes Henríquez, entre otros, con el apoyo del profesor Marcano y del Padre Cicero. Sembramos una gran cantidad de plantas endémicas (algunas muy raras), muchas de las cuales han sido eliminadas, obedeciendo a prácticas de arborización urbana que son militantemente criticadas por la UASD cuando es el Ayuntamiento quien las perpetra.

Dimos un curso para los jardineros, a fin de que hicieran suyo el proyecto. El curso fue un éxito rotundo. En una ocasión se negaron a obedecer una orden superior de cortar unos árboles, esgrimiendo un argumento contundente: "A nosotros nos dieron un curso para explicarnos por qué debíamos sembrar esas matas y no nos han explicado por qué ahora tenemos que cortarlas". En otra ocasión, un jardinero les quitó un carpintero a unos estudiantes que se proponían lincharlo, no sin antes explicarles la importancia ecológica de esta ave endémica.

Para concluir, una anécdota jocosa típica de la UASD. En un año de increíble sequía, el estudiante Fernando Peña y yo llevamos agua para mojar unas plantas. Al llegar al campus descubrimos que había enfrentamientos con la policía. Como en Humanidades los disturbios son raros, procedimos a regar las matas. De pronto un patrullero policial se apostó en la José Contreras y al poco tiempo el espacio se llenó de piedras y bombas. Uno de los estudiantes malinterpretó lo que hacíamos y gritó: "El compañero trajo agua". Los estudiantes se pusieron en fila para contrarrestar con el agua el efecto de los gases. Al dejar el campus le recomendé a Fernando: "Si nos para la policía, no se te ocurra decir que estábamos mojando matas. Nos puede ir peor." Como en la fábula de la vaca, la verdad no siempre es verosímil. guerrero.simon@gmail.com