Una historia literaria desde San Isidro

Victoria Ocampo fundó allí una aventura literaria para las letras en castellano

El gazebo del jardín interior, donde Tagore leía y rezaba. Alfonso Quiñones
Buenos Aires, Argentina. Victoria Ocampo era una mujer compuesta por unos anteojos de pasta sobre la nariz respondona y una pila de huesos aristocráticos que se acomodaban allá abajo como podían.

Su residencia de verano, donde fundó Sur -la revista literaria que se convirtió en un hito de promoción literaria de Iberoamérica- es hoy un proyecto de la Unesco que se ha concebido no como un museo, sino como un centro de promoción cultural. Por eso tiene una programación que incluye, además de los objetos, fotos y libros que le pertenecieron, música de cámara o jazz, artes plásticas o teatro, entre otras manifestaciones del arte.

El proyecto se inscribe dentro del concepto de patrimonio sostenible, que a su vez es parte de las industrias culturales y se empata con el turismo cultural.

Bajo el eucalipto del cual sólo queda el tronco seco y enorme, a la vera del camino interior, detrás de la residencia, se retrató Roger Callois junto a la mujer con la que sostuvo, según las malas (o buenas) lenguas, un romance ardoroso. Para esa época ya la Ocampo estaba divorciada de su esposo.

Rabindranath Tagore, el poeta indio que se encontraba medio enfermo hospedado en un hotel de Buenos Aires, recibió la visita de la joven Victoria, quien le propuso pasarse una temporada en su residencia de verano.

Pero el aspecto del poeta era tan raro con aquella luenga barba blanca, esos cabellos largos, esos vestidos de la India, que a la familia de la intelectual le pareció demasiado estrafalario para compartir el mismo techo, así que Victoria se vio obligada a alquilarle una casa un poco más abajo, aunque el poeta se pasaba el día en la residencia de Sur. La glorieta, en una esquina del jardín interior, detrás de la fuente, era el sitio preferido de Tagore, allí rezaba y leía.

Otros visitantes de la residencia más célebre de San Isidro fueron Igor Stravinsky con sus hijos, Rafael Alberti, Pablo Neruda, los líderes indios Jawaharlal Nehru e Indira Gandhi, entre muchas otras figuras.

La revista Sur, algunos de cuyos números se pueden obtener en el centro, nucleó a figuras como Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares o Ernesto Sábato. Y es muy grato constatar que en uno de los números que se pueden ver en las vitrinas se encuentran textos del dominicano Pedro Henríquez Ureña.

Los muebles donde usted se sienta, la mesa alrededor de la cual se reúne o el hogar donde arden los leños de la calefacción son los mismos de entonces.

La historia continúa y se siente viva. El patrimonio visto así, hace que la memoria sea más efectiva y el hecho cultural perdure más: esto es patrimonio sostenible.