Sting, Un inglés en Chavón

A sus 54 años se ve mejor que nunca. Más bien, se puede decir que ha mejorado con el tiempo. Gordon Matthew Sumner –Sting para el mundo–, compositor, bajista y cantante, considerado símbolo indiscutible de los años 80, sex-symbol deseado por muchas, activista social, defensor del Amazonas, devoto del yoga y de la vida sana, mantiene su espíritu joven y sabe cómo ser sexy a los 50.

Al margen de este comentario –reforzado por su pública adicción al sexo tántrico–, este auténtico caballero inglés –nombrado Comandante de la Orden del Imperio Británico– es uno de los artistas más premiados, tanto por su música como por su compromiso con las causas sociales y ecológicas. Once Grammys y más de 70 millones de álbumes vendidos lo confirman. Él, que comenzó siguiendo el estilo "punk" de moda en sus comienzos, triunfó al lado de The Police y encontró la gloria en solitario, convierte en oro todo lo que toca. Y sabe invertir su dinero. Siete casas alrededor del mundo, aunque la situada en Wiltshire sea su favorita. Catorce habitaciones, un estudio de grabación y una granja con ovejas, cerdos y cabras, además de un lago de truchas que provee el pescado en la mesa de la estrella del rock, y un formidable staff que incluye dos jardineros, un granjero, un chef, un mayordomo (que lleva trajes de Ralph Lauren durante el día y sacos blancos en las fiestas), un gurú espiritual y de yoga, una niñera y varios empleados de servicio parecen no ser suficientes para hacer gala de su gran conciencia social. Eso sí, muy bien pagados.

Con una fortuna estimada entre los 85 y los 200 millones de libras esterlinas, Sting, sin embargo, insiste en que todavía tiene mucho del ciudadano común en su forma de vida. Compra a diario su periódico en el pueblo, visita el pub siempre que puede y le gusta caminar con sus perros todos los días. Así se mantiene en forma para el gozo de tod@s.

Introvertido y vulnerable, Sting se vale de la música como refugio emocional. Ahora, con este tour "roto", titulado como su autobiografía, llega con su bajo y una banda de cuatro amigos: Dominic Miller y Lyle Workman en la guitarra y Josh Freese en la batería, para un nuevo formato de concierto –eminentemente roquero– que hará las delicias de sus fieles seguidores.