Rapidez o falta de tiempo

Para vivir necesitamos tiempo, pero no sólo calidad de tiempo también cantidad. Tenemos que recuperar la cantidad y no escudarnos en la calidad para justificar las cada vez más pocas horas que nos

Que el semáforo tarda en cambiar, que la fila del supermercado no avanza, lo mismo que la del banco, permanecer horas y horas hasta que el médico nos mande a pasar o para lograr hacer efectivo el pago de la luz, el agua o cualquier otro servicio.

Es el pan nuestro de cada día y a todo este rosario se le agrega el hecho de adicionar más y más horas de trabajo, pretendiendo que el día en lugar de 24 tenga 30 horas es, sin lugar a dudas, lo que nos está enfermando. Producir más para gastar más. Nunca menos. Ese afán de cubrir más allá de nuestras necesidades básicas nos coloca a todos en posición de carrera desde que nos levantamos hasta que nos acostamos.

No sabemos si en definitiva es que nos falta tiempo o es que andamos demasiado rápido.

Si es que necesitamos hacer demasiadas cosas a la vez o si es que deseamos abarcar demasiado en poco tiempo.

No vamos a negar que la rapidez en muchas cosas nos facilitaría la vida, pero esa rapidez no la podemos llevar a todos los aspectos de nuestro diario vivir.

Y es que, precisamente para vivir necesitamos tiempo, pero no sólo calidad de tiempo también cantidad. Tenemos que recuperar la cantidad y no escudarnos en la calidad para justificar las cada vez más pocas horas que nos dedicamos a nosotros mismos, a nuestros hijos y a nuestra pareja.

Cuando pretendemos que todo hay que obtenerlo rápido, ahora mismo, y a velocidad digital y que los deseos debemos saciarlos al instante, entonces no estamos viviendo en el verdadero sentido de la palabra. Estamos sobreviviendo, luchando, librando una constante batalla, día a día.

La rapidez de los juegos electrónicos, no nos deja mentir. Nuestros hijos se están acostumbrando a que las cosas hay que obtenerla ¡¡ya!!. Y así todo lo demás.

Porque esos son los patrones que están siguiendo: Cuanto mas rápido se pasa de un "mundo" a otro "mundo" en estos video juegos mayor es el gozo. La velocidad de las imágenes tanto de los juegos como de la televisión no nos permite disfrutar o asimilar una imagen cuando ya se están bombardeando los sentidos con otra.

Esta prisa en todo, impide que disfrutemos de la vida a plenitud. Y es que las cosas buenas, las grandes conquistas, a través de la historia, han requerido de mucho tiempo, de mucho sacrificio, de mucho esfuerzo.

Y como dice la psicóloga Martha Rodríguez de Báez, directora del Centro de Investigación y Ciencias de la Familia, las familias inteligentes son aquellas que saben manejar su tiempo.

El manejo efectivo del tiempo implica la elaboración de una agenda real en la que cada quien tenga un espacio, pero no sólo el tiempo hay que manejar de manera racional también las emociones y los estados de ánimos.

Los cuatros cuadrantes

    El afecto
    La comunicación
    Los valores
    El manejo del tiempo


El afecto. En este aspecto se trabaja el concepto del amor que debe estar en toda familia cómo manejar la afectividad, cómo hacer sentir que se pertenece a una familia, cómo nos valoramos.

La comunicación. En este aspecto se maneja la expresión a nivel verbal y no verbal. Los pensamientos, los sentimientos, las necesidades.

Los principios. Una familia tiene que tener claro sus principios. Su libertad, el respeto, la solidaridad, la justicia y la equidad.

El manejo del tiempo. El último y el más importante de los cuatro cuadrantes. Toda familia inteligente en este tiempo lleva una agenda que incluya lo cotidiano de cada miembro que la integra, esto encierra los deberes (colegio, trabajo, los hábitos, las distintas actividades de cada miembro). Antes que la familiar, está la agenda individual donde reposa lo que cada miembro realiza. Desde el bebé hasta los de mayor de edad. El tiempo de ejercitarse, de dormir, de alimentarse…

"El principio del orden, de secuencia, es sumamente importante porque la vida es una secuencia de hechos que no se improvisa, sí podemos improvisar el afecto lo que queremos decir pero no las secuencias de hechos. Una familia que vive en orden es una familia que tiene clara su dirección, su visión , su misión Hacia dónde va y qué quiere , lo que permitirá manejar los imprevistos como una muerte, un despido, un divorcio…", explica la experta en el manejo de la conducta familiar.

En este sentido, la familia aprende a recuperar el orden luego de afrontar esas cosas que interrumpen la continuidad, "que descontinúan".

Si se lleva una agenda familiar se podrá tener tiempo de diversión cuya cuota puede variar pero deberá ser significativa, dice.

Ejemplifica: alquilar una película y reunirse a verla juntos, aunque esto implique que cada quien deba acostarse una o dos horas más tarde.

"Hay que recuperar el concepto de cantidad, y aunarlo al concepto de calidad, no quedarnos en este último", apunta.

Cuando la presión económica nos empuja

Martha habla sobre la alteridad del tiempo, "seleccionar días puntuales en la semana y obligarse cada quien a interrumpir sus obligaciones laborales con tal de dedicar más tiempo a su familia, aún sea necesario hablar con sus superiores, en el caso de los subalternos o a imponérselo en el caso de los ejecutivos, dueños de sus negocios".

"Volver a poner en la agenda familiar a cada hora un nombre", subraya.

La convivencia familiar se está dificultando por eso los padres han de reprogramarse para dedicar más tiempo a sus hijos, aunque sea de manera alterna.

CAPITAL HUMANO

Todo lo que es desarrollo está vinculado con el manejo del tiempo. No se puede vivir con un tiempo suicida donde se nos demanda mucho y no se piensa en el tiempo emocional y familiar.

La productividad de las empresas tiende a bajar si no se trabaja su capital humano, si su personal no logra manejar el tiempo y los afectos de su familia, considera Martha Rodríguez de Báez, directora del Centro de Investigación y Ciencias de la Familia.

Si un empleado sale tarde un día, al siguiente debe permitírsele salir antes lo que facilitaría una reingienería mental, lo que se traducirá en el manejo inteligente de la familia y repercutirá en la producción, elevando su calidad, su nivel, subraya.

EL TIEMPO TRANSVERSAL Y EL LONGITUDINAL

Martha Rodríguez hace la diferencia entre el tiempo transversal y el longitudinal. "En el primero manejamos lo cotidiano de manera permanente, de lunes a lunes". El longitudinal –continúa- es el tiempo cronológico, el de las edades, cada familia maneja un tiempo de acuerdo a la edad de sus hijos. Yeso invita a hacer a la familia un nuevo contrato longitudinal de tiempo en tiempo. Ahora se habla de una forma más estructural pero con una visión finita: "Yo puedo estar en esta familia hasta los 28 años de edad". Es el manejo del tiempo para renovar los vínculos.

Propone tomar en cuenta los tiempos:" ¿Qué edad tienen mis hijos y qué manejo debo tener conforme su edad?

Por ejemplo, la adolescencia es la etapa de las negociaciones.

El matrimonio: el manejo del tiempo de la pareja cuando ya los hijos están grandes no es igual a como lo manejábamos cuando eran pequeños. "Construimos la familia con un tiempo de caducidad".

En la medida en que todos trabajemos ese tiempo estamos siendo más sanos porque somos más claros y definidos en nuestros propósitos de vida.

"Lo que esperamos de los demás, lo que ellos pueden esperar de nosotros también, en el sentido de la propia existencia, pienso que es la deuda que se le está dejando ahora a esta generación, los jóvenes están cada vez más desorientados porque no le ven sentido a la existencia", indica. Una familia inteligente –reitera- que sabe manejar de manera efectiva su tiempo ha ido construyendo este sentido, ha ido construyendo una identidad porque la vida tiene un propósito.

¿MIEDO A LA FALTA DE TIEMPO O A LA FALTA DE DINERO?

El temor a llegar tarde a una cita o cumplir con un compromiso equis, nos crea presión, situación que se nos presenta casi a diario. Pero a diario no podemos seguir viviendo así, sin correr el riesgo de enfermarnos.

Nos preguntamos entonces: ¿Hasta cuándo podemos vivir así?

Pero, por otro lado, nos vemos en la obligación de tener que cumplir con necesidades básicas y compromisos adquiridos.

Nos da miedo no poder cumplir con ellos. Vivimos angustiados y estresados.

Para tratar de paliar un poco este panorama empecemos por enumerar nuestras prioridades, en todos los sentidos, en lo afectivo y en lo material.

Replantearnos nuestros valores y principios.

Disfrutar lo que verdaderamente tenemos y no lamentarnos por lo que no tenemos.