Poemas de amor y otros desastres

Décima

Santo Domingo. Uno de los mejores poemas de amor contemporáneos es la canción de Joaquín Sabina "19 días y 500 noches".

Cada época tiene su modo de enamorar con poemas. Es difícil, y un poco ridículo a estas alturas de los Iphone venirle a una chica con aquello de "puedo escribir los versos más tristes esta noche", aunque realmente la noche se dé para esos versos más tristes y uno sea un loco a la poesía de Neruda. Sencillamente va a decir que uno es ridículo, por muy Livia y muy Ceballos que sea.

Parece que esta época es la de Sanz y Sabina, aunque ojo, nunca se deje seducir por alguien que le diga al oído algo de Ricardo Arjona: es casi siempre soso y poco auténtico: recuerda una ensalada del mismísimo Mario Benedetti con Paulho Coehlo (bueno, es que casi son la misma cosa), pero más pasados por agua.

Los amores que canta Sabina son dramáticos y empedernidos, pero nada de histéricos: "No pido perdón,/

¿para qué? si me va a perdonar/ porque ya no le importa.../

siempre tuvo la frente muy alta,/ la lengua muy larga/ y la falda muy corta.", dice en 19 días y 500 noches.

Traigo esto a colación por la décima escrita a la entrada del cementerio de la ciudad de Camagüey, en Cuba, a 600 y tantos kilómetros de La Habana. La hizo un fiel enamorado a una mujer que le negó su amor, por irse con un adinerado. Al cabo del tiempo, la recogió hecha un guiñapo, y el conocido sastre la enterró con la décima que ilustra esta crónica.