Restaurante Mitre, Decoración fluida y con movimiento

En nuestra ciudad capital parece que todas las semanas se revela un nuevo restaurante, no todos sorprenden. Puede que llame la atención la decoración, la comida, pero no la compenetración de ambos

Asentado casi en pleno corazón de la Avenida Abraham Lincoln, el restaurante Mitre hace máximo provecho de su posición geográfica: punto céntrico para el público ejecutivo, dominio visual a manera de arco de dos de las principales vías de la ciudad y el uso convincente de un área exterior que reafirma nuestro domicilio en el trópico.

Paleta de colores

El producto de este espacio contemporáneo, limpio y ordenado ofrece un marco finamente educado para las obras gastronómicas de su cocina que resaltan como elaboradas composiciones de formas, colores y sabores, que a primera mención extrañan, pero resultan ser sorprendentemente complementarias.

Lo único que aquí se sirve de manera moderada es una sofisticada paleta de colores.

El primer piso, el área principal del restaurante, es también el espacio interior más vigoroso, alternando distintas tonalidades de blanco y crema en las paredes y la mantelería contra los tonos de madera acaramelada en el piso y el tinte más oscuro del mobiliario.

Aunque el espacio es pequeño, cualquier referencia a ello se ve plenamente compensada con la sensación de apertura que el arquitecto Alex Vega logró con tan contado metraje, enfatizándolo a través de prominentes paños de vidrio que acoplan piso y techo, una distribución funcional pero holgada del mobiliario y sus principales espacios, el balance agradable de curvas y ángulos y un revestimiento de pisos que se extiende sin interrupciones.

En esta área se encuentra un bar circular muy proporcionado al espacio y, aunque desprovisto de sillas, cuando el restaurante está muy concurrido, las personas a veces esperan mesa conversando o tomando algo de beber.

Arriba

En el segundo piso, el área de bar, el espacio es más acogedor, pudiera decirse que hasta cobija con sus columnas y paredes enteladas y las mesas desprovistas

de mantelería, permitiendo plena apreciación de la calidez de la madera y el contraste de formas de la silueta curvilínea de la sillería alrededor de los cantos de las mesas. Aquí el mobiliario es más alto, (a excepción de una pequeña sala cuyo punto focal es un amplio sillón de piel color bermellón), sugiriendo la impresión, desde este nivel, que se está flotando sobre la ciudad.

A un extremo del restaurante está la cava que ocupa su puesto dignamente con una capacidad para más de mil quinientas botellas.

El restaurante es un ejercicio latente de cómo se pueden romper los muros y dejarlos libres de las costuras que interrumpen la continuación de un espacio a otro. Si hay algo que resalta en su diseño, algo que tantas veces es menospreciado o totalmente olvidado al concebir un espacio, es un fluido sentido de continuidad.

Mitre, ¿por qué?

Mitre debe su nombre a uno de los miembros fundadores de la familia propietaria del restaurante, era el título con el que los empleados se dirigían a Don Annibale Bonarelli en el Vesuvio, al escuchar a los norteamericanos decirle "mister", ellos también lo comenzaron a llamar así, pero a su manera.

La terraza

Desde el primer piso se tiene una bonita vista de la extensa terraza, cuyos principales atractivos son dos murales rectangulares de diminutas piezas de vidrio multicolor de diseño abstracto, cuya asimétrica ordenanza da movimiento y textura al gran espacio abierto.