Una ciudad en crecimiento y sin expansiones planificadas
Solo el crecimiento vegetativo de la población del Gran Santo Domingo demandará este año la construcción de más de veinte mil nuevas viviendas que requerirán de 2.6 millones de metros cuadrados de
Esta área es equivalente a dos veces y media del tamaño de la aparentemente malograda isla artificial. Pero como no se ha planificado la producción de este suelo urbano altamente necesario, una ínfima porción será suplida por las firmas promotoras privadas, las cuales deberán haber sorteado todo tipo de trabas y negligencias burocráticas. La mayor parte será tomada silenciosa y subrepticiamente de las cañadas y "áreas protegidas" -diríase con propiedad, mal protegidas- de la periferia de la Ciudad Primada. Un enjambre de hombres y mujeres levantarán casuchas de materiales deleznables que luego serán sustituidos por bloques y techos de metal. De este modo se ha creado una extensa, horizontal y mal servida ciudad. Cuando dentro de unos meses, los candidatos rosados y lilas pasen por esas barriadas, irán ofreciendo calles, contenes, electrificación gratuita, canchas polideportivas y toda suerte de equipamientos urbanos sin previa planificación. Muchas de esas promesas serán incumplidas, otras pasarán a incrementar las demandas de servicio de una ciudad alocada, ruidosa y desorganizada: un fiel reflejo de la cultura urbana de la mayoría de sus moradores.
Como no será posible de ningún modo producir esa cantidad de nuevas viviendas destinadas alojar las nuevas familias en formación, muchas deberán permanecer hacinadas o divididas, incrementando la promiscuidad de unos barrios densificados por la fuerza de la necesidad, accesible por estrechos callejones donde las relucientes "Harleys" no pueden -ni sus conductores se atreven a- entrar. Santo Domingo seguirá siendo una ciudad de altos contrastes donde las mansiones y vehículos de lujo conviven con las casuchas de unos pobladores que paradójicamente visten a la moda, portan celulares y dedican una proporción apreciable de su tiempo y dinero a la "recreación" consistente mayormente en acudir a bancas de apuestas y colmadones.
Toda ciudad conforma un complejo tejido de modificaciones ambientales, transformaciones materiales y una red aun más compleja de relaciones personales y sociales. Los estudiosos de las ciudades las denominan subsistemas urbanos. Una lectura visual de nuestras ciudades permite apreciar que una bien planificada red de bancas de apuestas, bien ubicadas en las esquinas mas visibles, dotadas de comunicación informática en línea, ofrecen al iluso la oportunidad de jugarse lo poco que tiene a cualquier hora, los siete días de la semana. He aquí un ejemplo se un subsistema urbano de servicios altamente eficiente, diabólicamente efectivo. Tomemos otro caso: Otra bien estructurada red de colmaditos y colmadones permite al ciudadano ingerir cerveza fría a cualquier hora, día y noche. Están aprovisionados de botellas cenizas, refrigeradores, plantas eléctricas, inversores, sillas plásticas. Una infraestructura de soporte con publicidad, camiones y furgonetas, centros de distribución e industrias proveedoras hace funcionar este subsistema a la perfección, logrando un incremento de sus ventas y utilidades envidiable.
Lamentablemente otros subsistemas urbanos no están tan bien organizados. Tomemos el caso de la movilidad urbana y el transporte público de pasajeros, o el transporte de cargas. Un metro cuya construcción avanza vertiginosamente por encima de las cabezas de todos los ciudadanos y por debajo de los cimientos de sus casas. Precedido de un escandaloso reparto de vehículos nuevos que han venido a complicarlo todo. Tenemos ciudad con carencias de suelo urbano y transporte caótico. Pero eso si, bien dotada de bancas y colmadones para que bebamos, brindemos y apostemos por un futuro mejor.
Lamentablemente otros subsistemas urbanos no están tan bien organizados. Tomemos el caso de la movilidad urbana y el transporte público de pasajeros, o el transporte de cargas. Un metro cuya construcción avanza vertiginosamente por encima de las cabezas de todos los ciudadanos y por debajo de los cimientos de sus casas. Precedido de un escandaloso reparto de vehículos nuevos que han venido a complicarlo todo. Tenemos ciudad con carencias de suelo urbano y transporte caótico. Pero eso si, bien dotada de bancas y colmadones para que bebamos, brindemos y apostemos por un futuro mejor.
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