Sixto Minier, estampa viva del adulto mayor dominicano

200 mil adultosmayores vivensólo en lacapital del país

A las 7:00 de la mañana comienzo a trabajar, dice Sixto.


Santo Domingo. Sixto Minier es un hombre más viejo de lo que recuerda. Un buen día hubo que sacarle un pasaporte y decidieron ponerle 85 años, pero es evidente que los que lleva en la sobrevida son muchos más de los que aparecen en sus papeles.


Negro, delgado, tocado con una boina, la piel curtida por todo el sol de una vida dedicada a cuanto trabajo honesto pueda haber en su terruño, Minier es la estampa viva del adulto mayor dominicano.


Desde los 12 años de edad comenzó a bregar con la música que hacen los Congos de Villa Mella, de la Cofradía del Espíritu Santo, junto a su abuela, una mujer que murió a los 102 años de edad sin otro estímulo que el saberse continuadora de una tradición que quedó en manos de su hija y, luego, de su querido nieto. El mismo que, con su talento natural, ha logrado mantener unido y funcionando este colectivo que en el año 2001 fuera nombrado por la UNESCO "Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad".

Enfermo de una anemia crónica y medio sordo, Sixto Minier, el Capitán de la Cofradía pasa sus días en Mata los Indios, construyendo instrumentos musicales rústicos, como la canoita u "ogororo", a ver si pasa alguien interesado por aquellos santos lares y le compra alguno. Los precios son tan baratos que uno se sorprende cómo logra alimentarse. "Al menos da para el cafecito y el azúcar", afirma.

La gracia de un hombre con una misión

Hay quienes pasan por esta vida sin dejar huella ni saber siquiera para qué vinieron, parece decir Sixto con sus ojos medio nublados por el tiempo. Él tuvo la dicha de saber bien temprano que se debía a una causa. Mantener a toda costa una tradición de ritos, música y cantos llegados desde las regiones de Congo, Angola o Dahomey, en la remota África. "Mi tarea es no dejar que decaiga esta tradición nunca", dice Sixto.

La función principal de la Cofradía, cuyo Rey es Pío Brazobán, de 105 años, es celebrar las fiestas del Espíritu Santo y de la Virgen del Rosario y realizar las ceremonias funerarias de los difuntos ligados a la tradición de los Congos, a los cuales les dedican 21 "toques" con sus instrumentos característicos (Congo, Conguito, Maracas y Canoita), además de eventos comunitarios, dentro y fuera de su entorno natural. Las normas y valores se transmiten de generación en generación, y aunque existe un complejo sistema familiar y de parentesco para su preservación, ésta corre el riesgo de desaparecer. Aunque los hijos y los nietos son los que tocan ahora, pocos son los que quieren quedarse a vivir en Mata los Indios, donde la pobreza impera desde antes de que existiera el nombre.

En casa de Sixto se mantiene "el mismo palo; ese congo que le dieron a su abuela siendo ella señorita, está como el primer día", expresa con orgullo.

Aunque Sixto Minier toca de vez en cuando, confiesa que se siente "blandito, no tengo una montura en que montar, a veces pasamos trabajo y ya estoy viejo ya; no puedo hacer tantas cosas".

Un hombre de trabajo

Por allá por 1930, Sixto Minier era un joven músico que tenía novias en muchos lugares; pero conoció a Juliana y con ella decidió crear familia y casarse. Juliana continúa a su lado, a pesar de que fue "un hombre inquieto todo el tiempo; aunque ya me arreglé..." reconoce.

"Yo he sido un hombre de trabajo toda mi vida. Trabajé en obras públicas, en una fábrica, en el conuco y ahora sigo en la casa haciendo los instrumentos. Por otra parte he sido un esclavo de mis obligaciones con la Cofradía desde mi niñez", manifiesta. Sin embargo sus nietos, aunque desean continuar la tradición familiar, no quieren vivir en tan pésimas condiciones. Mejorar la calidad de vida por parte del Estado en esta comunidad, puede ser la garantía de la continuidad de una obra que ha ganado reconocimiento mundial para este país.

Sobre tales estímulos, Sixto piensa que como trabajó tanto tiempo "sin dinero y cumpliendo bien con mis obligaciones y pasando hambre incluso, si ahora me reconocen es con razón, porque me he fajado muy duro".

Sixto, a cambio, no ha recibido ni un centavo del Estado al cual ha dado brillo internacionalmente con su prestigiosa labor. Hace pocos meses fue centro de una campaña que solicitaba al gobierno una pensión para él.

"Necesito medicinas o una pata de vaca para tomarme un caldo, que ya estoy muy viejo y para ello necesito una pensión", dice.

Hoy, Día Internacional del Adulto Mayor, cuando el Poder Ejecutivo recibirá el reglamento que puede dar vigencia a una Ley aprobada hace seis años, Sixto Minier sigue esperando su pensión, "a ver si puedo durar dos o tres días más con mi Cofradía", concluye.

Los viejos no tenemos tiempo para esperar; que lo que vaya a hacer el gobierno por nosotros los viejos, que se apure"