Un código en falsa clave

Falta vitalidad y sobre todo credibilidad en la película

Una escena de la controversial película El Código Da Vinci, protagonizada por Tom Hanks
Santo Domingo. Nunca una novela policíaca derramó tanta tinta, incluyendo ésta, la que el lector tiene al frente. Porque de eso se trata, ¨El código Da Vinci¨, libro de ficción del autor Dan Browne, no es otra cosa que una novela de trama policial en la que ocurren asesinatos y persecuciones.

La diferencia con otras novelas del género está en los elementos que el escritor utilizó para darle soporte : simbología e historia del arte. La base de investigación realizada permitió al narrador articular, con muchas piezas dispersas, una interesante hipótesis del tipo conspiración religiosa.

Lo mejor de esta producción literaria ha sido la campaña de mercadeo, que obviamente consideró desde un comienzo con la reacción de quienes podían sentirse ofendidos, lo cual llevó al libro a convertirse en un éxito de ventas; sin ello habría sido una novela más de los cientos de best seller que salen al mercado cada año. No se necesita ser un especialista para darse cuenta que la novela poco o nada aporta a la Literatura.

El código al cine

Como pasa con la mayoría de las novelas exitosas en librerías, al poco tiempo ya tenemos la versión cinematográfica en pantalla. El encargo llegó a manos del director Ron Howard, quien tenía a su haber el buen trabajo reciente con Russell Crowe en ¨The cinderella man¨. También el elenco escogido prometía algo de interés: Tom Hanks, Audrey Tautou, Ian McKellen y Jean Reno. De modo que la expectativa , precedida de una nueva campaña de mercadeo que volvió a tocar fibras sensibles a algunos grupos religiosos, generó el clima propicio para esperar el estreno en salas.

Como película, ¨El código Da Vinci¨ simplemente defrauda. Quienes ha leído la novela tienen la sensación de estar asistiendo a una especie de traducción simultánea, a un tránsito de lenguaje bastante fiel al original, pero carente de emociones, cuestión vital en el arte cinematográfico. Los que han preferido ver la película a leer, quedan sometidos a una avalancha de información comprimida, que le resta toda consistencia a la hipótesis planteada por la novela. Da la idea que fue más importante para los productores hacer un resumen de la historia para el cine que adentrarse en una verdadera adaptación fílmica. Nada raro al constatar que el autor del libro es uno de los productores del filme.

Fatal está la pareja protagonista, ni que decir de los patéticos antagonistas. Hanks y Tautou no logran empatía alguna con el espectador; la distancia entre ellos y el público desarma todos los mecanismos de proyección e identificación necesarios para un buen filme. En la construcción de los personajes para el cine no se tomó en cuenta un elemento característico de la novela, la situación límite que vive Robert Langdon, el profesor universitario que interpreta Hanks. Esto le resta vitalidad y credibilidad a la trama, quedando el personaje sometido a una serie de eventos que no hacen mella en su personalidad, en otras palabras, no hay progresión dramática en el conflicto central del personaje.

En el mar de afirmaciones de apariencia histórica que posee el relato, por boca de uno de sus personajes, el autor del libro dice quizá la mayor de la verdades: la gente ve delante de sus ojos lo que quiere ver. Aplicando esa misma filosofía, es claro que ninguna novela y menos una mala versión de la misma sacudirá cimientos de nada y menos cambiará creencia alguna. Recomendable para quienes gustan encontrarle la quinta pata al gato.

The Da Vinci Code

Estados Unidos, 2006

Dirección: Ron Howard

Guión: Akiva Goldsman, basado en la novela de Dan Brown

Música: Hans Zimmer

Fotografía: Salvatore Totino

Intérpretes:

Tom Hanks

Audrey Tautou

Ian McKellen

Jean Reno

Paul Bettany

Alfred Molina