“Migrar también es un duelo”: dominicana en NJ visibiliza las heridas emocionales que cargan quienes dejan su país
Los migrantes dominicanos a menudo enfrentan la culpa de no poder regresar a su país en momentos críticos, lo que agrava su dolor emocional
Cuando Geidy Saint Amand habla de duelo, no se refiere únicamente a la muerte. Para esta dominicana oriunda de San Cristóbal, directora funeraria y embalsamadora en Nueva Jersey, algunas de las pérdidas más profundas que experimentan los migrantes ocurren en silencio y sin que nadie las reconozca.
“Cuando tú inmigras, eso es un duelo”, afirma.
La especialista, considerada la única dominicana con licencia para ejercer como directora funeraria y embalsamadora en Nueva Jersey, asegura que miles de dominicanos que viven en el exterior enfrentan lo que la psicología denomina “duelos invisibles”: pérdidas emocionales que no tienen funeral, velorio ni espacios para ser lloradas, pero que transforman profundamente la vida de las personas.
“Cuando emigras, dejas tu familia, tu identidad, tu cultura. Muchas veces dejas una profesión, una posición social y tienes que empezar desde cero. Eso es un duelo que llevas por dentro y nadie te enseña cómo manejarlo”, explicó durante una entrevista.
De estudiante de periodismo a directora funeraria
La historia de Geidy también está marcada por la migración.
Llegó a Estados Unidos a los 28 años tras dejar inconclusa la carrera de comunicación social en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Nunca imaginó que terminaría trabajando en una profesión vinculada a la muerte, un tema que durante años le produjo temor.
“Yo era la niña que más miedo le tenía a la muerte. Nunca me imaginé trabajando en este campo”, recuerda.
Su acercamiento al mundo funerario ocurrió después de conocer a su esposo, cuya familia posee una tradición de más de dos décadas en la industria funeraria en Nueva Jersey y Florida. Lo que comenzó como un trabajo de oficina diseñando programas para servicios fúnebres terminó convirtiéndose en una vocación.
“Vi el servicio que se ofrece aquí, cómo se acompaña a las familias y me enamoré de la carrera”, cuenta.
Sin embargo, el camino no fue sencillo. Estudió completamente en inglés, en una profesión históricamente dominada por hombres y siendo inmigrante.
“El idioma fue un desafío. También el tecnicismo, el racismo y abrirme camino en una carrera donde predominaban los hombres. Pero lo logramos”, afirma.
El duelo de perder quién eras
Tras años acompañando familias en momentos de pérdida, Geidy comenzó a identificar patrones que iban más allá de la muerte física.
Fue entonces cuando entendió que muchos de los dolores más profundos de los migrantes tienen relación con la pérdida de identidad.
“Hay doctores, abogados y profesionales que emigran y cuando llegan tienen que comenzar de nuevo limpiando casas, manejando taxis o trabajando en áreas completamente distintas. Ahí tú también pierdes parte de quien eras”, señala.
- Según explica, el éxito económico no siempre elimina la tristeza o el vacío emocional que puede acompañar a quienes dejan su país.
“A veces la gente dice: ‘Tengo trabajo, estoy mejor económicamente, pero no sé qué me pasa’. Lo que pasa es que dejaste una vida atrás. Dejaste personas, costumbres y parte de tu identidad”, afirma.
La situación puede agravarse para quienes permanecen años sin poder regresar a República Dominicana debido a su estatus migratorio.
“Hay personas que duran años sin ver a sus padres, a sus hijos o a sus hermanos. Es un dolor constante porque emocionalmente sigues conectado a ellos, pero físicamente no puedes estar presente”, explica.
La culpa de no poder regresar
Uno de los sentimientos más frecuentes entre los migrantes es la culpa.
Geidy asegura que la experimentan especialmente quienes no pueden viajar cuando un familiar enferma o fallece en República Dominicana.
“Es terrible cuando alguien pierde a un ser querido y no puede despedirse. Muchas veces sienten que no estuvieron cuando más los necesitaban”, señala.
Desde su experiencia profesional, ha acompañado casos de familias que optan por trasladar los restos de un familiar fallecido a Estados Unidos para poder despedirse, ya que algunos de sus seres queridos no tienen la posibilidad legal de viajar.
“El funeral no es para quien murió. Es para quienes se quedan. Es parte del proceso que ayuda a comprender que esa persona ya no está físicamente”, explica.
Aprender a convivir con la pérdida
Para Geidy, superar un duelo no significa olvidar.
“La única manera de sobrellevar el duelo es entendiendo que esa persona cumplió su ciclo en esta tierra. El amor no desaparece; lo que cambia es la forma en que esa persona está presente en tu vida”, sostiene.
También insiste en la importancia de hablar de las emociones y abandonar la idea de que mostrar vulnerabilidad es una señal de debilidad.
“Nos enseñaron a ser fuertes todo el tiempo, pero cuando te permites sentir y expresar lo que llevas dentro descubres cosas de ti que no conocías”, afirma.
Después de años escuchando historias de pérdida, migración y reconstrucción personal, Geidy tiene una reflexión para quienes viven lejos de su tierra y cargan heridas que pocas personas ven.
“No tenemos límites. Los dominicanos somos personas resilientes. Donde llegamos nos adaptamos, creamos oportunidades y salimos adelante”, dice.
Y concluye con una frase que resume tanto su propia historia como la de miles de migrantes:
“La disciplina te lleva a lugares donde no te lleva el talento. Si te enfocas y sigues adelante, puedes reconstruirte incluso después de los momentos más difíciles”.
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