Turismo seguro en las Bahamas
Santo Domingo . La primera vez que visité las islas Bahamas fui acompañado por los miembros de mi orquesta. Salimos hacia allí, cormo parte del elenco artístico de uno de esos fabulosos cruceros que acostumbran partir desde Miami.
Nuestra agupación musical tenía el encargo, además de amenizar los bailables nocturnos, de servir de marco musical a esa extraordinaria estrella de la música popular antillana que respondía al nombre de Celia Cruz, para lo cual yo entregaba la batuta a su cabecita de algodón, el maestro Pedro Knight.
Durante las noches, el barco descontaba nudo a nudo la distancia existente entre aquellas islitas, en las que bajábamos a visitar y conocer durante las horas del día. Era maravilloso salir de compras por aquellos lugares, en donde, como incentivo al turismo, se exonera de impuestos a los visitantes, la compra de perfumes, cigarros, cigarrillos, prendas, sourvenirs y bebidas alcohólicas.
Paseando por Nassau, la mayor de este grupo de islas, luego de haber recorrido las demás, como ciudadano acostumbrado a ver guardias y policías portando armas largas por doquier en nuestro país, al notar la ausencia de estos en aquel territorio turísctico, pregunté al guía: "¿Tienen ustedes policías aquí?", a lo que él contestó afirmativamente. Entonces pregunté: "¿Y en dónde están?". Él respondió: "Ellos están donde tener que estar, estar, en el prescinto".
Por un asunto cultural, comenté: "Si robaran o asaltaran a un turista llegarían tarde". Él me interrumpió diciendo: "Aquí no robar, si robar, morir". A lo que yo repliqué: "Pero, si alguien pelea, no podrían llegar a tiempo".
Sonriendo, el guía me contestó: "Aquí no pelear, si pelear poder matar y si matar, morir". Hizo una pequeña pausa y agregó: "Nosotros cuidar turistas como familia, cada un turista que visitarnos, ser hermano que traer alimentos y nosotros no morder mano que darnos de comer".
Recordando el grado de conciencia turística de aquella gente y viendo el auge de la delincuencia que nos acosa, pregunto si no deberíamos reflexionar en torno a la importancia que tiene para nosotros, como destino turístico, recobrar el clima de tranquilidad que nos caracterizaba, por ser nuestra mejor y mayor fuente de producción de riquezas, la explotación de los recursos turísticos que orlan nuestro país y que sin duda, constituyen el mejor regalo con que Dios nos ha premiado.
Paseando por Nassau, la mayor de este grupo de islas, luego de haber recorrido las demás, como ciudadano acostumbrado a ver guardias y policías portando armas largas por doquier en nuestro país, al notar la ausencia de estos en aquel territorio turísctico, pregunté al guía: "¿Tienen ustedes policías aquí?", a lo que él contestó afirmativamente. Entonces pregunté: "¿Y en dónde están?". Él respondió: "Ellos están donde tener que estar, estar, en el prescinto".
Por un asunto cultural, comenté: "Si robaran o asaltaran a un turista llegarían tarde". Él me interrumpió diciendo: "Aquí no robar, si robar, morir". A lo que yo repliqué: "Pero, si alguien pelea, no podrían llegar a tiempo".
Sonriendo, el guía me contestó: "Aquí no pelear, si pelear poder matar y si matar, morir". Hizo una pequeña pausa y agregó: "Nosotros cuidar turistas como familia, cada un turista que visitarnos, ser hermano que traer alimentos y nosotros no morder mano que darnos de comer".
Recordando el grado de conciencia turística de aquella gente y viendo el auge de la delincuencia que nos acosa, pregunto si no deberíamos reflexionar en torno a la importancia que tiene para nosotros, como destino turístico, recobrar el clima de tranquilidad que nos caracterizaba, por ser nuestra mejor y mayor fuente de producción de riquezas, la explotación de los recursos turísticos que orlan nuestro país y que sin duda, constituyen el mejor regalo con que Dios nos ha premiado.