Rafael Molina Morillo

Defensor de la libertad de prensa

Su primer ejercicio de lectura lo practicó con los paquitos a los que su madre le había suscrito. Años más tarde descubrió el arte de la escritura dando contenido a las viñetas de un amigo. Su estilo gustó tanto que Carlos Curiel no lo dudó mucho e introdujo al muchacho en la redacción del periódico El Caribe, sin saber que años después (a los 33) se convertiría en su director ejecutivo. Como él mismo ha dicho muchas veces "me envenenó la sangre la tinta de imprenta", así que el Derecho, la carrera que estudió, quedó de lado.

Resulta curioso saber que inició su carrera como reportero de farándula y cultura de salón. Con el tiempo, Molina Morillo se ha convertido en uno de los periodistas más sobresalientes de nuestro país y un devoto defensor de la libertad de expresión y el libre ejercicio de la profesión, que ha protegido con coraje y gallardía a través de su pluma. Si hubiera que citar cómo, tres decisiones en su carrera prueban su apego a la ética y su responsabilidad como comunicador, casualmente tres renuncias: la primera del periódico "Unión Cívica" al convertirse el movimiento que éste apoyaba en un partido político antipatriótico; la segunda de El Caribe, al apartarse de una línea editorial que no se oponía al golpe de Estado de 1963 contra Juan Bosch; y la tercera del Listín Diario, cuando éste se apartó de una línea editorial objetiva e imparcial en las elecciones del 2000.

Por esas razones y otros momentos importantes en que sus palabras impresas han dejado huellas, no sorprende su nombramiento como presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y así este abanderado de la ética se convierte en el segundo editor dominicano, después de don Germán Ornes, en ocupar tan importante cargo. Además le avalan más de 20 años en esta organización, como vicepresidente y presidente de la Comisión de Prensa. Se sabe al dedillo los entresijos y tiene muy claros sus planes para los próximos meses: lograr mayor concientización de la justicia ante la violencia, impunidad y corrupción que perjudican la libertad de prensa.

No podemos dejar de destacar también su fructífera labor cultural y educativa como profesor que contribuyó en la formación de muchos de los comunicadores actuales desde la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

Creador de medios, este vegano y cibaeño fue el fundador de la Revista Ahora, ya desaparecida, y el periódico El Nacional, y ha estado presente en todas las etapas del periodismo dominicano (director de El caribe, la revista Ahora, el Listín Diario y El día), probando también suerte en la diplomacia.

Amante de las playas solitarias, de la belleza femenina y apasionado de los viajes, cualquiera que haya tenido el placer de intercambiar unas palabras con este Hijo Ilustre de la Ciudad de Santo Domingo se da cuenta de que está ante un caballero, de los de antes, conversador y afable. Como buen diplomático tiene la capacidad de darle la vuelta a todo. Eso sí, cuando el doctor se enoja, se enoja. Gran consejero, sabe escuchar, dar oportunidad a quien lo merece y anticipar situaciones gracias a su buen olfato.

A su edad y con este historial, bien pudiera haberse retirado para llevar una vida más tranquila. Pero el doctor nos sigue sorprendiendo: desde su programa de radio, su columna "Buenos días" en el periódico Hoy y la dirección del gratuito El Día.

Para este veterano comunicador social, abogado e intelectual dominicano que por décadas se ha dado por entero a la defensa del ejercicio periodístico, nuestra más sincera enhorabuena.